Rememorar a Sócrates el maestro magistral

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Inolvidable conferencia que habla de charlas que un maestro, como Sócrates en la Grecia clásica, dejó a la posteridad, gracias a la recuperación que hizo su mejor alumno, el filósofo Platón. Los diálogos de Platón son un monumento al pensamiento de la humanidad y una de las mejores lecciones que la pedagogía da para educar al Otro, ese Otro que es quien ha de tomar la estafeta al paso del tiempo. Por eso la charla de Pedro Ramírez Vázquez es materia de estudio permanente para los que, en universidades, estudian la carrera de arquitectos o ingenieros. Dos vocaciones de constructores por una comunidad mejor y más bella, por una villa en la que las joyas construidas con todo tipo de materiales son parte de la identidad de Brujas en Bélgica, Venecia en Italia, San Miguel de Allende en México y, en tantos lugares que recuerdan que, la arquitectura es la casa de todos nosotros. Pues la gran mayoría, miles de millones, no vivimos en espacios naturales propios de la prehistoria, fueran cuevas o cavernas, ni los espacios en alturas que eran los árboles como lugares de resguardo.

Mucho he de agradecer a quienes hicieron la excelente obra editorial, principalmente a su editor, el arquitecto Antonio Cervantes Tapia y su familia, pues al poner en mis manos el periódico/revista titulada Arquitectour, me ha traído este texto invaluable –por su sabiduría y humanismo– en el que leo últimas frases sacadas de esa charla dada su momento en el Aula Magna de la UAEMéx: Las ciudades gubernamentales son sueños de arquitectos que ambicionan realizar obras monumentales o de funcionarios que quieren develar una placa, pero no consideran la compleja realidad social de la vida urbana.

Humildad por la obra que se hace. Humildad para participar en la obra material y plena de belleza a que llama la arquitectura moderna, contemporánea, con visión de creadores y no de banqueros o comerciantes de la profesión. Humildad para hacer la obra y pedir a Dios, si se cree en él, que lo hecho sea útil, bello, de bienestar a quien le goza a diario, eficaz en su propuesta y solución, libertad para hacer que se piense con el sentimiento de que toda profesión llama a ser libre y a la vez eficaz en lo que se ha de hacer para el bienestar de los Otros. Las ciudades gubernamentales son sueños de arquitectos, de nueva cuenta el pensar en lo que pudo ser Cuautitlán Izcalli en cabeza y sueño del arquitecto Gregorio Valner: admirado arquitecto, que se hizo famoso al aparecer como responsable de esa ciudad y municipio que en su momento vino a ser el 121 en la entidad mexiquense, durante el gobierno estatal del profesor Carlos Hank González. Un político, sin duda, que pertenece al área de los políticos-constructores, como en su momento lo fue José María González Arratia, Mariano Riva Palacio, José Vicente Villada, Filiberto Gómez o Juan Fernández Albarrán –con todo y la contradicción que sigue viva hoy, más que nunca, por el hecho de destruir callecitas y palacios construidos por Ramón Rodríguez Arangoiti–.

Los gobernantes van siempre acompañados por la visión, diseño y construcción de arquitectos como Felipe de Ureña en época de la Colonia, Ramón Rodríguez Arangoiti en el siglo XIX,  constructores geniales como Carlos James Halltrop, quien llegó en 1884, para dejar en ciudad de Toluca construcciones señoriales y de gran belleza: fue superintendente de los ferrocarriles y trazo vías que siguen actualmente recordando esa proeza en tiempos de Porfirio Díaz al crear la red más importante en su tiempo, misma que fundó la posibilidad en comunicación de ser el país que hoy persiste en ser, a pesar de todo lo malo que ha sucedido y sucede. Carlos J. diseñó estaciones de ferrocarril, y tiene presencia en ciudades como Oaxaca a través del Mercado Juárez, o por su presencia en Paseo de la Reforma por su permanente tarea de construir casas señoriales; de igual manera es recordar al arquitecto Vicente Suárez Ruano, en las primeras décadas del siglo XX y en la segunda mitad del siglo pasado por nuestro siempre recordado Vicente Mendiola Quezada y varios más.

Ellos son los visionarios de las nuevas y disruptivas propuestas en el tema de la arquitectura que acompaña a sector público, privado y social, para formar, por ejemplo, lo que es hoy en Toluca sus dignos edificios y construcciones que le dan belleza y bienestar social por la eficacia, por ejemplo, en construcción de un centro comercial o un espacio de hoteles que expresan belleza y conjunción con la naturaleza sea en la playa o en la montaña. Recordar a los arquitectos que han hecho la ciudad, o que en su obra hoy desaparecida por malas decisiones de todo tipo, sólo en la suerte de encontrar sus diseños en papel o en otro tipo de materiales, nos recuerdan que sí, Las ciudades gubernamentales son sueños de arquitectos, por eso Rodríguez Arangoiti laboró para el Emperador Maximiliano de Habsburgo, pues venía de Europa trayendo el sueño de hacer de México algo grande en el terreno de la arquitectura. Logró mucho, aunque mucho de lo hecho haya desaparecido. Pensar en los arquitectos es ir por el territorio nacional y no sólo toluqueño. Recordar al genio del siglo XVII, Felipe de Ureña, quien en su arquitectura propone el uso de la piedra que aparece en su biografía por igual, en Toluca, Oaxaca, Durango o Zacatecas.

