PERIODISTA SABIO: JOSÉ ALVARADO

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Dignificar al periodismo y sus periodistas es una tarea cotidiana. Presente en todos los sentidos, y hacerlo en sus personajes más reconocidos es una tarea gratificante. No existe periodista importante, hombre o mujer, que no compruebe en su sabiduría lo que la profesión le ha dejado. Pero si a esa profesión le aúna gran cercanía con otras materias, y no sólo las vivencias del presente, sino sabiduría histórica o filosófica, y en particular literaria, entonces el periodista que tiene esta personalidad es más rico en sus reportajes, entrevistas o columnas del día a día. Un ideal extranjero, Gabriel García Márquez, en México, no dudo en poner el nombre del periodista José Alvarado, como resumen de hombre que es sabio en filosofía, cultura, historia y amor por las letras: con tales configuró su profesión como periodista respetada. En la contrapasta del libro José Alvarado / visiones mexicanas y otros escritos, publicado por Lecturas Mexicanas FCE/Cultura SEP, en 1976, leo: De Lampazos, Nuevo León, donde vivían menos de dos mil personas, surgieron durante la Revolución más de cincuenta generales. Allí nació también José Alvarado, escritor y uno de los grandes periodistas mexicanos. Para José Alvarado (1911-1974) la tarea periodística era compleja en extremo: exigía de la virtuosidad en el estilo —se daba el lujo de escribir artículos sin recurrir al relativo “que” al conocimiento acendrado de su país y al compromiso con sus causas.

Leer la obra escrita de José Alvarado es encontrarse con las enseñanzas de un Sócrates dentro del periodismo que expresa en bellas palabras, una y otra vez, lo que se puede hacer en el texto de una columna, en el reportaje o en la mezcla de géneros que sólo se dan en la cabeza de Alfonso Reyes o Jorge Luis Borges. Para José Alvarado todo le era propio al periodismo: lo mismo el viaje a una zona paupérrima que a la gran ciudad en el extranjero. Sus retratos de ciudades como Lima, Montevideo, Buenos Aires, Valparaíso, Brasilia, Helsinki, Praga, Londres, Atenas, Estambul, Damasco o visitar los ríos como el Nilo dejan una imagen cual si fuera hecha por el mejor artista visual. Son tantas las cualidades de este mexicano que en el periodismo dejó lecciones para que el que estudie esta profesión, sepa por dónde encontrar en Norte de una brújula que ha de ser su experiencia de vida, en el deseo de no perderse yendo de un lado a otro, sin saber dónde aterriza. La sabiduría de José Alvarado muy pocos periodistas de su tiempo y de todos los tiempos del México independiente pueden equiparársele. Vivió relativamente poco, sólo 63 años. Mientras, como recordaremos otros de nuestros mejores escritores dedicados a la prensa, en revistas o periódicos, tuvieron la fortuna de vivir varias décadas más. En el libro titulado José Alvarado / Tiempo guardado publicado por la SEP en su colección SepSetentas, aparece un texto que retrata su biografía, hecha por él mismo, en pocas palabras: Fui alumno de Antonio Caso, secuaz de Vasconcelos, lector de Samuel Ramos, discípulo de Vicente Lombardo Toledano, y debo muchos estímulos, como tantos de nosotros, a la obra de Ortega y Gasset. Si me fuera dado recobrar el tiempo, tornaría a hacer lo mismo, con idéntica angustia y dicha.

Este solo párrafo nos habla de un ser sui generis, que hace habitar en su intelecto y su corazón el amor por la sabiduría. En la cuarta de forros del libro citado se dice: Con las palabras anteriores describió José Alvarado (1911-1974) quien dedicó lo mejor de sus capacidades al periodismo: “Noble oficio cuando la mano de quien lo ejerce es limpia y el corazón valiente”. Tiempo guardado recoge conferencias y ensayos escritos en diferentes épocas y aparecidos, los más, en publicaciones periódicas a las que su pluma da prestigio. La lectura de los dos libros es un recorrido por la sabiduría, la que se bebe de la experiencia terrenal, en visitas a los lugares que después son recreados con gran belleza, y acercándose con mucho a una forma de decir poética. Porque José Alvaradollevó la poesía en el escribir al periodismo. Por eso, en las distintas revistas o periódicos que publicó la aparición de su nombre convocaba a buscar la página y leerlo con fruición y amor. Sus temas fueron recurrentes, en el usar la brújula que le ha de decir dónde está en Norte, dónde la Sabiduría. Tiempo guardado trae así ensayos y conferencias sobre “Literatura y Poesía” y su desarrollo es magistral, didáctico y sabio. Sobre “Ciencia y Filosofía”, “Ciudades”, tema en el que va desde Morelia hasta las ya citadas en el extranjero.

