TIEMPO
Me enamoro cada cinco minutos
con toda la cursilería de que soy capaz
sin gramática que importe y sin filtros poéticos
renunciando sin pena
a esos cánones
que ahora ya estorban
la poesía muda de palabra a la acción
de ciertas hazañas
de ciertos guiños
que nos da esa vida
que uno perpetra día a día como adobe húmedo
a sabiendas que en cualquier momento se puede caer o derretir
a la primera lluvia
me enamoro cada cinco minutos de cuanto animal persona o cosa
que se me ponga por delante
o que la convoque
hay un tiempo
donde el rótulo de no hay nada que perder
es la máxima condecoración
para que la locura se oficialice,
invisible
táctica y cómoda
hedonista
como una charla
o como un mate compartido
mientras tanto aquí,
haciendo lo que no,
para no volverse loco
por ejemplo,
hacer estas cosas
esta poesía maltrecha y roída que en el peor
de los casos,
al menos,
puede abrigar,
a quien lo necesite.

