¡NO ES EL MODELO… ES LA POLÍTICA!

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«Las instituciones son las reglas del juego de una sociedad y determinan su desempeño económico.»

Douglass North, Premio Nobel de Economía

LA ECONOMÍA FUNCIONA; QUIENES SOLEMOS ECHARLA A PERDER SOMOS NOSOTROS: Imagine el amable lector que tres familias compran exactamente el mismo automóvil. El primero lo lleva puntualmente al taller, respeta el mantenimiento, utiliza combustible de buena calidad (no hace caso si le dicen que, si no alcanza para Premium, que compre Magna).

El segundo nunca cambia el aceite, usa gasolina Magna (se lo dijeron una mañana) conduce sin precaución, jamás revisa los frenos. El tercero vende las llantas, cambia el aceite por agua, falsifica las facturas del taller y cuando el automóvil deja de funcionar culpa a la marca.

Años después… uno sigue funcionando perfectamente, los otros dos son chatarra. El automóvil no falló, fueron los conductores. Y peor aún, los dos últimos deciden quitarle su auto al que lo cuidó.

Con los modelos económicos ocurre exactamente lo mismo. Durante más de cien años hemos discutido cuál modelo económico es superior y nos volvemos panegíricos del Capitalismo. Del Socialismo, del Neoliberalismo y del peor modelo de todos, el Populismo.

Hoy sabemos que ningún modelo económico funciona cuando quienes lo administran sustituyen el interés general por el interés político.

GLOBALIZACIÓN: La globalización aprovechó las ventajas competitivas de cada país integrado y permitió que países como Corea del Sur, Singapur, Irlanda y Vietnam o incluso México en el período del TLC original, multiplicaran su ingreso por habitante.

Aprovecharon inversión; tecnología; educación; exportaciones y un indispensable marco de instituciones. El BENELUX (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) es otro ejemplo de disciplina y conocimiento.

Otros países también abrieron sus economías, pero mantuvieron corrupción; inseguridad jurídica; monopolios; baja productividad y la norma de que la lealtad -chapulineramente convenenciera- superaba a la capacidad. El verbo fácil y muchas veces vulgar, superó (supera) a la estructura institucional.  La diferencia no fue el libre comercio, fueron las instituciones y su destrucción.

SOCIALISMO: Aquí ocurre algo parecido, durante décadas se dijo que el socialismo resolvería las desigualdades e incluso en algunos países logró avances importantes en salud; educación y cobertura social. Pero intereses mezquinos, sin ideología y corruptos, hicieron que el poder dejara de tener contrapesos, desapareció la competencia y la corrupción sustituyó a la eficiencia. ¿Por qué el oro de Venezuela está en Inglaterra y el pueblo no lo sabía?

Entonces llegaron escasez, inflación galopante, pobreza y autoritarismo. Venezuela le quitó 18 ceros al Bolivar. No fracasó únicamente el Estado, fracasó la captura política del Estado. Porque los detentadores del poder no tenían noción de competencia, productividad y mercados

POPULISMO: Con nombres pomposos pero desgastados como “humanismo”, “sentido social” o “primero los pobres”, el populismo tampoco escapa. Comienza prometiendo justicia y continúa repartiendo recursos que no produce, solo gasta y se endeuda. 

Cuando el gasto deja de apoyarse en la productividad, la deuda sustituye al crecimiento y cuando la popularidad vale más que la inversión, la economía deja de producir riqueza y comienza solamente a repartir la que todavía queda.

La mayor conveniencia de este modelo fallido es que no permee la cultura entre la gente y que se controle a través de dádivas sociales que se acaban tan pronto se llega a límite de la deuda pública, porque a la economía le faltan sus principales ingredientes, productividad y competitividad.

Los tres modelos, globalización, socialismo y populismo, pueden producir resultados completamente distintos dependiendo de quién los administre, porque entre la teoría y la realidad existe un factor decisivo, las instituciones. Cuba, Venezuela y Nicaragua son una clara radiografía y el electrocardiograma de como destruir una economía a cambio de una idea, que ni siquiera es propia.

Argentina es un claro ejemplo de que ni una ni otra propuesta funcionan cuando ambos puntos de la geometría política están permeados por la corrupción. Grecia ha padecido también la deformación de ambos modelos.

DE FONDO

Douglass North dedicó toda su vida a demostrar precisamente eso. La riqueza de las naciones no depende únicamente del mercado, ni solamente del Estado. Depende de las reglas del juego y de jugarlas limpiamente.

Corea del Sur, Japón, Suecia, Singapur, Alemania, Canadá, Nueva Zelanda, No son idénticos, sus Estados tienen tamaños distintos, cobran impuestos diferentes y aplican políticas industriales diversas; sin embargo, todos comparten instituciones fuertes, Estado de Derecho, seguridad jurídica y la cereza del pastel, baja corrupción y una amplia capacidad para reconocer y corregir errores.

DE FORMA

En México, a partir de la mal llamada etapa neoliberal, por cierto, muy defendida por sus ahora detractores en el poder, nos encanta disparar culpas sin reconocer errores, fueron los neoliberales, los empresarios, los conservadores, el imperialismo, los liberales, los extranjeros, los españoles (cuyos apellidos llevamos), etc., y soslayamos el verdadero problema, la corrupción, la captura del Estado, la impunidad, la improvisación y la ausencia de productividad.

Mientras el mundo habla de inteligencia artificial; de semiconductores; de economía circular o de friend Shoring, nosotros seguimos peleando por conocer quién tenía razón hace cuarenta años, o quien no la tenía, lo que equivale a discutir si era mejor el fax, mientras el resto del planeta desarrolla computadoras cuánticas.

El problema nunca fue elegir entre Estado o mercado. El verdadero desafío siempre fue impedir que quienes administran cualquiera de los dos terminaran poniéndolos al servicio de unos cuantos y no del bien común.

Ahora sabemos, amargamente, que hay un enemigo que derrota por igual a todos los sistemas económicos, la corrupción.

DEFORME

En Qatar 2022, el boleto más barato para la final FIFA costó 11 dólares. Para la final de este torneo FIFA 2026, el boleto más barato ronda los 3 mil dólares. Parece que la pandemia ha provocado, como consecuencia, una inflación galopante que pasa desapercibida para fórmulas y mediciones. Ver a Elton John en su despedida de México cuesta más de 2 mil dólares. El efecto lo podemos llevar al supermercado, ¿ya fue usted de compras esta semana?