Sobre el ejercicio profesional

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Son años en que Pedro Ramírez Vázquez es visto en la entidad, en particular en la ciudad de Toluca como el gurú principal de la arquitectura en el país. Por eso la conferencia magistral —así con todas las palabras—, se convierte en un catecismo de la arquitectura a fin de siglo XX. Sobre el tema del ejercicio profesional dice el maestro: El diseño de la escuela rural del Capfce –Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas– es mi mayor satisfacción. Como todo artista, no es que sus obras se prueban sólo en el decir verbal, no, son obra material comprobable. Esa enseñanza es prueba de que los hechos en materia y espíritu se comprueban con la obra hecha y no aquella que se dice ha de ser.

Igual expresa: El diseño de la celosía de madera en el vestíbulo de acceso al Museo Nacional de Antropología e Historia obedece a la función de ver sin ser visto como en las celosías de nuestras iglesias, solución que viene del Islam. No hay genio creador sin sabiduría. Hay que ir cada vez más lejos en la cultura que se recibe a través de la enseñanza que da la vida real o aquella que da la vida de los libros y en este caso los miles de diseños que hay que estudiar a profundidad. La larga lista de arquitectos que en dos siglos tiene el país, nos da prueba de que ha sido la sabiduría lo que ha dado este tipo de personalidades entre las cuales destaca don Pedro Ramírez Vázquez.

Sabiduría de la más elaborada si es posible. Pero también reconocer ese pasado que la cultura popular utilizó para sus construcciones, por ejemplo dice: El alumbre y el jabón son una magnífica solución para la impermeabilización de azoteas. Parece que estuviera hablando el artista visual del renacimiento, como es el caso de Miguel Ángel al preparar sus soluciones para utilizar la técnica del fresco en su Capilla Sixtina. El fresco, admirable técnica que ha de dejar tan bellas piezas para nuestro recuerdo. Leonardo da Vinci al no hacer lo correcto en su admirable obra La última Cena ubicada en la iglesia de San Lorenzo —en la ciudad de Milán—, ocasionó los problemas de deterioro que a finales del siglo XX obligó a su restauración. Así una simple fórmula de jabón con alumbre da respuesta a la protección de nuestras azoteas, cosa intrascendente para quienes habitando dichas casas, no sabe que es a través de ello, que se protege el techo de sus habitaciones.

Ello me hace recordar la creatividad de don Luis Nishizawa, quien en sus talleres de pintura en ciudad de Toluca, enseñó a tantos de sus alumnos para saber de técnicas y mezclas que se podían tener, para mejor proteger la obra pictórica y perdurará más en el tiempo.