¿Por qué viajar? Sobre Memorias Nómadas. Del Medio Oriente al Norte de África de Marlene Pasini

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Una necesidad del espíritu ha originado los más grandes viajes de descubrimientos intercontinentales y los cambios decisivos de eras y civilizaciones. No es pregunta para pasajeros ingenuos, el verdadero navegante sabe de los riesgos de atreverse, para qué viajar si el viaje en sí mismo es el más arrojado de los peligros a sortear.  Existen libros de viaje desde inmemoriales tiempos donde los viajeros recopilan experiencias, proverbios, rutas, hasta mapas. Especialmente las costumbres y los ambientes y en el fondo de toda excursión, está la sabiduría humana armada de su traje de amor y compasión.

Quise abordar el libro Memorias Nómadas. Del Medio Oriente al Norte de África (Ed. Berkana. Una Luz en la palabra, 2021) de la escritora, poeta y terapeuta Marlene Pasini desde mi particular visión deconstructivista aprendida en doctas y olvidadas lecciones de literatura, reservé ese deber para después y me vi arrastrada en el goce al viaje de mi ensueño, el de la infancia y mis escasos libros atesorados, leídos en el silencio, mientras me eran revelados los territorios de ese mediano oriente, ya fuera por Marco Polo y sus incidentales informaciones en otro estilo distinto al de Scherezada o en aquél libro del acervo familiar, antiquísimo sobre la vida y obra de Jesús de Galilea, donde conocí el significado del desierto y la zarza que arde. Los misterios de Egipto perseguidos a golpe de documentales y museos que se abren como sarcófagos amables para tratar siquiera de asomar a la grandeza milenaria, al germen del conocimiento. Y luego, como un triunfo adulto de mi necedad, haber llegado a Al-Andalúz y su eterno aroma de naranjos.

Comenzar la lectura de Memorias Nómadas me aseguró un traslado dimensional, si se me permite describirlo así, como entrar a una puerta especialmente diseñada para mí al lado de una voz poética que, desde el primer verso, me acompañó hondamente, sabiendo que todos los trashumantes tenemos algo en común: la fractura con la realidad y, sin embargo, el seguir apegados a ella en su forma más inocente, el recuerdo.

A lo largo de diferentes estaciones temporales (nos marcan los años, nos tatúan las fechas), estos poemas habrán surgido en los diferentes lugares ahí definidos, una mera sugerencia de exoticidad, de lejanía porque son, éstas ciudades, próximas en la evocación.

Como toda alma, Marlene Pasini, de noche, sale al encuentro de La Otra orilla, de las memorias del tiempo sin tiempo y desfila entre templos situados al lado de mares turquesas y brumas. También su voz conoce calles, barrios de remotas ciudades, edificios de nostalgia, ermitas de capricho árabe y las borda casi sujetándoles con alfileres a las páginas en blanco, zurciendo un poema bello en su forma y longitud.  Tetuán, el Cairo, Marruecos, ya sin etiquetas mezcladas en los pensamientos de Ladies inglesas y mujeres africanas que exhalan aire del desierto como un sueño ligero que pudo o no haber pasado. El corazón comienza así un canto: canto que duele/ ante el silencio de pájaros/que duermen entre árboles/entre olivos y naranjos.

Diosas poderosas de la antigüedad se revelan niñas y jóvenes pidiendo el mismo sustrato del amor que corresponde, del cuerpo querido y ausente como siempre:  mi amada diosa Hathor/ la del nombre de los mil cielos/ lléname con el gozo del amor/ para hacer palpitar mis entrañas y el espacio íntimo de mi cuerpo

El viaje inicia y termina en el mismo lugar, detalle difícil de comprobar geográficamente, legua tras legua de andar; sin embargo, el que inicia no es el mismo que termina, ha cambiado, adquiere nuevos nombres, colores y reinos. Una puede ser una mujer común y al mismo tiempo Cleopatra advirtiéndole a Marco Antonio: Te ven acercarte de puntitas, para mirarme en el reflejo del estanque o Hathor: Señora del amor/ tu nombre corona el alto cielo o Hatshepsut: sin edad, sin límites. Vivir oníricos amores sólo cautivos en la duración del poema, como ellas, inmersas en el Nilo o en el Mar Mediterráneo, en la totalidad natural, en los orígenes de los astros, de la geometría.

Sin haber abandonado la realidad material, asistí a Gaza, franja de la discordia frente a la Tierra Santa, a la Ciudad Vieja de la vía Dolorosa que reproducimos hasta el cansancio en nuestras ideologías. Sultanes, Cristos, Mercenarios, cuanto personaje se cruza en estos versos es recibido por nuestro más profundo ideolecto. Este es un acierto, por no llamarle señal en la Poesía expansiva, de autoconocimiento que genera Marlene Pasini, quien no hace más que mostrarnos su equipaje a manera de invitación a arriesgarnos al próximo viaje o a la próxima Memoria.