¿Última llamada?

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El mundo está en crisis, y no sólo por la inagotable pandemia, sino porque en el día a día nos empeñamos a dejar de lado nuestra racionalidad, nos negamos a retomar valores elementales y preferimos priorizar lo que sea, menos nuestros compromisos y responsabilidades.

Con cada vez más frecuencia vemos personas que, en aras de mantener una imagen positiva ante el mundo, se rehúsan a ver la realidad que enfrentan y sistemáticamente niegan que exista problema alguno, a pesar de la evidencia.

Padres que justifican lo injustificable, cerrando los ojos y queriendo vender una verdad que solo existe en su imaginación; profesionales que, contra todo protocolo y sentido ético, engañan a sus clientes prometiendo aquello que saben no están en condiciones de cumplir, jugando con las necesidades del otro, sin recato, sin empacho, sin ma…neras adecuadas.

Personas que asumen posturas dogmáticas, intransigentes, autoritarias, suponiendo que desde el terror y el amedrentamiento se logran los objetivos planteados; ¿Cuándo entenderemos que el activo más valioso en las instituciones es la gente?

Familias que olvidan los valores éticos fundamentales y, con absoluto cinismo, legitiman actos de violencia entre sí, educan desde la cultura del engaño, modelan conductas inapropiadas, construyendo hijos capaces de sentir que todo lo merecen, convencidos de que pueden lograrlo todo porque amenazan, imponiendo sus mezquinas ideas sobre el bien común.

En este mismo sentido, llegamos al descaro de hacer saber en redes un mundo de fantasía, mientras en la intimidad de los hogares somos incapaces, no solo de convivir, sino de hablarnos con quienes habitan el mismo techo.  Todo esto, bajo el amparo de adultos que, lejos de buscar acuerdos, permanecen en silencio haciéndose cómplices de contrasentidos tan graves.

En la calle, conductores que parecen desconocer las normas básicas de urbanidad y, sin culpa alguna, agreden, se empoderan y omiten cualquier respeto a quien ose cruzarse en su camino; padres de familia que arrojan basura en la calle, frente a la mirada atenta de los hijos que, por supuesto, acabarán por repetir el patrón en algún momento.

¿Qué nos está sucediendo?, ¿cómo fue que modificamos nuestros paradigma de manera tan negativa?, ¿en dónde quedó nuestra capacidad de construir acuerdos?, ¿cómo es que las sociedades se han permitido caminar en sentido contrario?

Podrá sonar a cliché, pero aún en esta adversidad tenemos opciones; quienes tenemos un poco de conciencia, debemos hacer labor para convencer al otro de que vale la pena el esfuerzo, es una oportunidad histórica para mostrarnos que toda esa supuesta inteligencia que presumimos puede tener una aplicación concreta.

No hacer las cosas, no intentarlo, pueden condenarnos a un destino tremendamente adverso; si todos quienes tenemos un dejo de interés comenzamos a sumar fuerzas, estoy convencido de que podremos afrontar esta innegable carencia de sentido que avanza con tal fuerza, que podrá aniquilarnos en algún momento.

Padres de familia, educadores, autoridades, gobiernos, despertemos del letargo y luchemos por hacer las cosas mejor. Hagamos notar los errores, pero trabajemos para suprimirlos.

¿Será nuestra última oportunidad?,  todavía podemos tener una respuesta positiva.

horroreseducativos@hotmail.com