Ráspale campeón

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El campeón llegaba todo elegantioso, echando el chingo de cardillo con su camisa rosa, su saco blanco como la espuma de mar, su pantalón negro de tubito y sus zapatos de charol.

 

¡Y póngale! Vamos a danzar con Nereidas y luego, ya sabía Emilio B. Rosado, el director de la orquesta que le gustaba Blanca Estela, danzonazo cantado, pero sobre todo Por la cruz. Su cara maltratada de tanto putazo, cicatricitas abajo y alrededor de las cejas y la nariz a la derecha; pero aunque feo, a la hora de bailar también era campeón o campión o champión como sus viejos cuates le decían. Ta ta tan. Escogía a madura pareja sabia como él y oooh, el pasito, el meneaito, dos que tres vecinas parejas lo veían casi sentarse en la pista, pero no, el pie breco servía como punta de trompo y poniendo estirado el pie derecho, suave, levemente hacia girar a su compañera. Luego se levantaba y apenas moviendo los pies se metían los dos al alma del danzón.

 

¡Riacatán! Las parejas que no bailaron por verlos, a veces aplaudían nomás en ese pedacito de pista.

 

El campeón no fumaba y apenas una media cubita se echaba y no tenía pareja de planta: Le ha ido mal con todas sus viejas. Por eso aquí, en el Salón Colonia, tenía un decir: Me salió a toda madre con esta veterana gordita, pero a ver ora con otra.

 

Y al final, cuando Don Emilio B. Rosado le tocaba Por la Cruz, él iba por la que según su parecer se había acomodado más y si ya tenía pareja, ceremonioso como cuando lo presentaban: en esta esquina, le decía al acompañante:

 

¿Me permite que baile con ella, sólo esta pieza?

 

Y se soltaba la admiración. Mas que un tango, mas que tararear un bolero… mas que un jazz a oscuras, el danzón hablaba: por la cruz yo te pidoo… y pum, cuando se acababan danza y danzón, falp, flap, un cuarto  de salón aplaudía y el veterano ex campeón dejaba a la dama en manos de su –según– dueño y señor.

 

Y con la diestra hacia arriba, Don Luis Villanueva, apodado Kid Azteca salía del Salón Colonia, a su taxi.

 

Y un día –tantos putazos en la vida y en el ring– Don Luis se enfermó y cuando se  supo en el Colonia espontanea salió una ovación y luego luego Don Emilio empezó con el danzonazo Por la Cruz, que ya no fue llamándose así sino Kid Azteca, el danzón del campeón. Y así se quedó. Y así mch, beso la cruz, que así fue.