SI LO USAS, ¡TE PEGO!

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Aproximadamente tres semanas atrás, viaje con mi familia a la ciudad de Zinacantepec, cerca de Toluca, en el Estado de México, para visitar a la familia de mi esposa.

 

Una tarde mientras comíamos, mi cuñada me contaba, de que forma la pandemia a afectado el ánimo, y el carácter de la gente en el municipio.

 

Para mi sorpresa, mi cuñada me narraba una historia propia del siglo XVI. Diferentes comerciantes del lugar, dueños de tiendas de abarrotes o fruterías, se han dado a la tarea de agredir a la gente, aun a sus propios clientes, por el sólo hecho de llevar puesto un cubre bocas, por motivo de los contagios.

 

Con la advertencia de que si no se lo quitaban serían agredidos o corridos del lugar, me pareció un poco rara la historia, parecía más un cuento trágico, pero resulta que, la señora que hace el aseo en la casa de mi suegra ya había sido agredida al comprar fruta, en la frutería de la cuadra, por no quitarse el cubrebocas, la dueña de la frutería le escupió la fruta y el dueño de la tiendita de abarrotes insulto en otra ocasión a mi cuñada por llevar cubrebocas puesto.

 

Muy sorprendido y francamente molesto, medite al respecto y quiero compartirles lo que pude resolver en ese momento:

 

Mi meditación dio inicio con esta pregunta: ¿Qué provoca que el corazón y entendimiento de una persona, sea entenebrecido al grado de agredir de tal forma a su prójimo, aliándose con el virus más letal de todos los tiempos?

 

En alguna ocasión, exprese lo que para mi es la violencia y lo cito ahora mismo:

A mi parecer, la violencia es, la ausencia de paz en el corazón de los seres humanos.

 

Pero debo añadir también ahora, a la ignorancia y a la Idiosincrasia de cada lugar, como asociados a los causantes de la violencia.

 

Permítame explicarme:

 

Me quedan claros los esfuerzos tanto del gobierno, la Secretaría de Salud, los diferentes medios noticiosos e informativos, las organizaciones religiosas, los magisterios, instituciones publicas y privadas, todas unidas con una sola causa, procurar el bien común, enfocado en la salud general de nuestra sociedad, con un mensaje que no tiene por que ser ni gravoso de escuchar, ni difícil de entender, mucho menos imposible de llevar a cabo.

 

Son los cuidados mínimos los que nos pueden salvar de esta pandemia llamada COVID 19 o Coronavirus: Usar cubrebocas, procurar el aseo personal y de tu hogar, utilizar ciertos desinfectantes como el gel o el cloro, mantener una distancia adecuada entre personas y repito, nada que en verdad sea imposible de llevar, en especial cuando se trata de tu salud personal y la de mi familia, ya que, al cuidarte tú, cuidas a tu prójimo.

 

Yo no soy un gran sabio, pero si entiendo que me conviene tener cuidados mínimos y por supuesto que, tratándose de mi familia, los que sean necesarios.

 

Con frecuencia los padres de familia decimos que somos capaces de hacer y dar lo que sea por nuestros hijos, pero resulta que no somos capaces ni de permanecer en cuarentena con ellos.

 

Existe algo que se llama Idiosincrasia y esto es:

 

Del gr. ἰδιοσυγκρασία idiosynkrasía que es igual a ‘temperamento particular’.

Se define como: Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de     una colectividad. RAE

Tratándose de nuestra reflexión, me parece que la Idiosincrasia, es un asunto importante ya que el efecto personal, fácilmente se puede volver colectivo.

 

Y la idiosincrasia, envuelta de ignorancia, se convierte fácilmente en una bomba social.

 

Pero el verdadero fondo de este asunto esta en el corazón de los seres humanos.

Nuestro himno nacional, que por cierto es uno de los más bellos e impactantes del mundo, no se usted, pero a mí, se me pone la carne de gallina, coloquialmente dicho, al escucharlo y, me llama la atención lo que expresa en una de sus estrofas:

 

Ciña ¡Oh, Patria! tus sienes de oliva

de la paz el arcángel divino,

que en el cielo tu eterno destino

por el dedo de Dios se escribió.

 

Mas si osare un extraño enemigo

profanar con su planta tu suelo,

piensa ¡Oh, Patria querida! que el cielo

un soldado en cada hijo te dio.

 

¡Que bárbaro! Porque ahora mismo nos conviene escuchar esto, un enemigo común nos esta atacando y lo vamos a vencer únicamente como hermanos, con un mismo sentir y con la meta clara de hacerlo.

 

Nuestro destino como nación, como individuos, como familias y sociedad ya fue escrito por Dios y él no nos dejará jamás, si juntos enfrentamos con sabiduría esta crisis de salud, si actuamos con fe, creyendo que Dios no dejará a quién le busque, su amor perfecto sostendrá la mano del enfermo, siempre que se lo permitamos.

 

De nada nos sirve luchar unos contra otros, ahora más que nunca, enfrentemos a nuestro común enemigo, con sabiduría, con amor y en verdadera unidad, como hermanos.

 

 

 

Muchas gracias.