Nuestra pandemia
“Cuando la vida cambia para hacerse más dura, tú cambia para volverte más fuerte”
Múltiples escenarios representan los efectos y consecuencias de algo que no vemos con los ojos, pero que sí palpamos con el recelo de la duda y la zozobra del futuro; específicamente, hoy nos referimos a la contingencia sanitaria. Muchos han sido los efectos que pudiéramos maquillar como devastadores, derivado de una pandemia que empezó como una causa sanitaria y que está resultando en una pandemia con tintes de efecto social, que se viraliza silenciosamente dañando a la humanidad y que va más allá de nuestros sentidos; pues moral, mental, social y culturalmente nos ha revelado el verdadero sentido de nuestra existencia: la preservación de nuestra especie.
Y es que como se ha afirmado en diversos foros: jurídicos, culturales y gubernamentales, la pandemia ha venido a aflorar en nosotros una extraña personalidad que se marca por una realidad convulsa y que busca un sentido de respuesta a un yo enterrado, que emerge como fantasma de nuestra esencia, para demostrar al mundo que somos humanos con virtudes, cualidades y defectos, pareciera que hace falta encerrarnos tras el velo de una puerta para podernos quitar la máscara que hay en nuestro ser y demostrar lo que somos.
A veces de una forma sana, agradable, y en otras tantas ocasiones de forma desagradable y convulsa, nuestras emociones afloran en nuestro ser y develan parte de nuestras desventuras y fortalezas, como herramientas que no conocíamos o que no dejábamos fluir porque el miedo al rechazo, a la colectividad juiciosa o evidenciar lo que realmente somos nos limitaba. Sin embargo, esta es una época para el aprendizaje, para la deconstrucción y mejoramiento, para limpiar el baúl y dejar anidar lo mejor de nosotros. Ese innegable valor de nuestra existencia, debe hacer más asequible la vida de quien nos rodea y de nosotros mismos.
México no es la excepción a esta situación, entre las cifras alternas de contagios y la información diversa sobre un mismo tema, la sociedad ha enfrentado una de sus peores emergencias; la sanitaria, pero también la emergencia económica, social, humanitaria y psicológica, pues las cifras reales de las consecuencias de confinamiento en casa revelan que los focos de alarma se han encendido.
Y es que, en términos legales, mujeres, niñas, niños y hombres son iguales ante la ley, pero dígame apreciable lector sí ¿esto ocurre en la realidad, en los diversos sectores de la sociedad? Las respuestas podrían ser avasalladoras, es evidente que en la mayoría de los sectores sociales, la ley no se encuentra en un suelo parejo, se necesita algo más que la voluntad política para encumbrar el verdadero sentido de la humanidad.
Siguiendo los resultados estadísticos el 52.4% de la población mexiquense se integra por mujeres, quienes llevan el gran peso para sobrellevar esta contingencia sanitaría en casa, pues la gran mayoría de ellas están al pendiente de los hijos, realizan actividades domésticas, son las encargadas del cuidado y preservación del hogar y además en estos tiempos están al tanto de las actividades educativas de sus hijos, dejándoles una gran loza sobre los hombros; pues además de todas esas actividades descritas tienen que seguir arrastrando el peso de los estereotipos, de la idiosincrasia mexicana y sumando a lo anterior están al pendiente de no ser una cifra más es la alerta de genero estatal.
Si se habla de la atención a niñas, niños y adolescentes, de su cuidado, de la comunicación y del trato que reciben a causa de la pandemia se entendería que no estamos en un real y justo acceso igualitario a los derechos consagrados en la ley, puesto que nuestra inteligencia emocional no ha sido dirigida para poder sortear una vida sedentaria y en confinamiento, como la que hemos vivido en estos últimos seis meses; la labor es enorme, pues si los padres y cuidadores de los menores no pueden controlar y manejar sus emociones ¿qué pasará con los menores que tienen que convivir con sus padres en total aislamiento?
Se ha dicho que la familia es la base de la sociedad, pero desafortunadamente la familia es vulnerable en su convivencia y formación desde antes que se presentara este tipo de contingencias que nos ha dejado el virus COVID-19, y entonces nos enfrentamos a un problema social: la convivencia armónica se verá desfasada, pues en los hogares se vive el efecto “olla de presión” que tendrá su escape ante la sociedad y entonces se confirmaría que la convivencia ríspida es el motor de los problemas sociales mayúsculos y esa es una pandemia grave que también debe ser atendida.
Se debe trabajar más entre sociedad y gobierno sobre las políticas públicas emergentes, que tan necesarias son en nuestros días para que incidan de una forma real y oportuna en la igualdad de trato y oportunidades entre los hombres y las mujeres, en todos los ámbitos de la vida: social, económico, político, cultural y familiar; pues a través de ello el Estado estará imprimiendo a su administración un verdadero sentido humano.
Recurramos entonces a lo que el gobierno federal ha plasmado en su Plan Nacional de Desarrollo: “no dejar a nadie atrás y a nadie afuera”, este es un ideal que todos debemos esforzarnos en alcanzar como una realidad; y por ello cada uno de los ciudadanos, de los gobernantes y de los integrantes de la sociedad en su conjunto deben velar por hacer cumplir los derechos que nos corresponden, procurando una convivencia más armónica, pero siendo corresponsables de nuestras obligaciones.
Es indudable que uno de los grandes problemas que tiene nuestro país es la aplicación del Derecho, aún existen graves violaciones a los derechos de la sociedad; los derechos humanos se han presentando en el cartel de los ideales y su acceso parece exclusivo de unos cuantos, entonces es necesario pasar de la letra del discurso al discurso de los hechos.
Siendo empáticos con las necesidades de nuestros congéneres, generaremos un compromiso ético real y de responsabilidad solidaría; debemos liberar el peso de la contingencia sanitaria y no permitir que se convierta por sus efectos en una pandemia que arroje un futuro incierto a la sociedad, reeduquemos nuestro ser, forjemos una sociedad más equitativa y más responsable de nosotros mismos y de los que nos rodean; así lograremos armonizar nuestras intenciones y las necesidades sociales, hagamos juntos, una mejor patria.

