Objetivo de la prensa, hacer críticas al poder, dice Mario Vargas Llosa

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No es fácil hablar con el Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Me lo encontré al momento de registrarse en el Hilton, hotel sede de la Fil de Guadalajara y me permitió una pregunta, esta es:

La obra a que ha hecho en El País es comparable en cuanto a profundidad con un Mundo Nuevo, la revista que dirigió Emir Rodríguez Monegal. Además es Doctor en Letras, si pudiera hacer un análisis o una autocrítica de sus obras, ¿con qué libro usted se queda?

Creo que la importancia de El País fue política, fue cívica, fue periodística y también desde luego cultural. Creo que lo significó en España fue la aparición, de pronto, de un periodismo moderno. El periodismo en la época de la dictadura, aparte de quitarnos las ideas que defendía, un periodismo anticuado, un periodismo que se había quedado como desfasado respecto a lo que era la modernidad en esto.

Esa fue la gran novedad de El País, un periódico que es absolutamente moderno, no sólo en su lenguaje, incluso en su diagramación, representa la modernidad, el oficio, la técnica periodística y por otra parte es un periódico independiente, un periódico en el que aparecen ideas completamente prohibidas en España, controladas por la censura, era muy estricta.

Como todos los sistemas de censura, los géneros más minoritarios se abrían poquito, uno de los géneros en los que la censura era más estricta, la censura se mostraba más vigilante, era en el periodismo.

La prensa española es una prensa que no sólo es tremendamente controlada por el poder político, sino una prensa que se fue quedando como desfasada de la actualidad, de la información moderna.

Creo que es una de las grandes novedades y una de las razones del gran éxito que tiene este periódico.

En segundo lugar, es una prensa independiente, una prensa que hace críticas al poder, es una prensa además dentro de los propios columnistas hay puntos de vista diferentes, hay debates.

La prensa empieza a hacer algo que no había realizado en los 40 años de la dictadura franquista y esa es la gran novedad y la explicación del extraordinario éxito que tiene El País desde el primer momento.

Es una prensa que lee la gente de centro, la gente de derecha, la gente de izquierda, precisamente porque tenía la sensación de un país que no hablaba, estaba silenciado a través de sus sensores, como en el resto de la prensa, sino que hablaba realmente quienes escribían ahí y quienes opinan con gran independencia, con gran libertad.

Entonces El País contribuye desde luego de una manera decisiva, principalísima de lo que es la modernización del periodismo y lo que es la modernización política, cívica de España.

Por primera vez aparece un pensamiento de centro y un pensamiento de izquierda a manifestarse públicamente en un periódico, eso en España para varias generaciones de españoles era una absoluta novedad.

Además esto tiene un efecto contagioso, El País contagia a otros medios que tratan de modernizarse y desde luego se van modernizando, lo creo interesante, porque el periodismo en España es un periodismo hoy día, muy moderno, eficaz, un periodismo menos maleado, seguramente.

Aunque hay una prensa de escándalo, chismográfica muy grande, pero hay un periodismo que se mantiene, un poco vacunado contra esta idea de la información como un espectáculo, entretenido, cuando el entretenimiento priva sobre todo lo demás, incluso sobre la verdad.

Del libro, prefiero que los lectores lo elijan.

Al leer Cinco Esquinas, empiezo a preguntarme cuáles son los límites entre la pornografía y el erotismo. Y cómo el poder se inmiscuye en la vida privada.

Creo que la diferencia entre pornografía y erotismo es una diferencia fundamentalmente estética, creo que la pornografía es un erotismo mal escrito, no es el tema, la materia, sino la manera de tratar el tema.

La pornografía trata de una manera vulgar, chusca, que por eso nos parece obscena, situaciones o actitudes, conductas que el erotismo enriquece, sublima con la calidad, estética que les inmocula, gracias a un tratamiento delicado, elegante, artístico, creativo.

Creo que esa es la diferencia fundamental.

Respecto a la intromisión del poder en la vida privada, desde luego, tú sabes lo que ocurre no sólo en las dictaduras, de cualquier índole, algo que siempre ha ocurrido, sí incluso en las democracias.

Vivimos una época en la que en América Latina, por ejemplo, hay más democracias que nunca en el pasado y al mismo tiempo tenemos una prensa que disfruta de la libertad que le concede la democracia, la legalidad, muchas veces para inmiscuirse en la vida privada, porque es un tipo de curiosidad morbosa que llega a un gran público y que un gran público exige de la prensa, de los medios de comunicación.

Es un fenómeno que he tratado de una manera un poco sumable en un ensayo que se llama la Civilización del espectáculo, porque creo que es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, es una medida curiosa en el caso de la democracia, de la libertad, que se excede, entrometiéndose en la vida privada.

Algo que es un delito, pero que es un delito que la democracia, justamente en nombre de la libertad, no se atreve a penalizar ni a castigar sino en casos verdaderamente excepcionales.

¿Por qué utilizar al periodismo para las peores fechorías del poder?

