Una breve historia que inicia desde antes del primer olimpionikós

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Sin duda, el atletismo es el deporte organizado más antiguo del que se tiene registro. La primera referencia histórica oficial es una lista de los atletas ganadores de un pentatlón celebrado en Grecia en el año 776 a.C. Disciplinas como carreras, saltos, lanzamientos y pruebas combinadas estaban presentes en los Juegos Olímpicos de la antigüedad y también en los modernos, desde 1896. Sin embargo, el inicio podría ser tan antiguo como la humanidad misma, desde que el ser humano requirió sobrevivir y satisfacer algunas necesidades básicas como comer, la tendencia natural es poner a prueba sus recursos físicos y para sobrevivir hacía falta correr detrás de la presa para posteriormente cazarla. También se han encontrado evidencias de actividades atléticas en Egipto que se realizaban a más de tres milenios de distancia. En la literatura se han registrado descripciones de carreras celebradas en la Hélade al menos mil años antes del nacimiento de la era cristiana, asociadas a fiestas religiosas. Algunos autores hablan del origen de los Juegos Olímpicos, nombre que hace referencia a la ciudad de Olimpia, al noroeste del Peloponeso, en el año 1222 a.C. y otros en el 884 a.C.

 

También señalan que el primer olimpionikós cuyo nombre conocemos es Coroebus, quien venciera en la carrera de velocidad en el año 776 a.C. Se trataba del hijo de la tierra ya que venía de Elis. En un principio la prueba del stadion era la única del programa. Más tarde se incorporaron el diaulos, el dólico y el pentatlón, esta última consideraba el stadion, salto de longitud, disco, jabalina y lucha. Los vencedores recibían grandes honores, además algunas de sus hazañas eran relatadas por grandes filósofos. Es más, gracias a Hipías, Aristóteles, Escipión el Africano entre otros, hoy se conoce a la mayor parte de los antiguos campeones. Aun cuando no se tienen registros confiables de las marcas realizadas en la antigüedad, había otros eventos de importancia como los juegos píticos, ítsmicos y nemeos. Los primeros se celebraban en Delfos y tenían una resonancia similar a los juegos olímpicos, en donde los atletas recurrían ocasionalmente a brebajes misteriosos para mejorar su rendimiento. Inclusive dicen las leyendas que algunos se extirpaban el bazo, ya que la medicina antigua no apreciaba el verdadero valor de este órgano.

 

Otra leyenda cuenta que el primer maratonista fue el griego Filípides, quien en el año 490 a.C. corrió desde Maratón hasta Atenas con el único fin de anunciar que se había ganado la batalla contra los persas. Entre ambas ciudades hay una distancia de unos cuarenta kilómetros. Por lo que nos preguntaremos por qué hoy en día es una competencia donde se recorren exactamente cuarenta y dos kilómetros con ciento noventa y cinco metros. Resulta que este detalle se lo debemos a la familia real británica ya que en los Juegos Olímpicos de 1908 que se celebraron en Londres, el príncipe Jorge quería ver la salida de la prueba cómodamente desde casa, así que se modificó el recorrido para situar la salida en el Castillo de Windsor y la meta en el estadio olímpico y esa era la distancia entre el punto de salida y la meta. Desde entonces, los maratones la recorren así. Hay que decir que los orígenes del atletismo moderno, como el de casi todos los deportes, está en Inglaterra. La inmensa mayoría de las pruebas actuales fueron creadas por los estudiantes universitarios ingleses: el salto de longitud, el triple salto, las pruebas de vallas y las de obstáculos, entre otras. También establecieron las distancias para las distintas modalidades de carreras.

 

Regresando a la historia antigua, tenemos que los Celtas, fundaron los Lugnas Games, más tarde llamados Tailteann Games, estos tuvieron su origen en fiestas locales. De acuerdo con el Antiguo Libro de Leinster, escrito hacia el año 1150 a.C., se celebraron por vez primera el año 829 a.C. El programa de pruebas atléticas incluía salto de altura, salto con pértiga, lanzamiento de piedra y lanzamiento de jabalina. Se celebraban cada año en el mes de agosto. Con el paso del tiempo perdieron importancia y continuidad, pero de una forma u otra, sobrevivieron hasta el siglo XIV. Informes de estas competencias llegaron también a través de las antiguas sagas irlandesas. En la transición de la Edad Antigua a la Edad Media, se desarrollaron nuevas corrientes culturales y religiosas que contribuyeron a restar importancia a los ejercicios atléticos. Sin embargo, en el continente europeo el deporte sobrevivió gracias a los torneos caballerescos o militares y a deportes atléticos de unas características no muy alejadas de las que dominan en nuestros días, comenzaron a desarrollarse en las islas Británicas. En el siglo XII la ciudad de Londres podía alardear de varios terrenos atléticos donde personas de diferentes clases ponían a prueba su destreza física en pruebas de carrera, salto y lanzamiento. En Escocia, estos ejercicios atléticos desempeñaron un papel importante en las fiestas populares, que hasta cierto punto han perdurado hasta nuestros días, especialmente las pruebas de pesos.

