REFLEXIONES PARA NAVIDAD Y AÑO NUEVO
Para este próximo día 24, así como para el día 31, último día de este bello año se extienden diversas ideas dentro de las reuniones que se celebran para festejar la navidad y el día último del año.
Creo, que es importante romper de alguna manera la tradición de simples propósitos para Año Nuevo. Considero importante hacer una reflexión sobre lo que somos sobre lo que nos motiva a seguir adelante, para realizar los nuevos propósitos, pero se dice también, que de la nada no surge nada, entonces, propongo el siguiente pensamiento para poder arribar a un Año Nuevo con una reflexión auténtica, desde otro punto de vista, con genuinos propósitos para alcanzar las metas que nos fijemos.
Nos dice Eric Fromm en su libro Las cadenas de la ilusión.
¿Cuáles son las fuerzas motivadoras que llevan al hombre a actuar de determinadas
maneras, los impulsos que lo impelen a esforzarse en cierta dirección?
Parece ser que en la respuesta a esta pregunta Marx y Freud divergen más que nunca, y que existe una contradicción irresoluble entre sus respectivos sistemas. La teoría mercantilista de la historia según Marx generalmente se interpreta en el sentido de que la motivación principal del hombre es su deseo de satisfacciones materiales, su deseo de usar y poseer más y más. Así, está codicia por los bienes materiales como motivación esencial de nombre se contrapone al concepto freudiano que considera al apetito sexual del hombre como su motivación preponderante para inducirlo a la actividad. El deseo de propiedad por un lado y el deseo de satisfacción sexual por el otro parecen ser las dos teorías en conflicto en cuanto a la motivación humana se refiere.
Por lo que respecta a Freud, qué tal conjetura implica una distorsión simplista se deduce de lo que ya se ha dicho sobre su teoría. Freud sostiene que hombre está motivado por contradicciones; por la contradicción entre su anhelo de placer sexual y el anhelo de supervivencia y el dominio de su medio ambiente. Este conflicto resultó más complicado cuando tiempo más tarde Freud estableció otro factor que entraba en conflicto con los ya mencionados, el superego, al que cabe añadir la autoridad del padre y las normas que éste representa. Así pues, según Freud, el hombre está motivado por fuerzas que entra en un poco conflicto, y no solamente por el deseo de satisfacción sexual.
En el pensamiento de Marx, el cliché de la motivación supone una distorsión aún más drástica que en el pensamiento de Freud. La deformación comienza por el malentendido del término materialismo. Este vocablo y su contraparte, el idealismo, tienen dos significados radicalmente distintos, si nos atenemos al contexto en que se aplican. Cuando remiten a actitudes humanas, se habla de materialistas para referirse a aquel que la primordialmente interesado por la satisfacción de sus anhelos materiales, y del idealista para referirse al que está motivado por una idea, es decir, por un anhelo espiritual o ético. Pero en la terminología filosófica, materialismo e idealismo tiene significados completamente distintos, y el concepto materialismo debe emplearse con ese significado cuando se haga referencia al materialismo histórico de Marx (término que el propio Marx jamás usó). Filosóficamente, idealismo significa presuponer que las ideas forman la realidad básica y que el mundo material que percibimos por medio de nuestros sentidos carece de realidad en sí mismo. Para el materialismo que prevalecía a finales del siglo XIX la materia era la real, no las ideas. A Marx, en contraposición con este materialismo mecánico (que también sirvió de fundamento al pensamiento freudiano), no le interesaba la relación causal entre materia y la mente, sino concebir todos los fenómenos como resultantes de la actividad de seres humanos verdaderos. En contraste directo con la filosofía alemana -escribió Marx-, que desciende del cielo a la Tierra, aquí nosotros ascendemos de la Tierra hacia el cielo. Es decir, no partimos de lo que los hombres se imaginan y conciben, para así llegar al hombre de carne y hueso. Nosotros empezamos con hombres de verdad y activos, y, basándonos en sus procesos vitales auténticos, demostramos el desarrollo de los reflejos y ecos ideólogos de este proceso vital.
El materialismo de Marx implica iniciar nuestro estudio del hombre a partir del hombre verdadero tal como lo observamos, y no con sus ideas sobre sí mismo y sobre el mundo, a través de las cuales intenta explicar su existencia. Para poder comprender cómo esta confusión entre el materialismo personal y el filosófico pudo haber nacido en el caso de Marx, necesitamos ir más adelante y considerar la llamada teoría económica la historia de Marx. Este término ha sido malinterpretado en su significado por cuanto se ha creído que, de acuerdo con Marx, solo los motivos económicos determinan los actos del hombre en el proceso histórico; En otras palabras, se ha entendido erróneamente que el factor económico se refiere a un motivo psicológico y subjetivo: el de los intereses económicos.
