Sueño perfecto

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Dicen que soñar no cuesta nada, en esa lógica, ¿por qué no suponer cosas que nos harían mucho mejores personas y profesionales?

Imagine usted que todo el mundo llegara a tiempo a sus compromisos, sin retrasos, sin caras largas, simplemente acudiendo a cualquier con la certeza de que nuestro tiempo valdrá y será tomado en cuenta.

En esa misma tesitura, sería lindo que cuando llegamos a una consulta médica o a cualquier trámite administrativo, llámese INE, licencia o pasaporte, todos y cada uno de los funcionarios nos reciban con una gran sonrisa, y sin más nada, nos pasen a la ventanilla adecuada con la certeza de que lo que sea que debemos atender, se resolverá en unos minutos.  ¿Mordida?, impensable, no hay necesidad de hacer nada porque además viviríamos en un mundo ético, correcto en el que cada uno de nosotros haría las cosas por el deber ser y no porque signifique un beneficio.

Suponga usted que, para el trámite de las pensiones para las viudas, tanto IMSS como ISSSTE, mandaran a un asesor calificado para que, con la mejor intención de ayudar, oriente, ayude y garantice que ese beneficio social llegue a las manos de la familia en, digamos, 10 días. Se acabarían los peregrinares y desplantes que parecieran que tienen la intención de hacer que la gente se canse para desistir en su genuina lucha.

En todas las casas, padres y madres cumplirían con sus labores profesionales y, tras una jornada de trabajo, correrían a sus casas con la convicción de que sus hijos les necesitan y su presencia es indispensable. ¿Irse a otro lugar?, impensable, ¿encontrar más divertido irse con los amigos que estar en casa?, ¿Qué locura sería esa?

Se acabaría la mentira, nadie tendría la necesidad de estar convenciendo al otro de que es lo que no es o de que es el non plus ultra en todo y para todos; ¿se imagina?, se acabarían esas conversaciones que más parecen competencias para mostrar una fachada que legitime una forma de ser falsa.

Podríamos dejar nuestros autos estacionados en la vía pública y con las llaves pegadas, pues nadie siquiera pensaría en sustraer pertenencias o refacciones, por supuesto que habría quedad claro que cada quién construye su propio destino y parte de este es hacer lo conducente para buscar un estilo de vida digno, con el esfuerzo personal.

Se acabarían esas escenas citadinas de espacios con candados y rejas, nadie se atrevería a tomar lo que no es suyo y todos actuarían como garantes de la propiedad privada; ya no habría necesidad de cerrar calles, todos estaríamos seguros en cualquier parte del país, aunque se llamara, por dar un ejemplo, Ecatepec.

En los diarios dejaría de existir la nota roja y se cambiaría por una sección enfocada al bienestar…no, mal ejemplo.  Pero si estaríamos repletos de buenas nuevas, niños y jóvenes exitosos, potencias mundiales, sin miedos o traumas que nos limiten.

Todo suena maravilloso, pero para que suceda, tenemos que partir del origen, educar para la vida; el problema no son las nuevas generaciones, son los padres que les han educado en la idea del merecimiento absoluto.

Es una pena…pero que bonito sería, ¿no?

horroreseducativos@hotmail.com