Me cuenta el arquitecto Enrique Méndez Sosa, que en aquella conferencia magistral, le hizo una pregunta a don Pedro, sobre si era más importante la técnica o la arquitectura en la creación de toda obra. La respuesta versó sobre la importancia de que los arquitectos tuvieran especial interés en seguir los pasos de las técnicas, para que de esa manera no se les cayeran las casas o los edificios. Es decir, la planeación que lleva consigo la técnica, eso me parece, es fundamental en el buen arquitecto. Hacer arquitectura o hacer técnica, una cuestión que va junta pero que debe de pensar en el artista, siempre en el artista, que por igual no se puede despegar de la planeación y las reglas técnicas a que invoca toda creación. Su pensamiento abarcaba el amor por la técnica,

Se cuenta que en su vida, fue sin duda la construcción de la nueva Basílica de Santa María de Guadalupe, por allá en La Villita, en la delegación Gustavo Madero de la Ciudad de México, la que le llevó a un estado de inspiración que además de ser sentimiento del artista, le puso en contacto con el sentimiento de la fe más profundo. Por eso fue que trabajaba, pienso en el caso de Miguel Ángel haciendo su Capilla Sixtina, en ese estado emocional que sólo vive el hombre, ciertos hombres o mujeres, que con ello pueden decir que ha valido la pena su existencia.

Me cuenta Enrique Méndez Sosa, que pedía lo dejaran solo en el estudio muy apegado a la Tilma de Juan Diego, escuchando música de fondo de sinfónica, o música barroca especialmente, sólo para alcanzar a sentir lo que en diseño y creación debería de volverse su obra principal en el terreno de la arquitectura. El sueño de los arquitectos es hacer ciudades, es hacer catedrales, es hacer palacios gubernamentales o cámaras de legisladores y de tribunales o el espacio de la Suprema Corte de Justicia, que ha de cuidar las Normas o la Constitución y que por lo mismo debe residir en un Palacio de la Justicia. En eso sueñan los arquitectos, y a don Pedro Ramírez Vázquez y su equipo de colaboradores les tocó hacer la nueva Basílica de la Virgen de Guadalupe, el recinto que recibe al año la mayor cantidad de visitantes extranjeros y de católicos, enamorados de su virgencita, ícono de la mexicanidad por la que cada 12 de diciembre hacen peregrinación por miles y miles. Ese privilegio tuvo en vida don Pedro y no es cosa menor.

Desde las alturas y a un lado les veía trabajar, haciendo la nueva Casa de la Tilma de Juan Diego con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que sigue siendo otro de los misterios que rodean el mundo de la evangelización en el centro de Mesoamérica. La Villita en su expresión más humilde y cierta con su arquitectura de carácter colonial, recuerda que ahí ha estado siempre; el reto del arquitecto Ramírez Vázquez por eso fue enorme, pues ¿Cómo es posible que un arquitecto es capaz de hacer algo mayor a La Villita, a lo que es originario y tiene dentro de sí el espíritu de la Virgen más querida en México… reconocida en el Mundo a partir del propio Vaticano?

Dos frases más, cierran esta participación en los años noventa, cuando, me cuenta Enrique Méndez Sosa, don Pedro ya se encontraba mayor de edad y al parecer cansado. Dice el maestro: La ubicación de un edificio de gran importancia por su destino público y por su magnitud, debe considerarse siempre como un factor de estímulo del desarrollo urbano. A esto siempre lo he llamado “detonador del desarrollo”. Ubicación de un edificio esto es importante en el crecimiento de una urbe, no es sólo poner construcciones por poner. Así se han destruido conjuntos habitacionales una y otra vez, así se han destruido centros históricos patrimoniales por la visión individualista de aquellos que no comprenden que se vive en convivencia no sólo en lo espiritual, sino en el entorno que es la casa-habitación y en su cercanía con iglesias, palacios de gobierno, edificios de salud y administración, hospitales, hoteles y en todo ello avenidas, calles y callejones o barrios. Todo es un todo que se centra en la célula, la cual bien puede ser el individuo hombre o mujer o la familia viviendo en comunidad.

Palabras de Antonio Cervantes Tapia son elocuentes en la importancia de lo sucedido en el Aula Magna de la Universidad Autónoma del Estado de México, escribe: Al final, el lleno en el Aula Magna por una conferencia, nos recordó aquella de José Natividad Rosales de la revista Siempre! promovida por el periódico experimental universitario con el tema “Dios no existe” en los años sesenta. Verdad y elocuencia, reconoció a el “El Nigromante” cimiento de cuándo un grande se acerca a la sabiduría que les es dado a pocos en diferentes especialidades.

Los estudiosos de la arquitectura hablan con facilidad de Pedro Ramírez Vázquez, creo que harían bien en acercarse a su filosofía, que no ideología profesional de la arquitectura, sino aquella que habla del humanismo, es decir, como lo asevera el maestro Ramírez Vázquez, todo comienza y finaliza en el Hombre, así genérico, aunque se refiere al Hombre y la Mujer, a los componentes de una familia hecha de todas las edades.

Honor a quien honor merece, y dentro de los organizadores principales, el hecho de que hubiera presidido dicho evento en la figura del director de la facultad de Arte y Diseño de la UAEMéx, en ese entonces arquitecto Francisco Serrano Dávila. Bien me recuerda Méndez Sosa que él estuvo en ese lugar, de igual manera deja en claro que no fue un suceso intrascendente el de esta conferencia, cuando sabemos de tantas que se hacen a diario en todas las instituciones de altos estudios y, muy pocas son recordadas por su sabiduría, elocuencia y comprensión del tema que se trata. En este caso por un mexicano que nos ha dado orgullo de la capacidad de un nacional para competir en el orden mundial en el área de la arquitectura, una de las profesiones más serias y concretas de lo que el hombre puede hacer en este mundo, al dejar huella de lo que crea para sus connacionales.