Octubre
Octubre ha llegado y con él, la memorable vida. El primer recuerdo de este mes, madre, es tu cumpleaños. En la próxima celebración de Santa Teresa, tu nombre se revela. Si, madre, este es el tiempo de la resignación; bendita palabra que me salva de la terrible sensación de la pérdida. Este octubre ya no Duele a Fiesta, este duelo ha llegado a su fin porque lo siento en la paz y tranquilidad con la que te recuerdo.
Si Teresa, hoy, yo no sé dónde estás, pero tengo la certeza de que sigues conmigo, de que tu irrevocable nombre está junto al mío: ¡Carmela!
Madre, desde hace días, te traigo a cada momento, sentada frente al cuaderno que te escribe, trato de decretar las emociones que ululan entre el todo está bien, el ya pasó, pero la memoria del corazón me reclama ¡Teresa!
Así es madre, Duela a Fiesta, ya no lastima, ya no reprocha, ya no reclama, ya no punza, ya no hace daño.
Octubre Teresa, fue el mes que anunció tu luz en esta vida. Octubre, mes de luna, mes de amor, mes de entrañable nostalgia, mes de tenues lluvias por la noche, mes de ligero frío, mes de viento otoñal.
Hace días Rosa compartió unas flores de papel, unas flores de cempatzúchil hechas por sus manos anunciando su altar de muertos, el altar que recibe a los nuestros, a los tuyos.
Este año, en especial, ha corrido la existencia más allá de tener agua entre las manos, no sé si, porque la vejez es un paso inmediato a la muerte o porque simplemente el correr de los años trae consigo la madurez vívida o simplemente porque nuestro minúsculo entendimiento de lo que es vivir es inconcebible.
Tengo la única certeza de recordarte, de tenerte presente, de saber que será tu cumpleaños, que la vida sigue y que yo, estoy más cerca de ti. Que santa Teresa te siga bendiciendo como lo hace mi corazón de hija ¡Feliz cumpleaños madre!
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1 título de libro de la autora

