TEXTOS QUE HABLAN DEL ESCRITOR

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Lo mismo escribe de cultura en sus detalles artísticos e intelectuales, que en los que vive como funcionario de ese campo de la vida toluqueña y estatal. Educación, cultura, periodismo, crónica; en todo ello, transita como pez en el agua. No puedo dejar a un lado su texto titulado Toluca también fue a la escuela de párvulos y de profesores, cuenta don Poncho: Cuando el presidente Juárez llamó a don Antonio Martínez de Castro para que se encargara de organizar el aspecto educativo de la República, ya bien sentado don Benito Juárez en el Poder al cabo de vencer a los franceses, el grupo liberal puro se vio en la contingencia de demostrar que sus teorías eran válidas organizando el sistema de enseñanza de acuerdo con sus ideas rectoras. Barreda, los Díaz Covarrubias, Altamirano, pensaban que los eternos pleitos entre conservadores y progresistas debían acabarse en cuanto todo, el mundo estuviese bien educadito. Últimas tres décadas del siglo XIX, cuando don Poncho nos refiere esto nos da una clara lección: porque los mejores hombres del siglo XX fueron herederos ciertos del magisterio de nuestros mejores hombres y mujeres del siglo decimonónico. 

Por eso sorprenden personajes como Alfonso Reyes, Alfonso y Antonio Caso, Genaro Estrada, José Vasconcelos, Isidro Fabela, Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y muchos más que hacen el México después de la revolución de 1910.

Don Poncho, que nace en el año de 1927 corresponde a mexicanos que destacan por su interés en todo. Sobre la educación prosigue: Hay que decir que las ideas liberales sobre la educación prendieron inmediatamente en nuestra Entidad, ya que con el juarismo vencedor retornó a la mandona local don Mariano Riva Palacio, por tercera vez a la silla. Siendo amigo personal de Gabino Barreda, del maestro Baranda, de Alfonso Herrera y otros, era natural que se preocupara por implantar en nuestro medio, sus disposiciones educacionales. Los buenos y éticos hombres del siglo XX son resultado del ejemplo de aquellos que dieron la Reforma y la Constitución de 1857. Sabían de los hechos históricos y conocían la biografía de los más brillantes: eran Juaristas, sobre todo. Y don Poncho es juarista de pies a cabeza. Tal y como lo es don Jesús Reyes Heroles. Hombre que habla de todo. Tanto don Mariano como su sucesor, Alberto García, pusieron en práctica acciones tan importantes como la de establecer educación primaria gratuita y obligatoria, destinado para el sostenimiento de la enseñanza el impuesto personal de los ciudadanos. Primero en un 50 por ciento, pero más tarde llegó a ser hasta el 90. Establecieron las Juntas de Instrucción Pública, estatal y municipales, estas últimas integradas por el alcalde, el síndico y algunos personajes de la localidad.

Educarse en las cosas y hechos del siglo XIX a profundidad no sólo por encimita. A profundidad estudia e investiga el Cronista por vocación y sensibilidad que es. Se sabe ese siglo por todas sus partes, y eso le hace en su tiempo una enciclopedia viva a la que todos recurrimos. Reconoce la acción positiva de dos gobernadores en la entidad: De todos modos se consiguen avances en Toluca, se establece la escuela Preparatoria en el Instituto, obra máxima de Barreda. Y se inicia la secundaria. Como siempre, es Toluca la que recibe las mayores atenciones en cuanto a dinero, mejores planteles, maestros más eficientes. Y se lleva la palma el Instituto Literario, que es el niño consentido. José Zubieta ocupa la gubernatura en 1890 y permanece casi diez años en el poder. Posteriormente, José Vicente Villada se entroniza. Ellos son los que integran el Sistema Educativo Estatal, que prácticamente, duró hasta medio siglo del XX. Zubieta dictará la Ley de Educación en que con mayor claridad se interpretan los ideales e ideas del Liberalismo; eleva la Junta de Instrucción a la categoría de Superior, otorgándole mayores facultades.