En contraste con el pensamiento precedente, me permito citar lo que al respecto opina Aristóteles. Con la salvedad de que Aristóteles fue un filósofo cuya trascendencia llega hasta nuestros días -estamos hablando de hace 2400 años de este pensamiento- Aristóteles se refiere a la felicidad, entendemos, -nos dice- por felicidad o el éxito
acompañado de virtud o la Independencia económica, o la vida placentera unida a la seguridad, o, la pujanza de bienes materiales y de cuerpo, juntamente con la facultad de conservarlos y usar de ellos. Pues todos los hombres están sobre poco más o menos de acuerdo en que en una de estas cosas, o en la mayoría, reside la felicidad.
Hasta aquí podemos inferir que lo que busca el hombre; el ser humano, es ni más ni menos que la felicidad.
Ahora bien, si eso es la felicidad, hay que convenir entonces que sus partes son: la nobleza, los muchos y fieles amigos, la riqueza, la bondad y abundancia de hijos y la buena vejez; además, las excelencias propias del cuerpo como son la salud, la belleza, la fuerza, el porte y la capacidad para la competición; y así mismo la fama, el honor, la buena suerte y la virtud o también sus partes:
La sensatez, la valentía, la justicia y la moderación. Porque, desde luego, sería superlativamente independiente quien poseyera los bienes que están en uno mismo y los que vienen del exterior, por eso, no hay nada fuera de estos.
Los bienes que están en uno mismo son los que se refieren al alma y al cuerpo, y los que vienen de fuera, la nobleza, los amigos, el dinero y el honor; Pero además pensamos que, para alcanzar estos bienes, es adecuado depender del poder y de suerte, pues así la vida resulta más segura. Hagamos, pues, ahora algunas consideraciones sobre estos bienes por igual y sobre qué es cada uno de ellos.
Un pueblo o una ciudad tienen nobleza cuando sus habitantes son de origen autóctono o antiguo y cuando sus primeros caudillos han sido ilustres y han engendrado muchos descendientes; a sí mismo ilustres en aquello que es digno de emulación. Por su parte, un particular tiene nobleza, ya sea por línea masculina o femenina, cuando es de origen legítimo por ambas líneas y cuando, tal como acontece con la ciudad, sus primeros ancestros han sido famosos sea por su virtud o por sus riquezas o por cualquier otra razón, honorables e igualmente han sido ilustres muchos miembros de su linaje, hombres como mujeres, niños y ancianos.
La bondad y la abundancia de hijos no es tema que ofrezca dudas. Una comunidad posee una buena prole si dispone de una juventud numerosa y buena, buena en lo que se refiere a las excelencias del cuerpo, como son el porte, la belleza, la fuerza y la capacidad para la competición. En lo que toca al alma, las virtudes del joven son la moderación y el valor.
Para un particular la bondad y la abundancia de hijos consiste en tener muchos hijos propios y de las cualidades señaladas, tanto mujeres, como varones. La virtud de las mujeres reside, por lo que se refiere al cuerpo, en la belleza y el porte, y, por lo que se
refiere al alma, en la moderación y el que sean hacendosas sin mezquindad; lo demás, tanto los particulares como una comunidad, y lo mismo entre los hombres que entre las mujeres, conviene que todos y cada uno se procuren por igual hacerse de estas cualidades. Porque en aquellos pueblos en que hay inmoralidad en las mujeres, como acontece entre los lacedemonios, cabe decir que no son más que medio felices.
Como podemos deducir de las posiciones expuestas por Freud, Marx y Aristóteles es indiscutible que nosotros debemos formarnos un criterio especial para llegar de alguna manera, -como dijo Sócrates- a conocernos a nosotros mismos; saber cuál es nuestra debilidad o cuál es nuestra fortaleza y sobre todo, qué es lo que deseamos; Cuál es el proyecto de vida que tenemos para poder tener un aliciente en ella.
Es oportuno hacer estos señalamientos, porque está próximo el año 2025 y todos desean de manera genérica y yo diría hasta ambigua al hablar de prosperidad, tanto personal, como de deseo hacia los demás pero ¿a qué se refieren con el deseo de la prosperidad? ¿qué es lo que quieren decir con la prosperidad y con la felicidad?
Se trata entonces de hacer una breve -si es posible- reflexión sobre lo que somos y sobre lo que queremos y como ya lo señalé, ver cuáles son nuestras capacidades para proponerse llevar a cabo un proyecto de vida.
Les deseo lo mejor para este nuevo año. Gracias por su atención y que Dios los bendiga.

