Risilla

Views: 611

Tengo en la memoria algunos nombres de los compañeros que estuvieron conmigo en secundaria. Sin embargo, ésta me falla y es preciso dar una vuelta y hurgar en el baúl donde se guardan las boletas escolares.

Muchos de mis compañeros me son familiares, pero otros desconocidos, tuve que encontrar al niño de los ojos bonitos, de los ojos pecosos, ése que me hacía sonrojar cada vez que hablamos.

Estuve con él, sólo el primer año, nunca imaginé que al segundo tendría que conformarme con saludarlo cuando salía de la clase de música. Él siempre sonreía, mientras lo encontraba a la mitad del pasillo.

Era una niña de trece años, sin experiencia en el amor. A veces mis impulsos me gobernaban y cuando se trataba de él, salía puntual a tomar el descanso.

Siempre guardaba mis cosas por anticipado, miraba el reloj y con ansia deseaba que tocara el timbre para salir a encontrarlo al pasillo. Llegaba casual, fresca, de frente, buscando sus ojos.

Muchos años después, me vienen a la memoria esos segundos en que nuestras miradas se cruzaban y las manos y nuestros aires hacían lo mismo. No puedo evitar que se me enciendan las mejillas y se me escape la risilla.