 

Ya en el siglo XVI, los sirvientes llamados footmen corrían delante o al lado de los carruajes para evitar que se ladearan peligrosamente y para guiar a las caballerías. De ahí surgió la idea de algunos señores de hacer competir a estos sirvientes en las más formales. Los primeros footmen competían en carreras muy largas: así, se conoce que en tiempos de Isabel I, un irlandés llamado Langhan, corrió 148 millas en 42 horas para recoger una medicina para Lady Berkeley, hazaña por la cual recibiría un nuevo vestuario como premio. Poco después, algunos señores acaudalados hicieron competir a sus footmen en carreras de hasta más de diez millas. Las carreras se extienden poco a poco a otras clases sociales, y así, algunos caballeros sin recursos, recurrieron a este tipo de pruebas para llamar la atención de los grandes señores. Es el caso de Robert Carey, quien hizo un recorrido de doce días a pie, por lo que recibió la cantidad dos mil libras esterlinas. Incluso existen referencias de que el propio rey Carlos II practicaba a veces la marcha rápida por puro placer. A finales del siglo XVII se establece la distinción clara entre las carreras y la marcha. En 1670, un tal Digby que traía un taparrabos de lino pierde por medio minuto una apuesta de cincuenta libras sobre una marcha de cinco millas que debía lograr en menos de una hora. En el evento estaban el Rey, la corte y gran número de personas. Poco después un hombre corre desnudo por Sr. James’Park, lo cual causa gran escándalo aun cuando la intención sólo era llevar el menor peso posible.

 

La primera competencia de saltos en el atletismo moderno fue en 1683, cuando Lord Dunblain es retado a lograr sesenta yardas en veinte saltos, lo cual logró con gran facilidad para el asombro de los asistentes. A mediados del siglo XVIII, aparece la figura del corredor o marchador gentleman, en clara contraposición a los corredores y marchadores provenientes de los estratos sociales más bajos. Estos competían sólo por fama o autosatisfacción. Es el caso de Thomas Carlisle, escritor y filósofo, que en 1740 establece la mejor marca en cuanto a distancia recorrida de diecisiete kilómetros con trescientos metros.

 

A mediados del siglo XIX se restauran las competiciones de atletismo. Las pruebas se convirtieron en el deporte favorito de los ingleses a tal grado que en 1834 un grupo de atletas acordaron los mínimos exigibles para competir en determinadas pruebas y se realizaron las primeras reuniones atléticas universitarias entre las universidades de Oxford y Cambridge (1864). Aumentó la actividad del atletismo en Europa y América hasta que en 1896, se iniciaron en Atenas, los Juegos Olímpicos de la era moderna. El más famoso andador de principios del siglo XIX es  Robert Barclay Allardyce de la nobleza escocesa que, en 1811, caminó ciento diez millas en 19 horas y veintisiete minutos en un parque lleno de barro o mil millas en 42 días en 1809, perdiendo 17 kilos en el intento. Por otra parte, su capacidad como velocista quedó también demostrada al realizar el cuarto de milla en 56 segundos. Con estas historias surge la figura del héroe deportivo, que ve sus proezas contadas en los periódicos y cobra honorarios por aparecer ante el público en las competencias.

 

A mediados del siglo se comienzan a diferenciar las pruebas que conformarán el atletismo moderno. De este modo, se fijan las carreras en 20 millas, una milla o cien yardas. Aquí es cuando comienzan las diferenciaciones entre velocistas y corredores de fondo. En lanzamientos, el peso de las piedras o troncos lanzados en los festivales folclóricos ya eran entre  las cinco y las cincuenta libras, peso que en Dublín, en 1857, se fijaría ya en dieciséis libras. Se introducen las pruebas de vallas altas y bajas, los saltos con y sin carrerilla. En estas fechas también se comienzan a dar a conocer los diferentes récords en las competencias. Es en el célebre College de Rugby donde se celebra la primera competencia de carrera a pie de una forma ya racional y organizada. Se trata de la Crick Run, creada en 1837, era reservada a los alumnos mayores de 17 años, ha permanecido inalterada hasta nuestros días, siendo la más antigua de las pruebas que se celebran en el atletismo moderno.