En Visiones Mexicanas aparecen lo mismo Guadalajara, ciudad de México, Veracruz o las ciudades fronterizas y más específicamente las del Norte. Es decir, es el periodista que es un andariego y supo que la vida de hace de ejercicios teóricos, es decir mucha y mucha y mucha lectura a todas horas, pero a la vez ser capaz de acercarse a los lugares que se han de convertir en reportaje o resumen de la belleza o la fealdad encontrada, porque así es la vida, ella es lo que es, y no la ilusión lejana de cómo debe ser en sus suburbios una ciudad gigantesca que se extiende al final del siglo XX por Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco y Naucalpan o Tlanepantla. Siempre dibujadas con sus caras tristes o pobres que reflejan el derrumbe de una sociedad que no ha sabido ser justa ni igualitaria. Sus escritos son un dechado de belleza en su prosa ágil y sabia, así leo en “Visiones mexicanas”: La tristeza del indio. / ¿Cuántas palabras se han dicho en siglo y medio, sobre la tristeza del indio? ¿Cuántas sobre su silencio y su alma impenetrable? Pocas veces se ha advertido; sin embargo, que la consabida tristeza no es sino fruto de las desnutriciones y la miseria. Hace unos días se recordó, nada menos, en la antigua Sala de cabildos de la ciudad de México, y en un acto que resulta el primero de los conmemorativos del Sesquicentenario de la Independencia, que las condiciones de gran parte de la población indígena del país son todavía indignas de los seres humanos. Una triste, dolorosa verdad, que aparece como una huella acusatoria sobre todos los programas de redención popular […] Una vergüenza revolucionaria / Todavía hay quienes se avergüenzan del indio y cierran los ojos para no ver sus andrajos y su hambre, y hay otros que aún distinguen entre indios y gente de razón. No se dan cuenta que si el indio es una vergüenza, ésta es para una Revolución que todavía mantiene irredentos muchos de ellos, sin pan y sin luz suficiente.

Publicado en su columna “Apuntes al vuelo” en el periódico Excélsior con fecha de 17 de julio de 1958, viene a recordar lo que ha sido un lastre que llega hasta este año del 2021, ya en las primeras dos décadas del siglo XXI. Vergüenza para aquellos años y mucho más para el tiempo en que vivimos. Hombre al que nada le es ajeno. Todo verdadero periodista, que asume esta vocación por humanismo, José Alvarado en todo sabía mucho de lo que trata. En la revista Siempre!, dirigida por el maestro del periodismo José Pagés Llergo, y en la cual los dos son ejemplo para las generaciones de su tiempo y las posteriores de cómo se forma un verdadero periodista. Dos indisolubles amigos y amantes de su profesión. En esta aparece con el tema Siqueiros, una bella vida / Alegre y al mismo tiempo dramática, generosa y combatiente la vida de Siqueiros, actor y testigo de muchos sucesos importantes en México y otras partes del planeta a lo largo de muchas décadas. Viajero bajo cielos y sobre polvos diversos y preso varias veces en celdas estrechas; fugitivo y victorioso, soldado en los años iniciales de la Revolución Mexicana y en la Guerra de España, creador y destructor de mitos, polémico y risueño; maestro. Su inmensa obra plástica, objeto de elogios y censuras, aprobaciones y debates, es un testimonio apasionado de la última centuria y una pelea sin tregua. Publicado el 16 de enero de 1974, es tema para el periodista, que está atento a los eventos colectivos con igual interés que pone sus palabras para hablar del individuo, ese ciudadano que no debe ser menospreciado por la lucha de clases o por la segregación racial o de estrato social.

Sus ensayos sobre Samuel Ramón, Alfonso Reyes, Enrique González Martínez, Porfirio Barba Jacob, Antonio Caso. José Carlos Mariátegui o José Vasconcelos, son prueba de una sabiduría, que ya no vemos con facilidad en el periodismo nacional.