Para reflexionar

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El año que viene, arruine todo, con intención, sin intención; simplemente deje que fluya ese río de caos, la nube negra que dicen ver todos los vecinos en sus paseos dominicales. Vaya gritándolo todo el año, que esto iba a suceder o que aquello ya se veía venir, que los mejores deseos del año anterior no se estaban cumpliendo, desastre anticipado. 

Nadie… verá que nadie se le acerca. Porque es más ligero, más cómodo decirle al victimoso que está exagerando, que no pasa nada, que hay que mirar en el ojo ajeno aunque para esto no tengamos el espacio ni la ocasión suficientes siquiera de mirarnos. – Luego  te llamo, después me cuentas, no hay que tomarlo así, sufres mucho, cómo te gusta complicarte, te tiras al piso, siempre te estás quejando, vive y se feliz, échale ganas, tú siempre puedes, eres bien inteligente, algo se te ocurrirá, no te anticipes, no pongas palabras en mi boca, uno que te quiere ayudar y no te dejas… 

Infinidad de frases hechas, motes, lugares comunes para decirle al contrariado que sus problemas no importan, que lo dé por perdido, que ha sido burlado, robado, despojado, silenciado, ignorado, minimizado, contrariado, estafado, frustrado, hecho a un lado, sí hecho a un lado o echado fuera que es peor, consulten la ortografía si en este punto ya se cansaron y quieren desentenderse, desafanarse, que entre por un oído y salga por el otro, no desista cuando a su interlocutor  le urge ir a ver a la familia, la pareja, gente bonita que no sufre no tiene problemas y gana dinero abundantemente para viajar, comprar, subsistir, reír, reír, siempre reír.  

Deprimirse es un deporte de alto riesgo por el número de relaciones rotas a las que uno se expone, el que se deprime pierde, sí, pierde amigos, amores, colaboradores, acreedores que después se   transformarán en hienas demandantes, malos abogados, caros médicos, hermanos, amnésicos primos, proveedores, contactos  en redes que actúan igual (que las primeras hienas, claro está). 

También se gana el insomnio, la sudorosa ansiedad de todos los días, el pan ultrazucarado, aquella bebida oscura, el cigarro,  los analgésicos, diez gatos, ojeras y bolsas, dolores en la mano que impedirán cerrar el puño, defenderse, marcar un alto. 

Se puede llegar a perder la fe en el darwinismo humano, sostenerse de los últimos cuadros barrocos colgados en los templos dorados, y cuando escuchen el ritmo sostenido de su drama le dirán: 

– ¿por qué no escribes en un periódico todo lo que te ha pasado?..