Notas a Marisol de la Cadena III
Esta semana concluiremos con los comentarios sobre el texto ¿Son los mestizos híbridos?, de la insigne antropóloga peruana Marisol de la Cadena. La anterior, nos habíamos referido al trasfondo sociohistórico del asunto, y habíamos intentado mirar con lupa las situaciones y contextos que habían ocasionado que el mestizo y el mestizaje fueran las constantes de la fragmentación y la perpetua xenofobia dentro del país. En esta ocasión, nos enfocamos en las consecuencias actuales del problema.
Con todo lo desarrollado hasta publicada esta columna, se puede pensar ante la pesquisa del término mestizo, que pertenecer a este escalón de la taxonomía no debería de constituir ningún tipo de superioridad para ningún ciudadano peruano. Esto, porque al fin y al cabo el uso que se le da es delimitador. Pues hace ya dos siglos que el término mestizo es una advertencia de peligro para determinados grupos sociales que confían en la pureza virreinal, y que temen verla embarrada por cualquier circunstancia. Por esto, que, este significado de la etiqueta se resiste a desaparecer en su sentido más despectivo.
Por otra parte, no hay que olvidar que la taxonomía del término mestizo también supone una descalificación y un desdén por la cultura y la fe de los pueblos indígenas. No hay, pues, conversación de una familia acomplejada peruana común que no se vanaglorie de cuán alejadas están sus usos y costumbres de los de la comunidad indígena. Y tampoco, hasta donde se puede ver a simple vista, existen en el Perú comunidades católicas que sean plenamente interculturales. Algo de por sí paradójico con la máxima católica que reza la iglesia es la casa de los pobres.
Por todo esto, se hace claro que, si quiere perseguirse un mestizaje, este debería ser convenientemente matizado con respecto a lo que el término ha significado siempre. Porque el actual, es un mestizaje de superioridades raciales de por sí incapaz de reivindicar al indio y al mestizo en su condición de más o menos indígenas. Las oportunidades tienen que ser las mismas, y si quieren explotarse las virtudes de ambos en un sincretismo fecundo del que estar orgullosos, debería de empezarse por sacar al indio de su miseria con las virtudes y avances de occidente, respetando y valorando en todo momento su cultura y tradiciones.
En suma, es justo pensar que el mayor aporte de las ideas de Marisol de la Cadena es postular que el término mestizo cobrará todo su valor y belleza cuando se lo separe de cualquier taxonomía, de moralismos insulsos y de cualquier sesgo discriminatorio que impida, a dichas comunidades, aportar a que el Perú de Todas las sangres, sea una realidad.

