Recuerdos de Toluca

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“… Tierra de mis abuelos, tierra de mis mayores;

nudo que ata la bruja y egregia tradición;

estuche de quetzales, arcón de resplandores;

luz que revienta en astros, savia que estalla en flores,

¡inmensidad que cabes toda en mi corazón! …”

Horacio Zúñiga

 

En el recorrido histórico de nuestra ciudad capital, la capital del Estado de México, la capital de nuestros ideales, de nuestros anhelos y de nuestro corazón, nos habremos de encontrar con anécdotas, pasajes históricos, nombres de personajes célebres, mujeres y hombres qué refrendando su compromiso y vocación han hecho de este terruño de la Patria un lugar en donde el sol deja un crespón de inmortalidad, nos referimos por supuesto a Toluca de Lerdo, Toluca de San José o Toluca “La Bella”.

Hablar de este municipio enclavado en el corazón de nuestro Estado implica recordar los espacios y las épocas que se fueron cincelando en lo más profundo de la identidad mexiquense, porque a Toluca lo conforman sus barrios, sus colonias, sus calles, parques y jardines, sus templos religiosos con olor a incienso, lo representan también sus monumentos históricos, el palacio de la educación mexiquense convertido en el edificio central de Rectoría de nuestra Universidad Autónoma del Estado de México, los estadios de fútbol en los que la afición toluqueña y universitaria desbordan pasión y gallardía, lo representan también los sitios prehispánicos en donde los matlatzincas tuvieron estancia, lo mismo que diáfano y orgulloso el despertar de nuestros hermanos otomíes.

Toluca es sin duda, un referente en la identidad mexiquense puesto que en este sitial de la historia se ha dado cita la reunión de mandatarios de América del Norte hablando de la época contemporánea; sin embargo desde el origen del México que conocemos, esta tierra ha sido el epicentro de batallas independistas, revolucionarias y sobre todo culturales, teniendo a grandes exponentes como representantes del arte y la cultura; seguramente nuestros paisajistas se han recreado al observar el horizonte del majestoso Xinantecátl con su enervado color blanco que representa el color de la pureza; no menos idílico resulta observar en el pórtico de entrada a Toluca viniendo de la Ciudad de México (justo a un costado de la entrada a San Mateo Atenco) un arco que define lo que el maestro toluqueño Horacio Zúñiga pensaba de su patria chica: “Toluca es provincia y la provincia es la patria, somos brazos que lucha y espíritu que crea.”

El terruño de paz que alumbra nuestro ser no puede ser otro que aquel en el que nacimos, por eso; Toluca se convierte en la madre redentora que abre los brazos para que sus hijos se refugien bajo su sombra, dando de sí lo mejor para que podamos contemplar nuestras raíces, aspirar a un mejor entorno y, luchar por trascender de lo citadino a lo cosmopolita. La capital mexiquense es el jardín donde se sembraron las semillas de los juegos florales, pues varios campeones en las artes de estas festividades literarias tuvieron su inspiración en esta nuestra hermosa ciudad.

Porque lo mismo que la vida, también la muerte se hace festiva en nuestro municipio homenajeado, hablar de dolor es también hablar de calidez; para los toluqueños, los hijos descendientes del Dios Tolo hacer de la muerte un festín es también una cultura que transformada en la raigambre social, se convierte en arte, arte que llega al Festival del Alfeñique, ahí la materia prima es transformada en dulces típicos, el chocolate se convierte en esqueletos, cráneos y “calacas” sonrientes; pareciera que no representan a la muerte, pues también con la calaca se baila, en Toluca las catrinas se yerguen orgullosas tanto en forma literaria como en diversas formas de expresión, durante varios días la muerte se convierte en tradición; y ahí esta la gente de Toluca, la del clima frío pero que tiene ardiendo el corazón.

Mucho se puede hablar de las romerías religiosas y es que justo en la Toluca “con olor a sacristía” de la que hablara Enrique Carniado,  se puede creer que la fe mueve montañas, porque la idiosincrasia mexiquense le ha dado color al tinte religioso, máxime los toluqueños quienes defendiendo su pasión religiosa implementaron en los diversos templos que circundan a la capital mexiquense esa ya tradicional caminata conocida como “la visita a las siete casas”, en la época conocida como la Semana Santa, a la par de ello la “Procesión del Silencio”  se ha convertido en el epicentro devocional de la ahora arquidiócesis de Toluca; es de reconocerse por su fervor, por su color y por su tradición reflexiva, dando cierre con broche de oro a las celebraciones religiosas de esa época con la tradicional “quema de los Judas” cuando habitantes de todo el estado se congreguen en la famosa “Plaza de los Mártires” para realizar la sátira de los males sociales y humanos, pretendiendo  ahuyentar las malas vibras de los que pierden el máximo anhelo de la humanidad que es: el bien social.

Así envuelto en tradiciones, sus históricas calles llevan el nombre de personajes ilustres de la historia nacional, en el pórtico de luz hay sitiales que nos recuerdan la tradición de nuestros antepasados, de sus remedios caseros y de la milagrería, concebimos en el “calvario de Toluca” un lugar que en la altitud del Valle de Toluca eleva aún más la purificación de nuestra respiración, lo mismo pasa con el “cerro del Tololoche” en donde aún podemos observar el árbol de las manitas, al que muchos atribuyen poderes curativos y que con su característico color rojo, de pasión y sangre nos recuerda la vida de los que han dejado su alma y espíritu prendado al crecimiento de Toluca, pero también es el rojo que envuelve la identidad de los toluqueños con su colores deportivos.

Nuestra capital mexiquense es su historia, sus tradiciones, su gente; es la historia de las familias que fueron entretejiendo todo lo que ahora conocemos dentro de nuestro municipio, como dice don Guillermo Garduño Ramírez: “Toluca: historias de familia”. Toluca son nombres que se han olvidado y otros que se han recordado, son momentos que se esconden bajo el velo del olvido y otros que se exaltan con el plus de la admiración, mucha es la historia que no está escrita en el papel pero que si se ha vivido, otra tanta es la que se ha descubierto documentalmente o por tradición oral, las leyendas que se cuentan sobre las casas antiguas de Toluca, las leyendas que surgirán en torno a los conventos y sitios religiosos que fueron el pináculo de la evangelización de un pueblo que se convirtió en la cúpula donde las ideas evangélicas reposaban sacramentalmente.

Reconocer la historia nos permitirá entender cuál ha sido nuestro pasado, en dónde está nuestro presente y sobre todo ir construyendo un futuro que deseamos sea próspero y fuerte, digno de nuestra ciudad y digno de su gente; hoy envueltos en una confusa cotidianidad los toluqueños seguimos pensando en el Valle siempre verde, en el Valle provincial, pero creemos también en el Valle cosmopolita, en el Valle de las ideas, en el Valle de los guerreros de la palabra, en la tacita del pensamiento y la ánfora de la verdad; porque los que habitamos Toluca y caminamos por sus veneros entendemos que los brazos de la Patria son las manos de sus hijos, no en balde el “Monumento a la bandera” celebra nuestro orgullo patriótico, recordando que el centro histórico es un espacio lleno de patria; preservemos Toluca y hagámosla reverdecer y progresar, que vuelva a encantar a quienes la visitan.