Sacudida

Views: 1518

Cerré la puerta, perdí la curiosidad por saber qué hay detrás. Comencé a huir del tacto, su recuerdo me atropellaba, me hundía; fui por mucho tiempo fango puro. Pero esa noche lo miré a lo lejos y los sentidos, de pronto, fueron traspasados.

 

No sé si por el efecto de la bebida o porque la música comenzó a vibrar al ritmo de mi cuerpo. Me negué una y otra vez a extender mis dedos, pero mis terminaciones nerviosas estaban magnetizadas por el olor de su piel.

 

-¡Cuántas noches no me bebí ese olor y recorrí sus espacios!. Me convertí en fantasma, después de que esperaban al bebé y de cancelar la boda religiosa.

 

Fui viuda con su recuerdo navegando y echando a perder mi piel. Estoy segura de que no quiero hacerle un hueco; no tengo espacio; ni ganas. He dormido noches con el dolor amarrado al alma.

 

No, no, no puedo. Quiero correr por los desniveles de las notas, escabullirme por el borde de su boca, perderme en las notas graves, ser la espuma burbujeante de mi bebida, quiero huir por el espacio sideral donde el corazón se convierte en percusión.

 

Pero tuvo que pasar que esa noche, cuando sus ojos estaban más cerca de los míos, con ese verde hipnótico que encendía mis entrañas.

 

Tuvo que ser esa noche con mis ganas encendidas, tuvo que abrirse la tierra y activar la salida de emergencia.