~Tres formas de decir, te quiero~
-Llegaste-
Llegaste, y no hubo más lunas apagadas
ni versos dormidos en el estante,
todo salió de su río en reposo
para fluir como canto festivo
en las madrugadas de abril.
*
Llegaste, y aprendí a tocar con la mirada
y a mirar con las palmas de mis manos;
a retar a las espadas de las horas,
tejiendo guirnaldas con tu tiempo
y haciendo con tu nombre mi alabanza.
*
Llegaste, y vi salir jazmines
de la mala hierba de mis sinsabores,
vi cantar a la roca con el beso del sol,
brotar puñados de versos de la fe de mi alma
y a descubrir los misterios más grandes del amor.
*
Llegaste, y a mí mundo oscuro, le pusiste color.
***
-¿¡Y, si no te hubiera conocido!?-
Si no te hubiera conocido, amor,
no sabría lo que son
las mañanas de canto y rima,
ni el sabor del alquitrán
en las amarras más sensibles
de unos brazos y unas caricias.
*
Si no te hubiera conocido, amor,
me habría quedado en mi crisálida
sin ver la grandeza de mis alas
y los colores de la libertad
en el coqueteo de la esperanza,
con un presente de luces
y un futuro de lunas plateadas.
*
Si no te hubiera conocido, amor,
no sabría lo que es un mediodía
de melocotones y besos
con las especias de tu boca,
ni podría descifrar las interrogantes
de la voz de los suspiros
cuando salen de sus relicarios.
*
Si no te hubiera conocido, amor,
me hubiera perdido de las noches
con todos los luceros encendidos,
alumbrando la intimidad de mis deseos,
donde haces una verbena en mi dorso
y mi vientre te aclama deseoso.
*
¡Ay… amor, si no te hubiera conocido!
***
-Permíteme…-
Permíteme tejerte un día
con el perfume inolvidable de los minutos,
sin absurdos paisajes del olvido,
donde esté para ti y tú estés para mí
en la totalidad del reloj, con todos nuestros sentidos.
*
Sí, siendo sol y tierra en eterno idilio,
déjame sacar de mis trojes y mis almacenes
todos los granos sagrados del sentir
que tengo guardados y reprimidos
y que tú, los tienes bien merecidos.
*
Por favor, te pido, que me des la gracia
de escuchar los tambores de la victoria,
al dejarme ser yo misma cuando recorra
con las naves de mis labios y mis dedos
todo el mar de tu candoroso cuerpo.
*
Sin atajos, ni trabas, ni ataduras,
permíteme ser yo misma,
cuando en tus tierras descubra
la verdadera esencia de la vida,
en todo tu centro y todas tus aristas,
simplemente, porque te quiero… y me quieres.
*
Fue entonces, que, al mirarme en sus ojos…
Se acabaron los atajos, y se esfumaron las trabas, y ya no vi las ataduras, y aquel, por favor, se convirtió en un ruego. Y fue él, quien me pidió escuchar la voz de mi sentir, y fue así, que le dije: ahora, amor, soy sol y tierra en eterno idilio con los poemas interminables de nuestros besos, y de nuevo le dije: permíteme tejerte un día, con el hilo rojo de mi pasión y el perfume inolvidable impregnado en los minutos cuando te tengo, donde no existe el paisaje del olvido, donde eres mío y soy tuya, en la totalidad de las horas con los minuteros de nuestros dedos, deseos de nuestros sentidos.
***

