Turquesa
Otra vez la mirada de ella
se pone en la proa que surge de esos
aires, blancos quizá como el aliento de Dios.
Y sin mitología que valga,
ella,
con blue jean y polo,
que los usa
como si estuviera en una gala de alfombra blanca,
porque mientras se peina y
le sonríe a los espejos,
ellos humillados,
se empañan y en su tristeza,
ella se va, buscando
en pleno desvarío universal,
algún polvo de estrella
para maquillarse,
ignorando
que su belleza astral y no astral, no lo necesitan
Y ahora, en la nariz de algún avión,
traspasa cualquier soledad
y las nubes, como algodones,
se le acercan, por si de pronto el sol
se oculta y hace frío
y ella,
la Turquesa,
la mujer de las mil sonrisas,
se pone triste con su mirada parpadeando muy lentamente,
pero ignora también, que su mirada triste,
según cuentan algunos griegos que todavía pueden reconocerla, que esa,
es la más feliz, la más alegre, la más elevada, la más bella,
como todo lo que sale de ella.
Y yo la conozco.

