Nos detiene el tren: solución ya

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La moneda de un peso quedó ovalada al ser aplastada por el paso de cientos de ruedas de acero de un ferrocarril cuyos vagones trasladaban mercancías y paseaban personas.

Esa moneda la puse cuando era niño. Apenas empecé a caminar me gustaron las vías del tren, en ellas colocaba una moneda de un peso –de los pesos que traían como ícono a Morelos con la frente envuelta en un paliacate-.

Lo sé, perdía un peso cada vez.

Verlo pasar también era y aun creo que es algo encantador, mirar esa larga cadena de vagones, depósitos y tanques de acero, escuchar su silbato y el crujir de la fricción de vías férreas y grandes ruedas de acero.

Siento que esa visión romántica del tren está extraviada en la ciudad de Toluca porque el flujo vehicular se ve interrumpido por las maniobras del tren que se detiene largo rato en cruces donde coinciden vías de ferrocarril con vías de circulación de automotores, ciclistas y peatones.

En Toluca, el encanto del ferrocarril parece diluirse al advertir que el tren se aproxima. Los conductores, operadores de transporte público, ciclistas y peatones entran en pánico y caen en estados de ansiedad, desesperación y estrés.

Al escuchar y ver que la máquina se acerca, los conductores reaccionan con un primer impulso de intentar ganarle el paso al tren, al no lograrlo, emerge el sentimiento de frustración.

Al intento fallido de cruzar primero, le sigue el enojo que va creciendo conforme avanzan los minutos frente a los vagones sin movilidad y la fila de autos, camiones y bicicletas se hace más larga.

Se pierden 20, 30, 40 minutos… Se pierden horas persona… Se pierden citas…

El tren es un excepcional medio de carga y en países desarrollados, lo es también de pasajeros.  Elisa Mendoza-Hatjchecorne (2013) comenta que la obra del arquitecto e ingeniero francés Jean-Marie Duthilleul “es relevante por su trabajo en torno a la rehabilitación de las estaciones de trenes en Europa y gracias a su visión sobre los espacios de la movilidad como verdaderos territorios de vida, y no como simples espacios de paso desprovistos de humanidad” http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-84212013000200011.

En Michoacán y otras partes de México, cuando los grupos radicales toman las vías del ferrocarril, los cálculos de las pérdidas se cifran en millones.

Lo cierto, tal vez, parece que todos perdemos con un tren obstruyendo la circulación o con personas impidiendo el paso del tren.

Por eso, llegó la hora de conciliar intereses y aplicar soluciones para que el tren no pierda pero el ciudadano tampoco. Una o varias soluciones para ganar/ganar.

Dejo aparte las comparaciones con el extranjero. Les pongo uno mexicano.

En Celaya el tren y los automotores circulan con fluidez, cada uno respetando los espacios del otro porque en esa ciudad tomaron en serio las obstrucciones viales y construyeron infraestructura.

La romántica frase acerca de Toluca por contar con dos estaciones –la de invierno y la del ferrocarril- hoy parece una cruda irreverencia, una parodia y un meme para burla y para chanza,  porque largos tramos férreos y cruces viales son literales estaciones de tren, paradas del ferrocarril, terminales ferroviarias, patios de maniobras de trenes que rompen la movilidad citadina y generan inconformidad, molestias y pérdidas a los habitantes de Toluca.

Cuando era niño, al jugar perdía un peso con el paso del tren, hoy al observar cómo se pierden muchos pesos, mucho tiempo y muchas cosas más de los habitantes de Toluca, veo como una oportunidad hacer algo al respecto, si el tren nos detiene: solución ya. Tú