Prolegómenos de la Independencia

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Las historiadoras Marta Baranda y Lía García Verástegui nos cuentan: Si el Estado de México tiene hoy las dimensiones y las características descritas, no fue así en el pasado. Unos pocos renglones nos hablan de toda una historia que tiene truculentos momentos vividos por un territorio que llegó al puerto de Acapulco en los inicios de la independencia a partir de 1821. Dice las investigadoras: Antes de la Independencia formaba parte de la Intendencia de México, que abarcaba lo que ahora es el vasto estado de Guerrero, los actuales estados de Hidalgo y de Morelos, parte de Querétaro, y la ciudad de México. Que era la capital del virreinato de la Nueva España. Basta con asomarse a los mapas que se encuentran en el archivo de la Benemérita e Ilustre Sociedad de Geografía y Estadística de México, para darnos cuenta de lo inmenso que era el territorio comparado con su actual situación en este siglo XXI.

 

Parece sin importancia, citar de nuevo a las historiadoras en su libro Estado de México / Una historia compartida, publicada por el Gobierno del Estado de México y el Instituto José María Luis Mora en el año de 1987, Instituto donde las citas investigadoras laboraban en tales tareas. Ellas dicen: A lo largo de su historia, la entidad ha sufrido una serie de desmembraciones que han alterado no sólo los límites territoriales, sino los recursos económicos. Igual que el país al perder los inmensos territorios del norte del río Bravo, la historia paralela de la entidad tiene que ver con las ambiciones de los dueños de las enormes haciendas, pues siendo parte del territorio mexiquense, decidieron mejor hacer su propio Estado para mejor dominar los recursos económicos, políticos y sociales del siglo XIX. No querían tener que ver con Tlalpan, Texcoco, Lerma o Toluca, pues para ellos, era mejor crear su propia entidad y así alejarse del centralismo que ahogaba todo en aquellos años después del inicio de la Independencia.

 

La otra organización, política, pero religiosa como práctica nos cuentan Marta y Lía: El arzobispado de México colindaba al oriente con el obispado de Tlaxcala, al poniente con el de Michoacán, al sur con la arquidiócesis de Oaxaca y el Océano Pacífico, y al norte sus límites no estaban muy claro. Esta división eclesiástica fue muy importante porque constituyó el antecedente de lo que sería tiempo después la Intendencia de México, y más tarde el Estado del mismo nombre. Es importante señalar que la organización política fue de la mano con la religiosa, pues el dominio de los territorios tenía esa dualidad de reunir los intereses políticos con los de la fe católica o viceversa, en un acuerdo de toda la época colonial para mal de las mayorías del pueblo. Por otra parte: siendo la ciudad de México la sede o capital de ese Obispado, dio desde entonces su nombre a toda la región, de tal manera que este mismo apelativo pasaría a la Intendencia de México en 1786 y luego al Estado de México en 1824. Eso nos deja en claro porque llevamos tres veces el término de México, lo que hace reflexionar a extranjeros si se debe a tanto amor que tenemos por la palabra y lo que representa México en el centro del país. México país, Ciudad de México, capital, y estado de México, para una región del centro de la nación. Una sola palabra, para tres cosas distintas.

 

Es interesante citar lo extenso que era el territorio religioso y político sólo con una cuantas palabras de las investigadoras: Hacia 1746, el Arzobispado de México comprendía en su recinto cincuenta y cinco jurisdicciones de Alcaldías mayores, de cuyas capitales las seis son ciudades, como la de México, metrópoli y capital del reino, Querétaro, Toluca, Lerma, Tezcoco y Xochimilco, las dos últimas ciudades de indios, dos que son Puertos de mar, uno en el Sur, y otro en el Norte, Acapulco y Pánuco; cinco villas que son Quanahuac, Cuernavaca, Coyoacán, Escanela, Tacuba, Villa de los Valles; seis reales, que son Escateopan, Pachuca, Taxco, Temaxcaltepec, Zacualpan y Sultepec; y las otras treinta y siete jurisdicciones son pueblos… ochenta y cuatro curatos son el resto… atendidos por las órdenes religiosas de Santo Domingo, San Agustín y San Francisco. Así podemos entender la obra religiosa, la enorme obra de construcción que se hizo en recintos religiosos por todo el territorio del país más allá de río Bravo y del Usumacinta. Marta y Lía escriben: las distintas jurisdicciones locales: alcaldías mayores de ciudades y pueblo, parroquias y curatos que integraban el Arzobispado de México, van a constituirse en su mayoría en partidos y distritos que más tarde integrarán la Intendencia de México. Comprender esta interrelación religiosa y política nos hará comprender cuál fue la nefasta herencia que al llevarse a cabo la Independencia heredaron a mitad del siglo XIX la generación de la Reforma. Tantos siglos de tal unión en contra de los pueblos, trajo sojuzgamiento a condiciones de quien detentaba los bienes materiales en el antiguo México. Tuvo por necesidad, que saltar a mitad del siglo decimonónico como nos cuenta la historia nacional.

 

A fin del siglo XIX la situación de este territorio tenía, según relatan las historiadoras una realidad: Fue una de las más importantes económica y políticamente, debido a su extensión territorial, a sus numerosos recursos naturales y a que en ella estaba situada la ciudad de México, capital del virreinato. Es fin de siglo, la riqueza estaba a la vista. Al igual que a la lucha del pueblo por derrocar el porfirismo, a fin de siglo XIX las condiciones del viejo régimen ya no se podían soportar. Los españoles eran dueños de todo. Vidas, haciendas y con el clero unido, de almas y llave para entrar al paraíso después de muertos. Esta situación de riqueza para unos cuantos, hace decir, durante los primeros años de independencia del pueblo a nuestro estudioso José María Luis Mora: si fue correcto hacer la independencia para encontrarse con un pueblo en la peor de las pobrezas, con la desaparición de la riqueza que antes de 1810 sí existían: aunque sólo fueran para unos cuantos.

 

Marta y Lía escriben: La producción de maíz en el Valle de México y en el Valle de Toluca alcanzó niveles muy altos. Entre las haciendas más productivas de esta zona cabe mencionar a San José de los Ranchos en Zinacantepec, La Asunción de Metepec y la de Canaleja en Toluca. El Valle de Toluca, región maicera por excelencia, adquirió también gran importancia por la cría de ganado porcino y lanar en las faldas de las montañas. Con 37 haciendas y ranchos de labor, se llegó a llamar la despensa universal de la metrópoli novohispana. La producción de pulque de las haciendas magueyeras constituía también una fuente de ingresos importante para la intendencia. La zona de haciendas magueyeras se ubicaba principalmente en la región que hoy ocupa el estado de Hidalgo. Las principales zonas productoras de trigo eran Tepotzotlán, Cuautitlán y Otumba. Si lo pensamos, esos tiempos eran de enorme bonanza para los dueños, españoles y criollos como vértice del mando político, económico y social: una aristocracia rancia que no se había enterado de la revolución que la burguesía estaba realizando ya en la mayoría del continente europeo durante el siglo XVIII y XIX. Tierra que era un vergel al final del siglo decimonónico: La cuenca lacustre de la intendencia estaba constituida por lagos y estribaciones montañosas. Su economía básica comprendía principalmente toda clase de verduras y fauna acuática. En estas fértiles tierras se sembraba frijol, haba, calabaza y árboles frutales. Había ganado mayor especialmente por el rumbo de Texcoco y en los alrededores de las ciénegas del Lerma. Sí, un vergel, pero sólo para unos pocos.