Rudas batallas

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Dulce María cuenta avatares de la vida femenina: Carmen Serdán fue herida el 18 de noviembre de 1910, cuando la casa familiar fue atacada por las fuerzas porfiristas y su hermano Aquiles, asesinado. Elena Arizmendi, cercana a la familia Madero, fundaba la Cruz Blanca para auxiliar a los caídos del lado maderista, ante la negativa de la Cruz Roja para auxiliarlos. Elvia Carrillo Puerto, en Motul, Yucatán, espiaba a favor de los conjurados contra el gobierno porfirista de Olegario Molina. Miles de mujeres se incorporaban a los ejércitos revolucionarios para alimentar, atender y curar a los hombres en lucha y ellas mismas, muchas veces, tomaban las armas. Las Adelitas, sin nombre y con rostro de multitud, fueron protagonistas silenciosas en el reclamo por el cambio

Escarbar día a día es tarea para saber cuál ha sido el papel de la mujer en hechos de la historia; para hacer entender al hombre, que en sus batallas ha estado junto a él y no en contra. Para romper este bloque de piedra que es el hombre al no darse cuenta de las injusticias que contra su propia pareja de vida practica una y otra vez. Sigue siendo un fantasma que rara vez aparece. La historia, se dice, la hacen los vencedores y, es sólo el hombre, el eterno vencedor en guerras que cuenta la humanidad. El cazador tiene lugar de honor en la misma, la mujer, dedicada al hogar sólo es una provisora de alimentos y de cuidado y procreación de la especie. ¿Quién dice que debe tener otro papel que no sea ese?… escribe Dulce María Sauri en su ensayo: Voto a la mujer. La revolución abrió la puerta: … espías, enfermeras agitadoras, cuidadoras, todas estas funciones desempeñaban las mujeres. Otras, visionarias de un futuro igualitario, se asumían parte de un movimiento que habría de cambiar su situación de subordinación. Hermila Galindo es quizá, quien mejor lo ejemplifica. Nacida en Durango, Hermila Galindo (Lerdo, 1896-México, D.F. 1954) fue maestra y periodista fundadora de la revista La mujer moderna. Ella encarna el desarrollo de un feminismo político de corte liberal dentro del movimiento constitucionalista que entendía que la transformación del papel social de las mujeres estaba indisolublemente ligada al cambio político del país. Indagar entidad por entidad de la República da ejemplos significativos del valor de la mujer en los campos del saber humano. Comprueba su valía intelectual y talento, fuerza física y tesón en el trabajo, al que no le huyen; el hogar las ha hecho laboriosas y organizadas en cosas pequeñas: cosas del hogar que el hombre considera hechos de poca trascendencia, pero se comprueban como la escuela obligatoria para triunfar en la vida.

Escribe Dulce María: … el Proyecto feminista constitucionalista… se le ha llamado. La confianza de Hermila estaba sustentada en las adiciones al Plan de Guadalupe (12 de diciembre de 1914) en que el encargado del Poder Ejecutivo, Venustiano Carranza, se había comprometido (artículo 2) “… a restablecer la igualdad de todos los mexicanos sí… (y…a,) asegurar a todos los habitantes del país la efectividad y el pleno goce de sus derechos y la igualdad ante la ley…”

Las grandes contradicciones de la vida ante el pensamiento reaccionario que impera en clases sociales o en el ciudadano que piensan que la mujer no puede —no debe— tener iguales derechos a los hombres. Elegidos de dios o de poder supremo los destina a ser jefes de todo lo existente. La mujer no tiene cabida en los sucesos relevantes de la sociedad. Por ejemplo, a ser capaz de manejar dinero propio en gastos del hogar, así se le somete. A decidir a cuál escuela van a ir los hijos o qué cosa van a vestir. En el caso de las mujeres que nacen sin derecho a tener derechos. Sauri dice: El Proyecto feminista constitucionalista plantea que los hombres y mujeres en lo fundamental son seres iguales; por esa razón su propósito político principal se concentró en el reconocimiento de la igualdad de los sexos en diversos planos: el político, el educativo y el de la moral sexual. Década segunda del siglo XX y la mujer plantea igualdad en política y, se atreve a plantear la ‘moral sexual’ como si fuera asunto para el cual ella está preparada. Triste es ver al intelectual Andrés Molina Enríquez quien dice que la lucha política —por parte de las mujeres— es tema que prostituye su ser y su posición social a la que ella, debe sobajarse por no tener más camino que ese.

