Poesía como juicio histórico

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Don Guillermo Prieto escribe dos poemas o corridos en donde aparece la figura de Pedro Ascencio de Alquisiras, la segunda escrita se titula Romance de los adictos y de la cueva del diablo (enero de 1821) y dice así: Como al despuntar la aurora / tras la terrible borrasca, / cielo azul y blancas nubes / los horizontes aclaran, / y las cantadoras aves, / rompiendo los aires pasan, / mensajeras de contento, / a las regiones lejanas, / así el Sur abandonado / y dejando sus montañas, / los enviados de Iturbide / a todos rumbos se lanzan / llevando la buena Nueva / de la Independencia santa. / En Valladolid consigna / Quintanar tan sólo aguarda; / Cortázar y Bustamante / a Guanajuato preparan: en México, Navarrete, / el clero y personas varias / se agitan, sin que perciba / en sus maniobras Apodaca; / mas no el pueblo, que distingue / con su instinto, que algo pasa / que alegra los corazones / y vivifica las almas. Sí, un sentimiento, que se va convirtiendo en verdad en Los sentimientos de la Nación se percibe por los territorios de la vetusta y derruida Nueva España. El imperio al igual que en Sudamérica está perdiendo sus propiedades que tan malamente utilizara para sus fines de riqueza y despilfarro. Para su capacidad de crear matando al sojuzgado sin piedad católica, ni sentimiento humano: los encomenderos eran suficientes para seguir tratando a los esclavos como esclavos.

 

Es el sentimiento de libertad que cada vez está más cerca. A pesar de que los dominadores dicen que es sólo una región pequeña en el sur del altiplano el que sigue siendo —como comezón de piquete de mosco— la que da lata, pero el territorio de la Nueva España está en paz y trabajando, No era así, por eso escribe en su romance Guillermo Prieto: Así cuando el aura leve / húmeda en los campos vaga, / alzan su cuello las flores, / abren sus hojas las plantas / presintiendo las caricias / de las bienhechoras aguas… / Entretanto, Pedro Ascencio, / que las cosas ignoraba, / del cerro de la Goleta / hace un fuerte, que derrama / por dondequiera el espanto / cual ígneo volcán sus lavas, / Berdejo, que le persigue, / le azuza; la lid se traba, / y de la Cueva del Diablo Pedro Ascencio se dispara. En todas las épocas los guerrilleros han sido la expresión de la lucha de David contra Goliat, del pequeño contra el grande, del que parece insignificante y se convierte en verdugo del que creyéndose grande en su soberbia peca, para ser destruido como penitencia.

 

Así, en el sur de lo que ahora es nuestra entidad la leyenda de Alquisiras, el guerrillero iba creciendo desde 1817 que comenzó con tan pocos hombres y fusiles. Cuenta el poeta: la luz se envuelve en el humo, / corre sangre en las cañadas, / llevan los aires los gemidos, / despojos van en las aguas, / las peñas tiemblan al trueno / y a los gritos de venganza. / Berdejo al fin se retira / en cuanto las sombras bajan. / Oyendo de los de Ascencio los vítores y las dianas.

A qué tiempos aquellos de sangre y pasión. Tiempos que al no estudiarse en la historia patria pasan para la juventud como algo que no les es propio. Como hechos que están bien para contarse entre viejitos porque nada tienen que hacer.

 

Fue una lástima que Pedro Ascencio de Alquisiras no llegara al fin de la firma del Acta de Independencia, sólo a pocos meses quedó de llegar a la misma. En ella hubiera visto al oportunista Agustín de Iturbide aparecer como el gran promotor y quien en verdad logró tan ansiado evento. Así lo alaban los actuales simpatizantes de su figura y sus hechos. Otra hubiera sido nuestra historia si Iturbide como Emperador gobierna la patria para el bien de todos. Los pocos que en riqueza y poder político siempre habían sacado lo mejor, aunque al pueblo no le quedara nada por repartir. Enemigos poderosos los tuvo Pedro Ascencio.

