UN VESTIDO ENCANTADO CON OJOS EN VEZ DE LUNARES

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Nada me decepciona, el mundo me tiene hechizado.

Quevedo

Ella colecciona noches,

Estrelladas y tupidas y de todas las estaciones y con lluvia y

sin ella, a veces con granizo, o con nieve nivel copos o con rocío

que le embadurna el cuerpo que ya vive húmedo de tanto

transpirar adrenalina desbrujulada con pantones incluído.

Ella es la bruja que usa vestidos conservadores que los vuelve

minifaldas remangándolos cuando entra en estado de gracia,

porque como no tiene bolsillos ni los tendrá,

sus ojos son la oquedad perfecta como canguro para

guardar las noches dichas desde la dicha

y acuarteladas

con el arsenal de sus miradas que desde el aire el mar y la tierra

vuela, vuela escurridiza, sabiéndose blanca con manchas blancas

con la piel en carne viva, pero amorenada por el sol naranja

que también se mete a los ojos como la maleta del

gato Félix, o la caja de pandora o alguna bóveda sofisticada de algún banco perdido de Nueva York

y así, ella se me presenta con su voz de locutora nocturna de la BBC

que no tiene micrófono siendo capaz de hablarle al oído al mismísimo

llamado Dios y convencerlo.

Ella tiene un vestido que muta, para hacer el amor, para sentarse como fina cortesana, para limpiar lo limpio, para exhibirse ante mí,

Y provocarme con todos los lunares posibles que son varios y esparcidos

por todo el cuerpo, prueba aquella de su destello permanente, de tobillo plano y clavícula saliente, señales ancestrales de que ejerce su magia,

volviéndose en gerundio permanente como máquina imparable de hacer cosas, incluido nuevamente el arte de la almohada llevándolo de oriente a occidente en un parpadear.

Yo la beso en la frente y en la punta de la nariz y entra en trance,

desde mi ignorancia de canillita analfabeto.

Es así que me visita, se aparece, para entrar a mandalas con humo o sin humo

Como si ella fuera además de muchas cosas un peligroso vademécum

por aquello de la alquimia del antiguo testamento desde donde supongo,

viene su primera vida felina que maúlla en vez de roncar,

que se desliza en vez de caminar y

que destila aceites afrodisiacos para que beses sus ojos

Y la historia siempre empieza y termina en la misma página

Como la primera vez que me clavó su mirada

Con su minifalda color ojos

Y su cuerpo en rapsodia azul

Con el que habla y subyuga y maneja y encanta

porque cuando ella se hace presente,

el resto no se puede escribir.