Leo en el ensayo referido: El voto femenino entra a la discusión / Entre enero y noviembre de 1916 se celebraron en Mérida, Yucatán, el primero y segundo Congreso Feminista, con el patrocinio del gobernador Salvador Alvarado. En ambos se planteó el tema del sufragio de las mujeres. El análisis de las posiciones asumidas revela el pensamiento prevaleciente entre las congresistas, en su mayoría maestras, sobre el derecho de votar. La revolución no armada, la que forjó la recuperación de la cultura, después del inicio de la revolución de 1910 en mucho corresponde a un magisterio rural, que en década de los veintes bajo el liderazgo de educación en el país: José Vasconcelos, quien llevó a cabo recuperación de culturas populares con visión universalista: campañas para alfabetizar y reparto de textos con literatura del mundo; con el fin de incrementar extensión y visión del pueblo que vine de la peor dictadura en apenas los primeros cien años de independencia. No es extraño que profesoras en el país desearan por vía pacífica conseguir sus derechos políticos, educativos y sociales. Es otra de las grandes proezas venidas del movimiento social de 1910. 

En Congresos, dice Sauri Riancho: …la posición conservadora sostiene que la mujer no estará facultada para votar ni lo estará nunca, debido a su maternidad, argumento descalificado por una de las congresistas de la posición avanzada: “madres e hijos pueden salir a trabajar juntos. La posición moderada sustenta que la mujer debe prepararse antes de asumir cargos de elección popular: el tiempo y la práctica la harían acreedora de esos puestos. Parece ilógico que sean las propias mujeres quienes planeen que su homóloga no tiene capacidad, igual que ellas, de participar en cosas que sólo la alta inteligencia’ del hombre sí sabe resolver. Sí, el estudio de la historia femenina debe atender este hecho: no sólo de injusta actitud del hombre vienen derrotas, también de aquellas que debiendo ser amigas, resultan peores enemigas. Señala la ensayista: Dos argumentos contundentes presentaron las congresistas de ideas avanzadas: el primero, fue el que habiendo hombres cultos, y hombres ignorantes, todos tienen el mismo derecho al sufragio y el segundo, que no había que confiar el progreso a la evolución porque es demasiado lenta… En total treinta y una mujeres sufragistas que pedían la ciudadanía de inmediato, así como cargos de responsabilidad municipal […]. Desgraciadamente esta posición fue claramente minoritaria. 

Nada le ha sido fácil en ese largo camino por alcanzar la igualdad. Las sufragistas en el mundo pueden contar una a una por cada país historias tristes, llenas de inaceptables dificultades e ignorancia venida de todas partes. El hombre o la colectividad bajo ideología machista tiene duro comportamiento para quien es su pareja de vida: el corazón noble aparece en toda esta larga historia por parte de la mujer, cuya paciencia en los hechos es de sorprendente reciedumbre. Los resultados del constituyente no fueron así los deseos de lograr el respeto a su derecho ciudadano —por lo tanto—, ser consideradas capaces de ejercer su voluntad en el momento de ejercer el voto, y por lo mismo, de ser capaces de ser candidatas a nada. […] Con claridad se ve que la participación femenina en la lucha armada fue invisible para la mayoría de los constituyentes. La igualdad era una aspiración para individuos del sexo masculino, así fuera por motivación estrictamente de cálculo político. Largo camino se transita antes de lograrse por fin el voto en el año de 1953, en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortínes, quien es un presidente de México con resultados que señala la historia del país de manera positiva, pero menos convertidos en alaraca de la historia oficial.