+Otro punto de vista: Va la Reforma Electoral, y si es para que se ahorre en beneficio de los mexicanos, bienvenida
La frase:
Bájate de la cruz que necesitamos madera.
PARA LOS SUFRIDOS
REFORMA ELECTORAL AL ESTILO DE LA 4T
Inició con un decreto presidencial de 15 páginas, en donde se dan a conocer las causas y el trabajo de la Comisión que presidirá Pablo Gómez, cuyas conclusiones se presentarán a la Presidenta de la República en enero de 2026.
Es un hecho que habrá Reforma Electoral, y que ésta será al más puro estilo del Movimiento de Regeneración Nacional; es decir, impuesta, por lo que lo mejor que le puede pasar al país es conocer sobre qué principio se realizará y qué de todo lo que implica puede realmente ser en beneficio para los mexicanos.
Lo primero que debe conocerse es sobre qué bases se hará esta Reforma Electoral. Bueno, se puede concluir muy fácilmente que se basará en dos principios fundamentales: ahorrar dinero y reducir al máximo la posibilidad que Morena pueda tener algún tipo de conferencia, en el futuro inmediato, y con ello perpetuarse lo más que se pueda en el poder. Gerardo Fernández Noroña ya lo dijo abiertamente: ellos van mínimo por 20 años.
Lo primero: lo económico. El mayor interés para el gobierno de Claudia Sheinbaum, con el cual muchos podríamos estar de acuerdo con ella, es lograr que las elecciones cuesten cada vez menos. Actualmente el gasto en cuestiones electorales es estratosférico para este país que no tiene una economía boyante ni mucho menos. Luego entonces, cualquier cosa que se haga en ese sentido seguramente será bien recibida por una gran parte de la población.
Solo por poner un ejemplo: el famoso sospechosismo hizo que desde hace mucho nuestro gobierno –del color que sea y haya sido— sea uno de los pocos a nivel mundial que aún destina una parte del presupuesto que es de todos, para mantener a unos entes que no se dedican a otra cosa más que a hacer política, actividad, por cierto, que no es absolutamente productiva. Los políticos, hasta hoy, son un gasto, no una buena inversión.

En esta nación es la única que opera un órgano dizque autónomo en la cual se gastan millones todos los días para que funcione los 365 días del año para promover, organizar y llevar a cabo elecciones, cuando en realidad son más los días que ese órgano no es productivo que los que sí tiene realmente algo bueno qué hacer.
Luego entonces, sólo en esos dos aspectos, lo primero que deberíamos de copiar a las naciones del primer mundo es a dejar de invertir en elecciones. Está comprobado a nivel internacional que los partidos deben invertir en ellos mismos, ser capaces de generar sus propios recursos para hacer lo único que saben hacer, que es hacer política, y no vivir de esa actividad, porque en cualquiera de esas naciones a las que se hace referencia si un político tiene una aspiración debe invertir en ella.
No tendríamos por qué darle dinero a ningún político para su beneficio directo, porque, al final del día, el único que ganará con cualquier nominación y candidatura exitosa será precisamente él o ella. Nunca un ciudadano ha ganado absolutamente nada con el hecho de que gane un político. Si quieren llegar al poder –de cualquier nivel— y ejercer ese poder, pues que cada quien se rasque con sus uñas e invierta lo que tenga que invertir, tal vez con límites preestablecidos por la ley, pero de su bolsillo o de fondos que pueda obtener por donaciones o con la inversión de otras personas, pero no tendría por qué desviarse ni un peso público para mantener políticos y menos para que ellos al final del día sean los únicos beneficiados con esos fondos.
A esos gobiernos que hoy en día son mayoría en el país, que están tan preocupados por crear y operar programas sociales, pues si quieren invertir más en ese objetivo pues ahí hay millones de pesos que se podrían destinar a madres solteras, a viejecitos o a cualquier grupo social que a final de cuentas se vuelven sus principales clientes de esas ideologías neo de izquierda que, según ellos, están tan preocupados por los que menos tienen.
