UNA BARRIDA POR DONDE PASA LA SUEGRA
Me encuentro recordando este dicho bien dicho, por cierto, que solían decir las abuelitas con demasiada cautela para referirse a que llegarían a casa las visitas y era importante tener limpia por lo menos las áreas más visibles y evitar a toda costa que las visitas se sorprendieran al encontrar suciedad. Así que comenzaba la cuenta regresiva; era una carrera por darle brillo a la sala, esconder debajo de los sillones el polvo que nadie encontraría a menos que diera un vistazo debajo del sofá. Este dicho lo encuentro propicio, puesto que, al entrar a las calles principales que dan acceso al centro de Toluca, normalmente nuestra mirada se enfoca siempre al límite de los negocios que están en la primera planta; es casi una rutina ya memorizada para los que transitamos sus calles a diario.
Estas calles contienen tantas urbanhistorias que se cuentan por montón, desde traer a la memoria que en ese lugar fue nuestro primer empleo, que en ese otro lugar acordamos una cita con una parejita, hasta recordar que en esa o aquella zapatería compramos los zapatos que usamos en un evento importante. En algunos casos, estos negocios están en aparente cuidado, salvo algunas ventanas y cortinas que denotan el paso del tiempo, la pintura opaca, con grafitis en las paredes, puertas muy antiguas a las cuales no se les ha dado mantenimiento. Sin embargo, al tener las calles y negocios ya ubicados, todo lo demás parece normal.
Ahora la percepción de estas calles cambia cuando ponemos la mirada en lo que sigue de esos primeros negocios y miramos hacia arriba de ellos; entonces el panorama es distinto, ya no se trata de un negocio donde entran y salen personas todos los días, es ahora dos y tres pisos más con oficinas abandonadas. Son relativamente pocos los casos de oficinas que se rentan; el descuido ha cobrado factura y en muchos de esos letreros, ya no se alcanza a distinguir el teléfono de contacto para brindar informes. Estos son sólo algunos de los hallazgos que encontraremos si observamos más a fondo. Al seguir avanzando, encuentro bodegas abandonadas que sirven de refugio para productos chinos que se venden muy bien. Departamentos que fueron en algún momento para renta; sin embargo, los costos elevados los vuelven casi imposibles de habitar.
Sigo observando y me encuentro con un boiler enorme sobre la calle de Lerdo, casi esquina con la calle de Sor Juana Inés de la Cruz. Debajo de ese gran boiler que sirve como publicidad se encuentra un negocio que repara calentadores y boilers, bastante llamativo, puesto que a simple vista sobre esa calle el negocio está rodeado de otros más que se encuentran abandonados; así mismo, el color del establecimiento no permite distinguir qué es lo que ofrece ese negocio.
Sobre la calle de Juárez, una de las más transitadas, en el primer piso hay negocios de ropa, calzado y bisutería, así como negocios de productos chinos que, dicho sea de paso, acaparan la mayoría de los locales en la zona centro. Ahora bien, la parte que le sigue a éstos en su segundo y tercer también son departamentos vacíos, oficinas que se anuncian por redes sociales prometiendo empleos a jóvenes para atender llamadas de call center, áreas administrativas y recursos humanos, pero que al llegar a las entrevistas el trabajo consta de realizar actividades que nada tienen que ver con el perfil que solicitan en los anuncios de empleo; hablamos de un fraude con empresas fantasmas.
Por ello, pensar en dar una limpieza a nuestras calles del centro de Toluca implica no solo una barridita, como dice ese dicho por donde pasa la suegra, sino una verdadera limpieza a los establecimientos que, no por estar en la parte de arriba, dejan de ser importantes, así como saber para qué fines son rentados y evitar de esta manera que muchos jóvenes sean engañados con trabajos fantasmas.
Para quienes escriben la crónica cotidiana, es necesario hablar también de lo no visible, de lo que parece no relevante; como menciona la periodista Margo Glantz: La literatura muestra la realidad, no puede ser moralista. Es también una invitación a mirar más allá de lo aprendido, como complemento de lo que ya conocemos, es decir, mirar desde lo real, mirar a Toluca desde arriba.

