Sucede que
Quiero escribir movimiento puro.
Clarice Lispector
Las cebras alzan las patas, se desplazan en línea recta y con fuerza negra. Arriba y abajo… su mirada es de pavor y violencia. Son presa fácil para leones, perros y hienas hambrientas. Son elegantes no sólo por su musculatura de gimnasta sino por la parsimonia de sus colores. Arriba y abajo. Blanco y negro. Los equinos son un misterio. Sus ademanes son oscuros y estremecedores. Las miro en silencio y consternada.
Ahora en el escenario aparecen cinco mariposas, con vibraciones acuáticas se desplazan, agitan sus alas lentamente, trémulas se erigen a sí mismas como reinas del arrebol. Con timidez osada. ¿Quieren ser vistas? Quieren ser vistas. Agitan, agitan sus alas. Se están cansando, disminuyen su velocidad. Son livianas y sus cuerpos son fríos. Ya se quedaron quietas, así puedo apreciar mejor las líneas negras de su cuerpo.
En el centro aparecen dos lagartijas, una hembra y un macho. Están en un ritual de cortejo. Elasticidad es la palabra que pienso al verlos. Sus extremidades se entremezclan simétricamente del hocico a la cloaca. Entonces pienso en estos versos: equitativo en piezas, en valores/ en posibilidad de movimientos.
Sucede que, de pronto, todo danza.
La vida se mueve.
Siempre
se mueve.