 

Escribe el poeta: La nueva sabe Iturbide, / y ocultando la desgracia, / a su secretario, dicta, / grave y tranquilo, dos cartas. / En la una le desfigura / los sucesos a Apodaca, / diciendo que la victoria / himnos en su campo canta. / En la otra, invita a Guerrero / a tratarse de palabra, / jurando que todo cede / en honra y bien de la Patria; / y parece tan sincero, / y con tal franqueza le habla, / que no pudiendo Guerrero / dominar sus desconfianzas, / comisiona a Figueroa / para que a su nombre vaya / a entrar en negociaciones; / pero severo le manda / que no comprometa su honra / ni la lealtad de su espada. ¡Cuidado! Contra personajes como Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna y todos los populistas o dictadores que da la humanidad, en ellos la mentira es parte de su personalidad oscura y maligna. Se acostumbran desde pequeños a decir mentiras y es su compañía durante toda la vida. Cómo podía pensar Iturbide que Guerrero fuera a entregarse a su persona para lograr falsos indultos, o perdones que no solicitaba. Pero Vicente Guerrero era un hombre de palabra e algo ingenuo, por eso fue traicionado y muerto en su momento. Por eso Pedro Ascencio le decía que no creyera en el falso Agustín de Iturbide, porque el instinto e inteligencia del guerrillero era más objetivo en su sentir que la confianza que Guerrero daba a los realistas.

 

Cuenta al fin del libro compilado por Héctor Sumano Magadán: Pedro Ascencio de Alquisiras de raza indígena, probablemente mexicano o matlatzinca ha sido ubicado su nacimiento en el Municipio de Tlatlaya, en el sur de nuestro Estado de México, alrededor del año de 1778 por parte de los historiadores insurgentes como José María Bustamante, entre otros. Es decir, vivió 43 años de una fructífera vida. A los 33 se enrola en la lucha por la independencia, y si se revisa lo escrito por Héctor nos damos cuenta de su entorno social: Su infancia y adolescencia se vio rodeada por las relaciones sociales producto de las Haciendas, Ranchos y Minas que en la región sureña eran características, además la fuerte influencia del clero y de los mineros ingleses, franceses, griegos, judíos, etcétera. / Que van a producir una atmósfera de intelectualidad que va a influir en su formación, pues seguramente tiene acceso a las lecturas de Ilustrador nacional, periódico insurgente y cultural, editado por el Dr. José María Cos en la Villa de Sultepec. Pensemos en estos años de preparación del hombre que tiene por origen la doble pobreza, la de ser indígena de nacimiento y a lo más un pobre campesino, quizá sin tierra ni techo donde caer.

 

El alma y sed de justicia que invoca en todas sus palabras y acciones son las del desposeído hasta de la dignidad a la vida que los buenos españoles —según el conservador Lucas Alamán— los pobres en extrema situación no agradecían a quienes les habían dominado por casi 300 años. La verdad es que los imperialistas de todas las épocas históricas no tienen vergüenza de su comportamiento, al convertirse en hombre lobo del hombre ¿Cuáles sus estudios? ¿Cuáles sus propiedades? ¿Cuál su destino? Este destino que sólo apareció en 1811, cuando ya contaba con 33 años, y era un hombre hecho y derecho, como diría el pueblo. 33 años donde se forjó la escuela por sus vivencias junto a su pueblo que nos trae la lección: has de vivir y surgir de tu pueblo, como sucede con Benito Pablo Juárez García, o con Vladimir Illich Lenin. Hombres que están en el seno de su pueblo y a él pertenecen hasta el final de sus vidas. Así murió Pedro Ascencio, en el seno de una guerra que no pidió paz ni perdón, que dejó en el camino a don Miguel Hidalgo y Costilla el 30 de julio de 1811, o a don José María Morelos y Pavón, el 22 de diciembre de 1815, en San Cristóbal Ecatepec, hoy en el estado de México.