En el caso de la dictadura de Alberto Fujimori en Perú, creo que es un fenómeno que ocurre, que se da en todas las dictaduras desde luego, pero no sé si en otras dictaduras se utilizó de una manera tan sistemática, como en el caso de la dictadura de Fujimori.

El brazo derecho de Fujimori, en el régimen, ese tipo de personajes que son casi irritables en todas las dictaduras que era Vladimiro Montesinos, él creó un sistema aprovechando justamente esa curiosidad, un poco morbosa por conocer la intimidad de las personas, de la que la prensa prácticamente en todos los países, del tercer mundo se ocupa, porque hay una demanda a ese respecto.

Entonces Montesinos utilizó de una manera sistemática la prensa chismográfica, la prensa intrusa, la prensa que escarba en la intimidad de las vidas privadas, buscando escándalos para crear un sistema.

El sistema que creó era hundir en la mugre de los escándalos, fundamentalmente sexuales, a los críticos del régimen, era una manera de intimidarlos para que evitarán más críticas o de penalizarlos si las criticas las hacían.

Esta prensa basura, no era una prensa digamos aparentemente actuada con política?

No. mostraba escándalos, muchas veces inventados, muchas veces puramente calumniosos y en otros casos basados en una cierta verdad, autenticidad que era exagerada, deformada, envilecida, muchísimo más.

Fue una política bastante eficaz, a mucha gente le aterraba la idea de ser bañada en la mugre, en el escándalo, entonces se abstenían de mantener las críticas, fue un sistema muy envilecedor para la prensa.

No digo que toda la prensa fuera eso, ni mucho menos, muchas veces pasquines, muchas veces creados por el propio régimen y de existencia corta, se exhibían en los puestos, en las calles para que lo leyeran los transeúntes y el mismo Montesinos se jactaba de ser muy buen cabecero, de tener los titulares en primera página, chillonas, con letras en bicolores.

Esto digamos fue posible, porque hay un fenómeno, que creo que es un fenómeno de nuestro tiempo y como dice afecta tanto a los países de primer mundo, más educados, más civilizados aparentemente y los países menos educados, menos civilizados que son los del tercer mundo, los afecta por igual.

Hay una curiosidad por el escándalo, por entrar en la intimidad, en la vida privada de las personas públicas y esto genera constantemente hechos escandalosos, las preocupaciones, los prestigios se desploman, se desmoronan.

Y a ratos leyendo cierta prensa uno tiene la impresión que es falsa, por supuesto que nadie es honesto, que nadie es honrado, que todo el mundo delinque de alguna manera. Es un fenómeno que ha marcado mucho la prensa de nuestro tiempo.

Desde luego no es el caso de todo el mundo, pero es un fenómeno que viví bastante cerca en Inglaterra. Inglaterra tenía la fama de tener la prensa más seria del mundo, pero hay una seriedad sistemática, he visto cómo Inglaterra de pronto fue abriendo la puerta, la prensa sensacionalista, la prensa amarilla, la prensa de escándalo y cómo esa prensa fue conquistando un público, a la que las heroicas series no llegaban.

De tal manera que hoy en día no creo que se pueda decir que hay un país en el mundo en el que la frontera entre la prensa seria y la prensa chismográfica y de escándalo sea limpia, creo que todos los periódicos, los más serios del mundo han tenido que abrir algunas páginas, algunas secciones a esa cierta chismografía, algunos lo hacen con más decoro, otros con menos decoro.

Hay en nuestra época un fenómeno que creo responde a esa orientación de la cultura al puro entretenimiento, a la pura diversión que ha generado en el periodismo una especie de enfermedad o plaga, que creo es muy dañino tanto para la prensa, como para la cultura.

Hábleme de Cinco Esquinas.

Quería escribir desde la época en que se vivió la experiencia, que es la materia prima de Cinco Esquinas, con una historia que mostraba esa utilización vil, canalla del periodismo por razones políticas.

Cómo una dictadura tiene los medios eficientes, además para contratar a periodistas que son capaces de cumplir ese tipo de funciones y la manera como eso, por una parte degrada mucho la vida política y por otra parte, el efecto que tienen en la propia prensa, en los medios de comunicación.

Cómo se va creando una demanda de un público que lleva muchos medios que son dignos, decorosos, de pronto abrir de palmas, de pequeños resquicios a lo que es la pura banalidad, la pura chismografía.

Una cierta chismografía perfectamente legítima, desde luego, pero hay una prensa que se dedica única y exclusivamente a averiguar la intimidad de las personas más o menos conocidas, más o menos públicas para entretener a un público. Muchas veces esto se exagera, se distorsiona.

Es un fenómeno que se da exactamente… me parece más pobre, menos culto, aparentemente más civilizados y más cultos.

Cuando comencé a escribir la novela estaba orientada totalmente; sin embargo, como ha ocurrido otras veces, la propia historia a medida que la iba desarrollando iba tomando unas derivas que la apartaban de la idea inicial.

Entonces al final ha quedado muy distinto, quedaba con un panorama, una etapa final de una dictadura dentro de un clima de violencia, porque había el terrorismo, el contraterrorismo y había las bandas de delincuentes que enmascaraban las fechorías que cometían en actividades políticas, en acciones políticas.

