SED
La vida no siempre será maravillosa ni fácil. Hay que luchar para vivir, sufrir y también gozar, más aún cuando él, nos acecha permanentemente, pero igual seguimos adelante.
La famosa libertad se logra cuando actuamos a pesar de su constante presencia, porque si nos quedamos quietos, él habrá ganado la batalla.
Es algo natural, su presencia es permanente, seamos prudentes y recordemos que el poder que tengamos para vencerlo, será siempre de los que somos valientes.
Siempre será el compañero de viaje con el que casi nunca queremos hablar, y por más que intentemos, no sabemos cómo hacer para que se calle y nos deje en paz.
Los peligros suelen ser sus mejores amigos, él se alimenta de ellos, sobre todo los peligros desconocidos sin autor que los respalde.
Es el mejor amigo de todos los seres que hemos inventado en nuestra mente, desde el más pequeño y al parecer indefenso, hasta el más grande y temerario.
Tenerlo siempre respirándonos al oído no es el problema, el problema es hacernos los sordos e ignorarlo, porque esa es la manera como se reproduce de manera más intensa y no nos deja en paz.
Hay que saber escucharlo siempre, hay que analizar cada palabra que dice, cada alerta que nos manda, porque nos guste o no, siempre tiene un respaldo oculto del por qué está ahí.
A lo largo de la vida, es importante ganarle por lo menos unas cuantas batallas, ya que si no somos capaces de hacerlo, es porque no hemos aprendido las lecciones que nos da la vida constantemente.
Con mucha frecuencia, él hará que veamos las cosas peor de lo que son o serán. Le gusta tomarse del futuro oscuro e incierto, para penetrar en nuestra mente y hacerla esclava suya.
Cuenta una leyenda, que en el bosque Gir de la India, vivía un tigre llamado Simba. Era un día soleado, de mucho calor, donde ni los propios árboles lograban dar sombra. Simba tenía mucha sed, estaba muy cansado, hacía mucho calor y andaba en busca de agua. De pronto a lo lejos vió un río, pacífico, tranquilo, cuyas aguas avanzaban al compás del canto de los pajaritos silvestres que andaban por ahí. Cuando llega al río, se encuentra con otro tigre igual que él con las mismas intenciones. Simba se fue corriendo, porqué el pensó, que estando cansado como estaba no tenía fuerza para pelear con el otro tigre y defenderse. Después de un rato, volvió y vió nuevamente al tigre apoderado del río a sus anchas como un rey que toma su reino, y, volvió a correr y desaparecer, muerto de nervios y de cansancio también.
Por tercera vez, casi sin fuerza, se acercó nuevamente al río. Ya caída la noche, mientras que la luna reflejaba su luz sobre el río, Simba miró el río y volvió a ver al otro tigre. Como ya no tenía más fuerza y moría de sed, se atrevió y metió la cabeza dentro del río, con el riesgo de lo que sea, porque él quería tomar agua. Una vez que sacó la cabeza, el otro tigre había desaparecido. Era su propio reflejo lo que él veía cada vez que se acercaba a intentar beber agua. Su propio reflejo, era él, el miedo que no lo dejaba cumplir su cometido.
Por más miedo que le tengamos a algo, si no lo conquistamos, no seremos capaces de avanzar y de saciar nuestra sed. A veces lo que más nos determina a la hora de conseguir algo es el miedo, el miedo que tenemos y que muchas veces nos tenemos a nosotros mismos.
Recordemos hace siete años las cosas que queríamos y que ahora mismo sí tenemos. De amor, de trabajo, de pareja, de amigos, de deporte, de todos los ámbitos de nuestras vidas. Lo único que nos separaba del sentimiento de quererlo y conseguirlo finalmente era el miedo. El miedo puro y duro, el miedo a no ser capaces, el miedo a que no lo merezcamos, el miedo a que lo perdamos o nos lo quiten, el miedo de que nunca podremos lograrlo. Imaginemos dentro de siete años más todas las cosas que queremos y que sí vamos a poder alcanzar, como pasó hace siete años atrás. Finalmente, lo único que nos separa de lo que queremos es el miedo, porque el miedo es una de las cosas que nos determina qué podemos y qué no podemos lograr.
Creámonos el cuento de que sí somos capaces de vencer siempre el miedo porque como dice Mario Benedetti en el verso: Esta es la hora y el mejor momento.