En el mismo sentido va la operación de un órgano electoral federal. En primer término, el actual gobierno ya prácticamente se encargó de desaparecer todos los órganos autónomos que operaban en el país. Entonces, ¿qué trabajo les costaría echarse uno más? Y ese podría bien ser el Instituto Nacional Electoral o comenzar por el Instituto Electoral del Estado de México.
Nadie, absolutamente nadie, va a extrañar un órgano que únicamente trabaja cuando hay elecciones, y que el resto del año se la pase dizque preparando la que sigue. En naciones avanzadas, sí existe un órgano electoral, pero éstos únicamente se reúnen cuando saben que va a haber elecciones, están integrados por personas que tienen reconocimiento moral de la mayoría de los ciudadanos, y únicamente operan cuando lo deben hacer, y cuestan una ínfima cantidad de un presupuesto anual.
También existen ventanas de oportunidad para el ahorro en cuestión de materiales electorales. Por ejemplo, no sé si usted esté enterado, que, en la más reciente elección de este país, en la de magistrados, ministros y jueces, se utilizó menos de una tercera parte de los materiales que se mandaron a imprimir para esa elección. O sea, dos terceras partes de eso se irá –todavía no se hace—directo a la basura.
Esas toneladas de papel que algún día será basura, simple y sencillamente eso, basura, significaron una inversión millonaria que no sirvió para ningún beneficio específico para ningún mexicano. Todo eso se podría sustituir por urnas electrónicas en las que se ahorra tiempo para la emisión directa del voto, se arrojan inmediatamente los resultados, y existe una certeza de casi 100 por ciento en los resultados finales… Lo que cuesta prácticamente una tercera parte de lo que actualmente cuesta cada sufragio emitido por los ciudadanos.
El otro gran aspecto de la Reforma Política, en su vertiente electoral, tiene qué ver con el tamaño de la representatividad de este país. Explico rápidamente: en la integración de las legislaturas, la federal y la de los estados del país, existen diputadas y diputados electos directamente por el voto de los ciudadanos, y para los perdedores, se creó hace algunos años la figura de representación proporcional, supuestamente para que todas las formas de pensar estén representadas en los órganos donde se toman las decisiones trascendentes de la nación.
Las fórmulas para asignar esos espacios a los perdedores nunca han sido absolutamente claras, están sujetas a fórmulas de cálculo que han sido modificadas prácticamente cada elección, por lo que a final de cuentas sólo llegan unos cuantos, cada vez menos, afortunadamente, pero en espacios privilegiados que nunca son para los ciudadanos, sino para los dirigentes de los negocios, perdón, partidos políticos.
Luego entonces, realmente no representan absolutamente a nadie, más que a sus propios partidos, y cuando tienen que llevar la voz de los ciudadanos a los órganos legislativos, nunca lo hacen, solo representan las líneas establecidas por sus propios negocios, perdón, otra vez, partidos.
Si se eliminaran por lo menos la mitad de los diputados de representación proporcional, a los cuales difícilmente alguien va a extrañar, la operación de las estructuras legislativas se abatiría casi a la mitad. Es decir, ahí hay otra veta de dónde puede sacar más dinero el gobierno para seguirlo regalando a los viejecitos o para que los jóvenes que no trabajan se les regale una beca.
En términos generales, se calcula, a precios de hoy y con las actuales normas de integración de los órganos legislativos, que se podría ahorrar hasta la mitad del presupuesto global de esas instancias simplemente con desaparecer los diputados de representación proporcional, lo que sería todo un éxito financiero.
La Reforma Electoral va, eso es un hecho. Los objetivos son muy claros, ahorrar y dejar el poder en cada vez menos manos, por lo que al final del día usted puede estar segura o seguro que eso se concretará, aunque en el camino haya más damnificados políticos, sobre todo en los llamados partidos tradicionales que estaban acostumbrados a que los mantuviéramos, vía nuestros impuestos, y que ahora se tendrán que dedicar a otra cosa, esperemos que sea a algo productivo, de lo cual está ansiosa nuestra economía.


