UN PRECURSOR SUDAMERICANO

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Mi lectura del libro conmemorativo por los 200 años del inicio del movimiento de independencia (1810-2010) que lleva por título Historia de México, publicado por Presidencia del Gobierno de la República, por la Secretaría de Educación de México y Fondo de Cultura Económica, en tiraje de 250 mil ejemplares. En el capítulo VII llamado La Independencia (1808-1821), la investigadora Virginia Guedea escribe: El proceso por el que Nueva España se convirtió en el México independiente forma parte de procesos históricos más amplios. Por un lado, constituye el inicio de la formación del Estado Nacional Mexicano, que abarca buena parte del siglo XIX, Por otro, es parte de lo que conocemos como la revolución hispánica, que al tiempo que llevó a España a convertirse en un Estado moderno provocó la desintegración de su imperio, habida cuenta que no sólo Nueva España se independizó de la metrópoli, sino que también lo hicieron casi todos los territorios españoles de América. Esto es lo que no debemos olvidar, pues al revisar sólo el movimiento de independencia de México perdemos de vista que varios países lograron su libertad de facto y por ley mucho antes que la nuestra del 28 de septiembre de 1821.

 

En mis lecturas recurro al libro Letras hispanoamericanas en la época de la Independencia, encuentro un texto que nos comprueba cómo es que antes de 1808 ya los movimientos estaban por varios lugares de lo que ahora llamamos Latinoamérica. Bajo el título Francisco Miranda se cuenta la biografía de este personaje cuya importancia es vital en la libertad de Sudamérica, pues no sólo fue un libertador, sino que tuvo relación con Simón Bolívar, siendo maestro del mismo en ese tiempo, leo: Este precursor de la independencia hispanoamericana nació en, Caracas en 1750. En dicha ciudad fue educado y posteriormente, ya en Europa, fue empleado por el ejército español y combatió en África del Norte; en 1780 se le envió a América para participar en la guerra de España contra Gran Bretaña, por haber sido acusado de traición, Miranda tuvo que huir a los Estados Unidos donde conoció a Washington, Hamilton y Paine, distinguidos patriotas norteamericanos. Volvió al continente europeo, pero antes estuvo en Inglaterra. En Europa viajó extensamente y en Rusia se convirtió en conocida figura. El personaje que representa Francisco Miranda tiene que ver con todos los países latinoamericanos, con él, Simón Bolívar encontró su mejor aliado para lograr que el congreso, el 5 de julio de 1811, declarara la independencia de Venezuela. Si este es importante hecho sólo tuvo vida por un año, pues los españoles lo derrotaron en Valencia, ocasionando con ello que se le exiliara a España donde muere en el año de 1816, sus 66 años de una vida por demás fructífera.

 

De él, se recuerda el texto llamado Proclama de Coro de fecha 2 de agosto de 1806, donde se lee: Don Francisco de Miranda, Comandante General del Ejército Colombiano, a los pueblos habitantes del Continente Américo-Colombiano / valerosos compatriotas y amigos: Obedeciendo a vuestro llamamiento, y a las repetidas instancias y clamores de la patria en cuyo servicio hemos gustosamente consagrado la mejor parte de la vida, somos desembarcados en esta provincia de Caracas. La coyuntura y el tiempo nos parecen sumamente favorables para la consecución de vuestros designios; y cuantas personas componen este ejército son amigos o compañeros vuestros; todos resueltos a dar la vida su fuese necesario, por vuestra libertad e independencia, bajo los auspicios y protección de la marina británica. Hombre de mundo, caudillo de vocación Francisco Miranda para inicios del siglo XIX viene al nuevo continente a levantar al pueblo con una visión del mundo moderno.

 

Lo interesante de esta Proclama de Coro es que como texto refleja mucho del pensamiento y espíritu que rodea a Latinoamérica a través de la visión de criollos que desean una patria ajena al mando de los españoles. Se lee: Con estos auxilios podemos seguramente decir que llegó el día, por fin, en que, recobrando nuestra América su soberana independencia, podrán sus hijos libremente manifestar al universo sus ánimos generosos. Deseo de libertad, de ser hombres libres capaces de hacer riqueza que se distribuya entre el pueblo, y no sólo a una clase o estrato social, como sucedía en el anquilosado comportamiento de los novohispanos, que eran a la vez los neomedioevales que tarde querían seguir imponiendo su régimen de retroceso ante el paso de la historia. Francisco Miranda y Simón Bolívar que se educaron fuera de América hispana sabían eso. Y lo que en los países modernos del centro y norte de Europa ya no se soportaba, mucho menos ellos lo que rían para sus nacientes países.

 

Por eso en la Proclama de Coro, Miranda dice: El opresivo insensato gobierno, que oscurecía estas bellas cualidades, denigrando con calumnias nuestra modestia y carácter, consiguió también mantener su abominable sistema de administración por tres siglos consecutivos; más nunca pudo desarraigar de nuestros corazones aquellas virtudes morales y civiles, que una religión santa y un código regular inculcaron en nuestras costumbres, formando una honesta índole nacional. Años atrás del 16 de septiembre de 1810 por todos los rumbos andaban los sentimientos de recuperar lo que por 300 años se había perdido. Criollos, Mestizos, indígenas, campesinos y mineros, por no señalar toda esa gama de mestizaje que creaba nuevas razas y bellezas en el hombre y la mujer de este lado del Atlántico al occidente de España.

 

Tenemos que preguntarnos cuánto de esto leyó don Miguel Hidalgo y Costilla y el propio José María Morelos y Pavón, leo en la Proclama: Valgámonos, pues, de estas mismas estimables prendas, para que, expelidos los pocos odiados agentes del gobierno de Madrid, podamos tranquilamente establecer el orden civil necesario a la consecución de tan honrosa empresa. La recuperación de nuestros derechos como ciudadanos y de nuestra gloria nacional como americanos colombianos, serán acaso los menores beneficios que recojamos de esta tan justa como necesaria determinación. La Proclama tiene todos los componentes que han de invocar el pensamiento libertario de la nueva América ya no más territorio de la España imperial.

 

Se necesitó un cerebro con estas experiencias de militar que anduvo por tres continente haciendo la guerra, para entender que de lo que hablaba lo hacía porque era un espíritu moderno que invocaba la libertad como un pensador liberal y un ciudadano democrático. Por algo no lo habrán fusilado ni mancillado, como sí lo hicieron con nuestro Miguel hidalgo y José María Morelos los opresivos y terribles gobernantes de ese tiempo, resumidos en lo peor de los militares y el alto clero de ese siglo XIX.  Tenemos que decir, que estas palabras las leeremos después en algunos textos de nuestros más grandes insurgentes: Que los buenos e inocentes indios, así como los bizarros pardos y morenos libres, crean firmemente que somos todos conciudadanos, y que los premios pertenecen exclusivamente al mérito y a la virtud, en cuya suposición obtendrán en adelante infaliblemente las recompensas militares y civiles, por su mérito solamente. Es el lenguaje de Morelos el que está aquí, y que con el Siervo de la Nación habremos de escucharlo en esos años de tan difícil tránsito fueron entre 1811 y 1815 al llegar el 2 de diciembre su fusilamiento en San Cristóbal Ecatepec, estado de México. Sólo por los méritos y el buen comportamiento se debe juzgar a un buen ciudadano. No por sus riquezas y soberbias que son debilidades del espíritu y dolor para el cuerpo. Los prolegómenos en sus primeros años del 1800 fueron letales para un régimen imperial, que no podía cargar con la dignidad de imperio que fuese respetable ante el mundo. La invasión napoleónica fue letal.