Todo eso además venía acompañado no solamente de una inseguridad, de una incertidumbre muy grande, sino de una claustrofobia que producía el toque de queda y un toque de queda muy estricto, nueve de la noche, diez de la noche a más tardar.

Entonces uno tenía que apresurarse a regresar a la casa, porque podía ser multado o atracado incluso por las propias fuerzas de seguridad, si daban el toque de queda y lo encontraban en la calle.

Eso creaba unas distorsiones tremendas en la vida familiar, en las relaciones entre las personas, era bastante frecuente, porque las cenas duraban toda la noche, era la única manera como se podía llevar, unas cenas y diversiones y nublar un poco el toque de queda.

Todo esto tenía efectos en muchos ámbitos, incluido el de las relaciones sexuales de las personas, eso es algo que la novela quiere mostrar lo que ocurre, esa relación sorprendente que surge entre estas dos amigas, probablemente en un contexto diferente jamás hubiera sido concebido; sin embargo, en ese clima de inseguridad, de incertidumbre, de pronto el sexo pueda parecer como un refugio, de pronto el sexo se convierte en una manera de enfrentar esa inseguridad buscando una intensidad que es pasajera, pero ya todas las historias que cuentan periodos de grandes catástrofes, declinación violenta de una sociedad, da testimonio de que uno de los efectos que tiene la inseguridad es sentir que un mundo se desploma en la vida sexual, que la vida sexual se intensifica y de pronto se convierte como en un sustituto de todo aquello que no puede dar el resto de las instituciones, de la vida cívica, de la vida institucional, de la legalidad.

Me da la impresión de que la mayoría fue de pronto tomando unos cauces que no había pensado por la misma historia, porque aquello que estaba contando ocurría en un contexto donde era indispensable que todo aquello se mostrara para que tuviera cierto poder de persuasión.

En todas las novelas que he escrito me ha ocurrido siempre, a pesar de tener un plan bastante detallado antes de empezar a escribir, a la hora de empezarla, siempre por una dinámica interna de la propia historia, el plan va saltando en pedazos y la historia va complicándose de una manera que, en un principio, me hubiera parecido imposible.

¿Qué cree que va a dejar la figura de Fidel Castro, qué cree que le espera para Cuba?

Fidel Castro fue una persona que deslumbró a mi generación, un héroe que parecía salido de una novela de aventuras, había luchado contra una dictadura en las montañas, derrocó a Fulgencio Batista, era una fuerza transformadora que parecía profundamente democrática.

El Castro de sierra maestra y de las primeras declaraciones afirman que la revolución va a ser una revolución profundamente democrática, que no va a ser una revolución comunista, que tiene intención de quedarse en el poder, que habrá elecciones libres, que la Cuba, digamos que van a transformar los barbudos va a ser un ejemplo de democracia.

Que habrá reformas para que haya justicia social, desde luego muy radicales, pero que la libertad estará siempre presente en la Cuba.

Eso lo creímos, se lo creímos, tal vez hubo ese gran deslumbramiento por la revolución cubana, no sólo en América Latina, sino en el resto del mundo.

Todo eso fue mentira, Fidel Castro muy rápidamente se da cuenta que para quedarse en el poder, puede convertir Cuba en una dictadura comunista y esto qué hace, un gran oportunismo, desdiciéndose de todo lo que había prometido y entonces Cuba se va convirtiendo poco a poco en una típica dictadura comunista, con reformas muy radicales, trae un empobrecimiento brutal.

Que hay cosas positivas, desde luego, los cuarteles convertidos en escuelas, muy bien, muy positivo desde luego; una enseñanza al alcance de todos, muy positivo desde luego; una política de salud.

Cuba se jactaba muchísimo de una cobertura sanitaria, muy positiva, pero todas las reformas económicas fueron un desastre, como en todos los países comunistas sin ninguna excepción y hoy en día Cuba es más pobre de lo que era, más pobre, incluso muy inferior de lo que era en la época de dictadura de Fulgencio Batista.

Hay una clase privilegiada, que es la nomenklatura, que es la clase absolutamente minúscula, la que tiene unos niveles de vida muy decorosos y el empobrecimiento de la sociedad en general es enorme, es absolutamente enorme.

Ninguna dictadura latinoamericana ha durado 57 años que ha durado la dictadura cubana, hay por lo menos tres, casi cuatro generaciones de cubanos que sólo conocen la dictadura.

Con su muerte, creo que es como la bolita de nieve que empieza a correr, como la muerte de Stalin, como la muerte de grandes dictadores y es muy difícil que el régimen sobreviva a la larga, a la desaparición del dictador que era el que mantenía más o menos inmovilizada esa estructura e impedía modernizarse.

Creo que no hay nadie que pueda reemplazar a Fidel como un mito, una leyenda en que se convirtió Fidel Castro.

Entonces empezarán a resquebrajarse poco a poco las estructuras, la nación, el trono y esperemos que este proceso sea rápido y sobre todo indoloro, que no traiga más violencia de la que ha padecido el pueblo cubano. (Continuará)