Vocación olvidada

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El trabajo docente solía ser un privilegio para las personas que lo ejercían; se trataba de hombres y mujeres dispuestos a entregarlo todo, con tal de hacer saber a sus alumnos que el conocimiento ofrece muchas bondades que, con el tiempo, resultan ser pilares en la construcción de un trayecto de vida positivo.

La sinergia que se construía entre cuerpos directivos, docentes y padres de familia, eran tan poderoso que muchas generaciones crecieron en armonía, con un catálogo de valores sólido y con la certeza de que la cultura del esfuerzo era suficiente para enfrentar los retos del entorno.

Hoy, con mucha tristeza, descubrimos que muchos docentes han dejado de ser apóstoles del aprendizaje y se han convertido en mercenarios de la educación; todo lo monetizan y no están dispuestos a ofrecer ni un segundo más de su tiempo, aunque eso signifique ayudar a quienes, en el papel, debieran ser lo más importante de su labor: sus alumnos.

En otras épocas –y no tan lejanas– era común ver a los profesores que, en momentos emblemáticos como navidad o el día del niño, de su bolsillo hacían un esfuerzo para compartir con sus educandos algún detalle especial, por supuesto que no se trata de regalar a cada niño un Rolex, pero se buscaba hacer algo por el otro, a manera de incentivo por el esfuerzo ofrecido. La mezquindad que hoy testimoniamos pinta a muchos claustros docentes de cuerpo completo, pues no existe la mínima voluntad por hacerlo; incluso hay quienes orondamente gritan a los cuatro vientos que no soy de hacer regalitos.

Hace apenas 15 años, el profesor estaba dispuesto a regalar un poco de su tiempo para ayudar a resarcir algún rezago de sus pequeños; si esto significaba tener que invertir algunas horas durante las tardes, se hacía con gusto y esmero porque el beneficio de hacerlo implicaba que algún estudiante tendría un beneficio tangible en su desarrollo. En muchos Colegios vemos que hay docentes que, en el momento que toca el timbre, se van dejando a sus tutelados a la buena de Dios.

Incluso en el lenguaje utilizado se han presentado transformaciones negativas; se pasó del amo a mi grupo, me encanta mi trabajo, ya quiero que sea mañana para convivir con mis peques al son un horror, no los tolero, no me pagan para estar educando a estos monstruos.

¿El compromiso docente está en crisis?, me parece que sí, que ese compromiso, esa vocación está siendo olvidada.

Esta actitud afecta a todos los niveles educativos, y es justo por esa postura incongruente que hoy tenemos profesionales sin vocación, sin compromiso y capaces de estar cambiando de trabajo en trabajo porque no quieren que nadie les hable feo.

Los docentes hemos dejado de enamorar a nuestros alumnos; nos rehusamos a predicar con el ejemplo y consideramos que la formación permanente y continua es una pérdida de tiempo.

¿En donde quedó el ejemplo de los grandes educadores?  Vygotsky, Montessori, Dewey, Locke, Rousseau, Piaget, Freire, Vasconcelos, Sierra.

Si los profesores no se comprometen pronto, iremos directo al precipicio.

horroreseducativos@hotmail.com