Personas exquisitas
Con más frecuencia de la que supondríamos, encontramos personas cuya experiencia de mundo raya en lo exagerado, porque todo lo miran desde una postura arrogante, con un desdén que lejos de ganarles adeptos (que es lo que esperan), les construyen una imagen que el grueso del mundo acaba por detestar.
No hay tema del que no sepan y en absolutamente todo tienen una opinión calificada que tratan de restregar a sus interlocutores, de maneras tan simpáticas que terminan por convertirse en anécdotas para pláticas futuras.
Por ejemplo, muchas voces han calificado el Super Tazón del domingo pasado como uno de los más decepcionantes de los últimos tiempos, ¿en serio?, un juego que se alarga a tiempo extra y que es definido en la última jugada con tan solo 4 segundos por delante, ¿resulta soso? La gente habla porque tiene boca, y en la búsqueda de hacernos los interesantes, acabamos por caer gordísimos.
Y en cualquier situación de vida suceden cosas similares, personas que, porque van al cine a espacios culturales, sin estudios formales de cinematografía, sin idea de cómo se elabora un guion, con nula experiencia en producción o dirección escénicas, llenan sus bocas de pedantería y a la menor provocación externan su sabio comentario, buscando más, impresionar a los incautos que ofrecer una visión objetiva de cualquier cinta.
En el ámbito académico, el tema resulta más incongruente, pues algunos padres de familia se atreven a llegar a las escuelas dictando cátedra de cómo es que se tienen que hacer las cosas en los Colegios; determinando normas de conducta y llegando a exigir que los profesores den su clase de tal o cual manera, porque a su juicio los procesos actuales resultan inadecuados (sic). Por supuesto, opiniones emanadas sin ninguna base didáctica o pedagógica, de personas que, si acaso, tienen el bachillerato terminado, pero con autoridad moral para establecer rumbos en áreas que desconocen.
Tal grado de petulancia debe preocuparnos; ¿en dónde ha quedado la sensatez?, tal parece que escuchar un podcast o ver un Tik Tok para muchos resulta un mandato y una fuente de aprendizaje inagotable. No es que no tenga algún valor, pero nada sustituye el aprendizaje formal que se obtiene en los espacios académicos.
Y si a todo esto sumamos la jactancia de algunos, al punto de restregar frases como: yo soy abogado y conozco mis derechos, no se te olvide que yo soy el jefe, acuérdate de que el que manda soy yo, y demás frases similares, encontraremos respuesta al por qué existe tanta impunidad en nuestra sociedad.
Gente exquisita que se las da de sabelotodo, que nunca pierde una y que usualmente es puro verbo porque en la realidad, tienen la vida hecha un verdadero caos.
La sabiduría popular no miente; dime de que hablas y te diré de qué careces, y la visión de los grandes pensadores tampoco; el que se erige en juez de la verdad y el conocimiento, es desalentado por las carcajadas de los dioses.
De plano, tomar unas pastillas de Ubicatex, ¡Las recomiendo!
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