Tula y Chichén Itzá

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Preguntar como lo hace el filósofo que en verdad lo es: ¿Cuál es nuestro pasado indígena, la época colonial española y qué la etapa independiente de Toluca? Hacerlo todos los días para serle fiel a nuestra ciudad y municipio. Donde mucho hay que hacer por recuperar el indigenismo y sus aportaciones a nuestra cultura. Sobre la ciudad de Tula, Luis E. Arochi expresa: Son varios los textos del siglo XVI que mencionan a Tula, Ribeira, que llegó a México en 1529, cita el lugar en repetidas ocasiones y, por la información recabada, deduce que en una época el maíz era allí muy abundante, pues sus mazorcas, debido al gran tamaño, se debían llevar abrazadas; las cañas de bledos eran tan grandes que bien podían subirse a ella como si fueran árboles; las calabazas también eran de gran tamaño

La siembra de algodón era abundante y germinaba de variados colores. Las aves merecían especial atención, pues había de diversas especies, unas de varios colores en el plumaje y otras de canto dulce y suave. Asimismo señala que había abundantes árboles de cacao de distintos colores, aseveración que ubicaría a Tula en una zona tropical, ya que la cultura del cacao requiere de ese clima y de tierra fértil. ¿Faltó a Toluca antigua las riquezas de las zonas tropicales acaso? ¿No tener riqueza minera no le permitió alcanzar el desarrollo urbanístico de una ciudad como Zacatecas? ¿Acaso no era suficiente su riqueza acuífera venida del volcán Xinantécatl? O la razón, sirve preguntar, es porque la cercanía a la poderosa presencia conquistadora de nahuatlacos, no le dejó desarrollarse, como correspondía a la presencia de cuatro grupos étnicos que aún tienen vigencia en nuestro siglo.

Tula y sus hermosas esculturas. Dice Arochi: Traduce su nombre como “lugar de fertilidad y abundancia”, donde había señales de las obras que allí hicieron sus pobladores. Así, el franciscano escribe acerca de joyas y piedras preciosas que se extraían de la tierra. A este extraordinario lugar —utópico en el convulsivo siglo XX— el clérigo lo ubica en la ribera de un río junto al pueblo de Xicotitlan, el cual estaba poblado por un grupo de chichimecas, hábiles en el labrado de la piedra, conocidos por esta razón como tulanes o toltecas. Todo un viaje por el mundo de la imaginación, de la historia que es un mundo de mundos con las más diversas propuestas. 

Escribe Arochi: Casi trescientos años después de haber concluido su obra publicada en el siglo XIX, Tula fue localizada e inician su exploración Antonio García Cubas y Charnay… Deber es hacer biografías de aquellos que descubrieron o descubren para quienes les somos contemporáneos. Arqueólogos y estudiosos que han dado luz sobre nuestro rico pasado debemos darles un lugar de privilegio en nuestra memoria. Sobre las exploraciones Arochi escribe: El 15 de febrero de 1873 Antonio García Cubas escribió un importante artículo de las investigaciones en Tula, Hidalgo, que fue publicado ese mismo año en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística

El trabajo desarrollado por Arochi con respecto a los orígenes de Tula son de gran importancia, pues además nos conecta con lo que es el interés particular de comprender de dónde vienen los orígenes de Toluca y el valle que le enmarca. Cuenta el investigador: En las excavaciones realizadas por García Payón años antes en Calixtlahuaca, estado de México, se obtuvieron tipos de cerámica similares a la Mazapa, lo que establece un nexo con los matlatzincas. Acosta resume la frutífera primera temporada en excavaciones, como una conexión cultural entre Tula-Mazapa- Calixtlahuaca, y posiblemente en Coyoltlatelco, y que ellos forman el complejo cultural tolteca, que floreció en el centro de México después de la era de teotihuacan, hasta la época de los aztecas. Datos relevantes para así comprender el por qué se dice, que fue en el año 640 d.C. que se funda la ciudad del dios Tolotzin. Mientras Tula alcanza su mayor desarrollo en el 900 d.C.

