Palabras en campaña

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“Sin democracia la libertad es una quimera”

Octavio Paz

 

Es necesario entender que la palabra es una herramienta poderosa en las personas que pretenden alcanzar el liderazgo y una capacidad muy propicia para quien ejerce la política. Es sin duda la palabra, herramienta del político y de la política, el vehículo que nos permite conocer las propuestas de campaña, pero aún más importante a la persona del(a) candidato(a); que descubre su ser, dando ante sí una biografía intrínseca que será su mejor carta de presentación.

Así, en este proceso electoral que vivimos en la república mexicana podemos escuchar cientos de ideas, propuestas que son innovadoras, otras tantas que son el repertorio de campañas formuladas con anterioridad, luminarias que se escuchan excelsamente, pero que no nos permiten alcanzar el ideal de la palabra porque no aterrizan en la realidad; el ideal contra la realidad, la propuesta que no pretende alcanzar el esquema de aplicación, ese es quizá uno de los grandes retos del verbo en la política.

Un collar de ilusiones hilvanado con la palabra, pero carente de un cordel que le sujete en el compromiso del cumplimiento; siendo fieles defensores de la pulcritud del verbo nos atrevemos a decir que la palabra compromete, desafortunadamente no todos los agentes inmersos en la política han comprendido la magnitud y magnificencia de la palabra, pretendiendo incluso restarle valor, sobre todo en estos tiempos en que las tecnologías de la información han jugado un papel preponderante en la formación de la imagen pública.

No olvidemos que el ser humano es un ser racional, pero rodeado intuitivamente de emociones, que la palabra sigue prendada a sus capacidades innatas como un sello distintivo que lo enaltece y lo define; es entonces la palabra una característica que debe ser perfeccionada por quien hace uso de ella en público, pues por medio de ella su auditorio va asumir el grado de confianza y empatía con un proyecto, por tanto no se puede negar, que en pleno siglo XXI la palabra sigue siendo el vehículo por excelencia para adherir voluntades.

Ante ello amigo lector, la gran pregunta a formular en este breve espacio es: ¿Cómo calificarías a los candidatos a cargos de elección popular, en el actual proceso electoral? ¿A quiénes has tenido la oportunidad de escuchar de manera presencial o en un medio de difusión masiva, como la televisión, radio o el internet (por todas sus vías)? La pregunta tiene su raíz en identificar que tanto impacto han generado las personas que salen a buscar el voto entre la ciudadanía, cabe señalar que muchos de estos personajes públicos, previamente han ocupado cargos de elección popular y algunos de ellos a pesar de sus basta experiencia en las tareas públicas siguen sin tener el dominio de sus palabras, dejando de lado el viejo apotegma: breve, claro y conciso.

Hay quien termina levantando en las encuestas con el poder que le da la palabra, hay quienes se atreven a denunciar verdades y a señalar caminos, ahí en esas dos aristas encontramos un verdadero faro; porque toda palabra debe llevar su halo de redención, soluciones a una sociedad que dice coloquialmente ya estar cansada de escuchar las mismas propuestas y las mismas personas pues no ven resultados, no es el discurso del político o no debe de ser, un discurso de ilusiones que se corona con la frescura de la personalidad, sino un discurso de acciones y de propuestas con sentido que se respaldan con el común denominador de la congruencia entre los dichos y los hechos.

Los tiempos políticos han evolucionado, la política misma y sus prácticas con él, ahora las técnicas de mercadeo han permeado entre la ciencia política para complementarse o reconstruirse creando un hibrido que nos hace entender que las campañas políticas son como el lanzamiento de un producto en el mercado, en donde todo comunica: los silencios, la imagen, la reputación, los colores, las palabras, el género; pareciere que entramos en el apogeo del “espectáculo de la política” donde ahora directa o indirectamente se pretende entretener, mantener cautiva a la sociedad, quien derivado de la modernidad cada día tiene menos dispuesta la atención y ha reducido su disposición a escuchar, permaneciendo atenta a breves instantes y sí en esos instantes el emisor no logra desarrollar el mensaje eficazmente, será muy difícil empatizar o llevarle por el camino que se le pretende marcar.

Entendemos entonces, que los mensajes en una campaña política deben de ser consistentes, claros y propicios para ser entendidos por quien nos escucha, que los tiempos se acortan, que las palabras que han sido pronunciadas en un mensaje político deben de ser prudentes, pues una vez dispersadas ya no regresan con la misma intención al orador, quien ahora debe estar acostumbrado a ser no solamente escuchado sino también grabado y que las saetas que transformó en palabras dejan una huella que puede ser usada en su contra y que en su momento le obligaran a recordar promesas de campaña con posterioridad, y que si no defiende con los hechos las ideas que pronunció ante el auditorio será la misma sociedad la ejercerá su derecho constitucional y le demandará su cumplimiento.

Palabras en campaña, luceros que quedan prendados en la conciencia de quienes escuchan, instantes que ocupan un tiempo en el espacio y que orgullosas se apropian de la memoria colectiva; las palabras en campaña son postulados de compromisos que más tarde serán demandados en cumplimiento, son el juez de candidatos y líderes en acción; porque las palabras serán la medida de los actos, máxime aún, las palabras dichas en campaña se convertirán en el termómetro de aceptación o rechazo de la ciudadanía.

No podemos negarle su eficacia a las palabras, no podemos simplemente minimizarlas en una estrategia global para lograr una percepción positiva; al margen de la evolución de la política y de los probados avances tecnológicos que ayudan al desenvolvimiento de las tareas sociales, la palabra sigue teniendo influjo en la sociedad, sigue seduciendo al auditorio, sigue haciendo vendavales que arrastran a las masas, procuremos entonces que las palabras dichas en campañas sean dignas saetas que nos permitan a todos los sectores sociales, estar presentes de manera positiva, propositiva y sobre todo constructiva. Las palabras en campaña deben elevarnos.