Un milagro que no se realizó y mi gato en el tejado
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Mi gran novela que no llegó a ver la luz, aunque las llamas fueran bastante altas.
Capítulo uno:
Andaba apesadumbrado, porque nadie me llamaba; hacía años que mandé mi primera novela a la editorial Las llamas del espíritu y mi inquietud constante, contrincante de mis esperanzas, a pesar de la rivalidad, no se daban por vencidas. Era tan persistente, la pesadumbre, que llegué a aceptarla como de mi familia. En el fondo, las dos, desazón y dudas, tenían mucho en común y quién sabe si razón, teniendo en cuenta lo que ocurrió.
Dedícate a otra cosa y no pierdas más el tiempo. Lo tuyo no es la escritura, con una sola voz me repetían. Pero yo, que no le temo al pasado, (salvo cuando pienso en él), y que soy algo temeroso con el presente (cuando me miro al espejo) y bastante miedoso con el futuro (cuando me da por soñar). A pesar de todo, no me rendía.
El caso es que, para salir a flote y no ahogarme definitivamente, (en el mar revuelto de las letras, cosa que me pasaba a menudo), me conformaba diciendo: Sigue adelante, no les hagas caso, aunque lleven razón, la tuya es más poderosa y, además, no sabes hacer otra cosa.
Y bueno, que, si escribo esas cosas, no lo hago para demostrar que soy capaz de escribir como lo haría un escritor de verdad. No, no es por eso, es como un desahogo por lo que me pasó luego, cuando tomé una decisión y la llevé a cabo.
Resulta que, después de cinco años esperando respuesta de la editorial, me dije: ¿será que mi novela la han perdido? Porque tan convencido estaba de que era una gran obra, que no entendía por qué no me llamaban.
Así que, con mis mejores ropas, zapatos cómodos y con una actitud resuelta, que ya la quisiera el más optimista, me puse en camino hacia la editorial Las llamas del espíritu, que, aunque me quedaba algo lejos y todavía me podía pagar el viaje en autobús, decidí ir andando.
Eso me daría tiempo a pensar en las posibles opciones, caso de que me recibieran y me dieran una respuesta a la altura de mi gran estatura, del gran escritor que soy. A continuación, algunas:
Pero antes, un pensamiento que no puedo sujetar: La imaginación, fuente donde beben mis ilusiones, es el agua que me niega el conocimiento.
—Su libro está en estudio, es necesario analizarlo a fondo.
—Su novela aún no la han evaluado lo suficiente.
—Tenemos al personal muy ocupado (no sabe usted cuántos libros nos llegan)
—De momento tenemos cubiertas las asignaciones para nuevas publicaciones.
—Tenga un poco de paciencia, igual se lleva una grata sorpresa.
—Lo sentimos muchos, su novela, de momento, no entra en nuestros cálculos.
—Gracias por confiar en nosotros, en breve tendrá respuesta.
Como andaba dándole vuelta a cada una de esas posibles respuestas, el camino se me hizo corto, tanto, que ya cerca, mi olfato, esa cualidad que muy pocos tienen, me alertó de algo que estaba pasando y mis ojos aún no veían.
Huelo a quemado, me dije, y en esa, me paro buscando el humo, al tiempo que mi inquietud ya empezaba a sentirse chamuscada. Tengo que decir que soy bastante aprensivo y que cualquier cosa, o pensamiento negativo, es capaz de sumirme en las mayores de las desgracias sin que hayan llegado.
Seguí andando con la mosca detrás de la oreja, no sabía si hacer caso a mis exagerados temores y dar media vuelta, o seguir adelante, en la confianza, más bien esperanza, de que no pasaba nada, que no tenía que temer nada.
A medida que me acercaba a mi destino, al olfato, se unieron unos sonidos, largos e intermitentes, que saturaban mis oídos: pulular de sirenas enloquecidas me llamaban, me arrastraban a un abismo que no veía, pero que presentía.
Al doblar la esquina, me encuentro la calle cortada; barreras y cintas me impedían seguir. Al fondo, coches de bomberos y bomberos desplegando las mangueras. Me acerco a un policía y le pregunto: ¿Qué pasa? Por la forma en que me miró, descubrí que una mirada, a veces, no necesita palabras para hacerte pasar vergüenza y me dije: creo que eres más necio de lo que dice tu pesadumbre y más de lo que piensan tus allegados.
Al ver la humareda, me hice una pregunta, la que dio pie a mi segunda historia. ¿Qué parte de esa humareda será la que corresponde a mi novela? Es de loco pensar en una nueva novela cuando la editorial Las llamas del espíritu, estaba en llamas; una hoguera tan grande como mis temores, donde se quemaban mis sueños y se consumían mis preguntas, y de nuevo con la ilusión desbocada, pero ese es mi destino, trazar caminos sin saber si podré transitarlos.
Con lágrimas en los ojos, en las que una parte eran por el humo y otra por la pena donde se ahogaban mis ilusiones, me di la vuelta sin saber a dónde ir.
Estaba en ese instante en el que te sientes delante del abismo y algo en su fondo te llama: llamas que devoran todo cuanto le llega y ahí estaba mi novela. Ir a por ella y salvarla de las garras del olvido, no era la mejor opción, en vista de lo que mis ojos apenas podían ver; humos y lágrimas mezclados entre sí, pero, aun así, sin miedo al vacío, me volví, quise dar un paso adelante dejándome llevar por la esperanza, esa confianza en la fe que, cuando te abraza, todo parece posible, sin serlo.
¡Pero, ay del humo!, tan intenso y negro como mis temores, que me cegaban haciéndome llorar. Así que, pensándolo mejor, no tuve más remedio que dar media vuelta y salir corriendo de aquel calor abrasador donde se estaban consumiendo mis sueños.
Sin destinos, así estoy desde aquel día… hace ya bastante tiempo.
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La semana que viene el final. Si Dios quiere, el fuego no lo impide y mi gato me lo permite.
Gracias, por seguir mis humildes historias Persiguiendo un sueño. Abrazos.
Que Dios guíe tus pasos, proteja tu corazón de dolores y penas, y colme de bendiciones tu alma.