Estudiar el siglo XIX es tarea de los cronistas que lo desean ser. En ellos están aquellos que relataron en crónicas magistrales momentos culminantes de la historia o de la grandeza patrimonial, cultura y natural, del México que descubrían a diario. Leer la crónica de la visita que hace José María Heredia al Xinantécatl, contar los hechos de la invasión estadounidense a través de Guillermo Prieto o leer los textos del ejemplar periodista que es Francisco Zarco es entender cómo se hace el relato de los hechos con esa minuciosidad tan característica del verdadero cronista que nació para serlo. Tal y como nos lo cuenta don Poncho en su San Juan Chiquito, por hacer resumen de lo dicho. Los escritos hablan cual vida reencarnada del autor en toda su viveza. Navegar por las letras de don Poncho es un privilegio y un placer.

Cito el libro titulado Escritos Literarios del profesor “Mosquito”, publicado por el H. Ayuntamiento de Toluca en el año de 2015. Tres cuentos o relatos de la mano del Cronista de Toluca comprueban su maestría en el campo de la literatura en general. Bueno en todo ello, la lectura de estos tres textos que llevan el nombre de La mano en el corazón, El bosque se fue de viaje y Clara y Toribio, tanto produjo el Cronista de Toluca, tanto como lo que produjeron aquellos hombres que en el siglo XIX comenzaron a forjar el lenguaje mexicano tal y cual lo conocemos en este siglo XXI. Muchas actividades como hombre de la pluma tuvo que hacer el profesor Mosquito en su existencia. Y la recuperación de sus cuentos o relatos es un hecho excepcional, pues nos permite comprender la imaginación después de llevar durante el día la crónica de que vive el periodista, o el seguimiento a hechos de la vecindad, de los integrantes de la familia o de sucesos excepcionales en el pueblo y ciudad. 

Tampoco es el tema de la poesía donde el poeta desnuda el alma, sino que en el cuento y relato don Poncho nos enseña la belleza de la literatura que nos hace vivir otras vidas, relatarlas con ingenio, sabiduría y mucha, pero mucha imaginación, en fin, contar mentiras que son verdades como lo expresa en su momento el narrador y cuentista premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Libro pequeñito, admirable joya de sus letras que nos hacen saber que el profesor Mosquito está tan vivo, como sus palabras que tienen la cualidad de la ternura y transparencia. Él nos cuenta en su primer texto: ¿Qué por qué digo amargura? Verás hijo mío, te otorgo la condición filial, aunque sólo seas un joven oyamel, porque el que nunca ha tenido un vástago propio, por ausencia, por nostalgia, por frustrados deseos, acaba por arrimarse a los ajenos. Verás, en aquellos dorados y felices tiempos éramos muchos. Un bosque, todo era un bosque en esta hermosa y amena sierrita de Toluca […] Pero el dios malo de ellos sí tenía cuerpo y rostro, tocado de cuernos de venado, cola de sierpe, un pie de cabra y otro de gallina. De qué se hace un cuentista, de su imaginación. De reírse en cada renglón que inventa. Goza tanto, como sólo se puede gozar cuando se hace una crónica de algo chusco, pero con la ventaja que la risa del cuentista es inventada de no se sabe qué realidad que lo mismo cruza el intelecto y talento de don Alfonso Reyes o de Jorge Luis Borges. Por eso me recreo y me invento en las palabras del cuentero que es don Poncho. Y me considero en vida un afortunado de convivir con él en diversos momentos y escenarios. Y que hoy lo pueda leer atendiendo sus consejos del cómo es que se hace el Cronista. Su magisterio es amplio y florido. Y leo su segundo cuento: —Pues sí, es raro. No resulta ser una inventada costumbre de los álamos, ni de cualquiera otra especie arbórea, el turistear por el mundo con la kodak al hombro. Son plantas, sí, pero no de las que se pegan al calzado. Y si de ellos se pueden obtener piececitos, es sólo para volverlos a sembrar. En otras palabras, no caminan por desgracia, cuando se ponen a viajar ya en forma de tablas, tablones, morillos, vigas o polines, es decir, cuando ya están irremediablemente difuntos.