Portal

Views: 1021

No me aferro a la seudociencia ni a la ciencia tampoco, no me gusta ir contracorriente, pero tampoco me adhiero con facilidad. Soy, lo que se dice una incrédula o bien, podría revestir el término con algo de agnosticismo, no de gnosticismo, que no es lo mismo, pero es igual.

Nací un día 22 del mes 02 y como los múltiples viajes estelares y seculares cumplen cabalmente con sus citas, la cita  del año 2022 no tenía por qué no ser y se presenta con toda su magnificiencia como una fecha cósmica que bien podría abrir un portal dimensional, energético, vibracional. No es para creer que pueda abrirse un agujero en el plasma o un vórtice casero, no, no. Esto es más espiritual.

Un portal es una puerta o una entrada o ambas. Una fecha palíndrome en la cual, se puede fundir la percepción terrenal con el deseo de otra dimensión más evolucionada. ¿Raro, verdad? Al principio lo consideré banal, pero conforme avanzaba el día me di cuenta que no había dimensión más solitaria que la mía y que estaba bien fundirla con cualquiera otra que, al menos, me proporcionara compañía. Cosa difícil es la soledad. Luego concluí que la magia la otorgan las personas cercanas con un simple gesto de amabilidad, que la luz solar es finalmente un mensaje codificado que proviene de una estrella muy, muy lejana, que los alimentos son prodigados por el trabajo y las manos que los preparan. ¿Todo eso es sobrenatural, no?

Me habían recomendado que me preparara para pasar por el Portal, un baño de romero si era posible, abrazar un árbol, empoderarse, priorizarse y dejar de autoboicotearse –cómo, si es lo más común del sentido común hacer todo lo  contrario–. En fin que, así hice, disfruté de la mañana, del árbol, de la compañía de mis hermanos, de la poca naturaleza que la ciudad y las vidas enclaustradas todavía permiten y tuve la sensación que el Portal me esperaba. En mi ciudad hay unos arcos conocidos como Los Portales, ellos siempre me esperan y me conducen a través del tiempo y el espacio a mi propia historia y a la de los ciudadanos que despreocupadamente los caminan y los viven. También he estado ahí.

Durante el resto del día, no pasó nada alucinante ni despegué los pies del suelo, sólo me conmovió la fuerza con la que los seres humanos buscamos continuamente un poco de esperanza, alivio del futuro o del pasado, un tiempo mejor, otra dimensión para ser felices.

Muchas gracias a los amigos y familiares que recordaron la fecha y lo celebraron a través de un mensaje electrónico, un dibujito curioso, una llamada, alguna mención entre el trabajo. Esa es la verdadera energía y aún no sabemos apreciarla. Nos vemos en el próximo portal.