Promotor de leyes

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El ejemplo de Francisco Miranda, que pareciera opacado por el gran Simón Bolívar no nos debe hacer olvidar que su Proclama de Coro, del 2 de agosto de 1806 es detonante en América para hacer soñar a los originarios de este continente que se puede recuperar lo que es suyo. Y la personalidad de Miranda está en esta proclama para presentar ingenuamente que es posible de facto, como lo hace Francisco I. Madero, al anunciar la fecha en que la revolución ha de dar comienzo contra el dictador Porfirio Díaz. Así Miranda es en sus palabras ejemplo de la cultura que ha bebido y vivido directamente, por eso dice: Y si los pueblos holandeses y portugueses pudieron en otro tiempo sacudir el yugo de la opresora España; si los suizos y americanos, nuestros vecinos, igualmente consiguieron establecer su libertad e independencia, con aplauso general del mundo, y en beneficio de sus habitantes, cuando cada uno de estos pueblos separadamente apenas contaban de dos a tres millones de habitantes, ¿por qué, pues, nosotros, que por lo menos somos 16 millones, no lo ejecutaríamos fácilmente, poseyendo, además de ello, el continente más fértil, más inexpugnable y más rico de la tierra?. Sólo quien ha vivido otras lecciones de la vida puede aplicar a su vida y a su tierra las bellas enseñanzas por la libertad y la democracia. Francisco Miranda trajo a América latina este aprendizaje y lo entregó a manos llenas para quien le quisiera escuchar: Simón Bolívar recibió ello, lo vivió en el extranjero, para que desde ahí más amara a su gran patria que fue sueño para él, utopía que no se realizó.

 

La Proclama es un texto decidido en favor de una tierra libre de gachupines, que tengan algo que ver con el autogobierno que debe regir solamente en manos de los nacidos en este continente. Son los criollos –sobre todo– y no los mestizos los que  abanderan el pensamiento y las acciones como sucede en Querétaro, donde los planes de insurrección están presentes en las tertulias que, al parecer, son momentos de sana y musical convivencia, pero de cierto, que lo fueron para levantar la voz de que era la hora de alejarse del reino de España, que además, se encontraba a mal traer con la invasión napoleónica. Por eso escribe Miranda: El hecho es que todo pende de nuestra voluntad solamente, y así como el querer constituirá indubitablemente nuestra independencia, la unión nos asegurará permanencia y felicidad perpetua; quiéralo así la Divina Providencia para alivio de nuestros infelices compatriotas, para amparo y beneficio del género humano. Ingenuidad en el hombre que recorriendo países fue militar que se distinguió, al grado que es posible que ese historial hiciera que le respetaran la vida los realistas atroces de aquellos tiempos. De 1806, en que expresa a los territorios que hoy son Venezuela y Colombia, su proclama, hasta el 1811 donde es derrotado y después exiliado a España, para morir allá, seguramente en la amargura y la tristeza por no poder estar en los foros de la guerra, donde él había decidido –desde muy joven– participar por los 3 continentes que piso en vida.

 

La ingenuidad y la grandeza de Francisco Miranda, plantea que los ciudadanos, todos, sin distinción de clase, estado, ni color (los eclesiásticos nada más) deberán aceptar y conformarse estrictamente a los artículos siguientes, haciéndolo como si por un acto mágico los que dominaban tan extensos territorios fueran a desaparecer, por eso en el articulado en la Proclama de Coro señala: I. Toda persona militar, judicial, civil y eclesiástica que ejerza autoridad comunicada por la Corte de Madrid, suspenderá ipso facto sus funciones, y el que las continuase después de la presente publicación, así como el que las obedeciese, será severamente castigado. Volver a estos personajes es saber que para iniciar una revolución es necesario ir más allá de la realidad, y plantearse que es posible romper con ella, como un acto de magia, reitero, pues de otra manera cómo es que antes del 1810, que es un año sagrado en América Latina, se puede plantear que por decreto los que mandaban ya no lo van a hacer más.

 

Es bello ver cómo junto a Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins y tantos más, el recuerdo de Francisco Miranda está ahí, destacando como el que inició la idea de tener a América sólo para los americanos. De que era posible que las riquezas mineras, rurales, de artesanías, artísticas, humanas y todas las faltantes de citar, ya no fueran riqueza trasatlántica, sino propiedad de sus propietarios. Hay que estar en ese contexto para comprender la gran proeza que realizaron nuestros antepasados en este continente sufriente y alegre a la vez.

 

En su segundo artículo de la Proclama de Coro, señala: Los cabildos y ayuntamientos en todas las ciudades, villas y lugares, ejercerán en el ínterin todas las funciones de gobierno civil, administrativas y judiciales con responsabilidad y arreglo a las leyes del país; los curas párrocos de misiones permanecerán en sus respectivas iglesias y parroquias, sin alterar el ejercicio de sus sagradas funciones. Seguramente los realistas regados por el territorio latinoamericano no podían creer que un loco viniera a dar órdenes sin haber tomado palacio, ni territorios que dominara como para estar espantados de su fuerza militar o porque su presencia moral ya era indiscutible habiendo sido un ciudadano del mundo, antes que un lugareño como sí lo fueron Hidalgo y José María Morelos en su momento.

 

Pensamientos grandes para forjar una patria grande. De eso trata la Proclama de Coro del año de 1806, y me sigo preguntando ¿por qué fue respetada su vida, al exiliarlo a España y no terminar con él como sucedió con nuestros mártires? De ninguna manera mi pregunta es cuestión de pensar mal sobre el prócer, sino en la comprensión que había momentos en que los realistas daban el beneficio a algunos y a otros su odio era irrefrenable. Por eso perdonan a Leona Vicario y Andrés Quintana Roo y piden que se fusile urgentemente a Morelos, no sea que la población se levante en armas para recuperarlo.

 

Los documentos que hacen grande a nuestra patria: Los Sentimientos de la Nación y después la Constitución del Congreso de Chilpancingo, nos recuerda a esta Proclama, pues en su tercer artículo dice: Todos los cabildos y ayuntamientos enviarán uno o dos diputados al cuartel general del ejército, a fin de reunirse en asamblea general a nuestro arribo a la capital y formar allí un gobierno provisorio que conduzca en tiempo oportuno a otro general y permanente, con acuerdo de toda la nación. Este punto es esencial. Lo que a los criollos y mestizos se les había negado, ser representantes ante España, o ante las leyes interiores del virreinato, ahora sería diverso. Todos los ciudadanos tendrían oportunidad de participar en representar a su pueblo y en legislar para los mismos. Todo como podemos ver eran proclamas muy sentidas por la población principalmente en sus estamentos de aquellos que estudiando tenían oportunidad de opinar sabiendo de ello. La ingenuidad de Francisco Miranda plantea particularmente atención para con aquellos que son llamados cobardes y ajenos a la patria, pues tienen armas y apoyan a los españoles imperiales. Para eso se les ha de juzgar con severidad hasta con peligro de perder su vida o en todo caso, a expulsarlos de la patria para que nunca jamás regresen al mismo. Especial atención es declarar que las iglesias, parroquias, curatos, así como casas de civiles, han de poner los colores de los insurgentes para señalar que esos lugares son ya parte de la patria libre. La lectura de la Proclama que cuenta con 10 artículos es una enseñanza de patriotismo, de pasión por lo que se cree está ya en funciones por todas partes, y es sólo la mecha que da inicio a un siglo XIX convulsivo y violento.