TABLA DE UNO
Y uno contempla con lentes bronceados
Las respiraciones sin música
la de uno
Ese tomar y echar del aliento propio y prestado
Como imitación del soplo divino, digamos,
Y ese aire de los catálogos
Para pedir lo que sea
Y me acerco a empañar el espejo
Y escribir allí a falta de hojas
A falta de papeles
A falta de superficie
Es que no hacer nada tiene que ver con mirar
También, en qué se ocupan los ojos que nos toca tener
Las miradas que se van como burbujas aburridas
Y así sucesivamente como una tabla de multiplicar
Que se aburre en sí misma
No solo por lo predecible que es
También es cuando el signo, por,
Se pierde, por ejemplo
En crear alguna filosofía que tenga duende o pellizco
O la hora alterada con frágil eternidad
a falta de palabras,
y en eso, de pronto,
cual novela policial,
reapareces tú,
y tengo que borrar
para salvarme,
todos los signos de puntuación
para ver cómo nos agitamos
en alguna respiración
por lo menos
con cierta melodía
y hasta quizá
con la nuestra
para volvernos a salvar
como de costumbre,
uno por uno.
(Mírame y te enterarás –sin celular–)