Motivo de estudio el libro de Arochi llama a tenerlo como de cabecera. Mucho nos enseña Tula en las investigaciones hechas sobre los orígenes de su presencia imperial que vemos al visitar sus atlantes. Resulta así, que cada Gran Ciudad del México prehispánico lleva a hacer un libro por lo menos de cada una de ellas. Así deberá de ser en el futuro. Miro el texto que mucho enseña, y encuentro dos palabras mayas: Chichen Itzá. La ciudad mágica de una cultura legendaria que es orgullo de los mexicanos por contarla en nuestro territorio. El escritor dice: El suelo de Yucatán / A las corrientes españolas del siglo XVI les llamó la atención la pareja vegetación del norte de la península de Yucatán como si hubiese sido cortada a tijera, y más les sorprendió aún la producción de la tierra. 

El controvertido Diego de Landa escribió maravillado acerca de la siembra que el maya hacía entre las piedras y sobre ellas. Comentaba que en lugar de depositar las semillas en la tierra, en donde crecían todos los árboles y germinaba la semilla. Consideraba como causa la mayor humedad conservada en las piedras en relación con la tierra. Asimismo, enfatizaba que Yucatán era la zona de menos tierra que había visto, porque todo era una viva laja y había pocas partes donde se excavara a poca profundidad y no llegara a lajas muy grandes. El cronista menciona que la piedra, la cal y cierta tierra blanca eran excelentes para la construcción.

Todo un viaje por el pasado que estuvo sepultado o destruido por siglos en estos 500 años de olvido. La lección que recibimos no sólo en México, sino para América Latina, es que ahí están nuestros orígenes y es deber con terquedad necesaria, profundizar para darnos cuenta lo que fue y es, el lugar de nuestros orígenes. Cuenta Arochi: Las investigaciones geológicas en la península iniciadas a finales del siglo XIX, han demostrado que su superficie está formada por piedras calizas cubiertas por una pequeña costra de caliche —conocido como laja—, que es propiamente el suelo resultado de una consolidación secundaria del material suelto infrayacente

Prosigo el relato: …Situada a tres kilómetros aproximadamente al oriente del Pisté, dio lugar a una clasificación geológica llamada formación Chiche Itzá, que agrupa rocas casi en su totalidad calizas pertenecientes a la era eocénica, que comprende tres miembros que difieren por características litológicas y por la microfauna en contrada, perteneciendo Pisté a una de ellas. Pisté, poblado cercano, se considera un tipo geológico que se encontró en un área extensa de la parte central de la península cuenta Arochi. Al pensar en este tipo de suelo, se comprende el por qué la construcción de vías del tren que se desea hacer en el sureste del país, ha traído tantos problemas para defensores ecologistas: saben que dicho suelo no puede soportar el peso del paso del ferrocarril; además el subsuelo en su subsuelo cuenta con riqueza acuífera que llamamos cenotes. Riqueza histórica de Grandes Ciudades. 

Escribe: …Del cenote antes descrito y del grupo étnico que pobló originalmente el lugar se deriva el nombre de maya de la gran ciudad localizada a 120 kilómetros de la moderna Mérida, y asiento también de otra gran ciudad prehispánica destruida en el siglo XVI. Traducido al español Chi significa boca, Chen, poso, e Itzá, el nombre de un grupo étnico. Este se desplazó de un lugar cercano a la laguna de Bacalar (ubicado al sur de Quintana Roo), en el año 435 y, llegó varios años después, en 455 a Chichen Itzá, según narran los libros de Chilam Balam […] la que abandonaron en 692 para irse al actual Champotón. Allí se habrían establecido hasta 948 d.C. y regresarían a Chichen Itzá en 968 acompañados probablemente por grupos que habrían poblado Tula en el estado de Hidalgo, dando otra fisonomía arquitectónica religiosa al lugar. Hasta allá anda nuestra investigación al trata de comprender lo que otomíes, matlatzincas y mazahuas vivieron al ser influidos por culturas más antiguas, llenas de riquezas de antigua trascendencia.