VOCES 8M

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El pasado 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. Un día en el que se recuerda que aún hay mucho que hacer en cuanto a derechos, oportunidades y justicia para las mujeres.

Ha sido característico que en este día, las mujeres salgan a las calles y plazas para gritar sus demandas y el dolor ante las injusticias y violencia que sufren ellas y miles de más a quienes en ese momento representan.

Las mujeres se han manifestado desde 1910 para exigir mejores condiciones y justicia, las formas en que se hacen escuchar son diversas; desde congresos, hasta pintas y marchas, ciertamente muy distintas a lo que vemos hoy.

Y aquí quisiera detenerme un poco porque últimamente las marchas o protestas de los últimos años se han tornado polémicas por el tono violento que han adquirido, mujeres destrozando vidrios, interviniendo, con pintas, paredes y monumentos históricos, fachadas de recintos religiosos o públicos, rompiendo lo que hay a su paso. Esto ha causado bastante indignación entre muchos ciudadanos que reprueban este tipo de acciones para las que no encuentran ningún tipo de justificación.

Ciertamente no hay justificación y tampoco la hay cuando una mujer es acosada en las calles, violada, torturada, asesinada, no hay justificación para destrozarle la vida a una mujer; y no se trata de ojo por ojo, porque si así fuera, nada de esto se equipara con el dolor y sufrimiento que padecen miles de mujeres.

También es importante señalar que todos los destrozos que dejan a su paso no duran ni 24 horas, al día siguiente poco queda de las huellas que dejan a su paso. Otra forma de aminorar e ignorar el llamado, el grito desesperado que hacen. Así como desaparecen los archivos de denuncias por violencia doméstica, homicidio, violación, de los casos de las desaparecidas.

Durante estos días estuvo circulando en redes sociales una imagen en la que una mujer de la tercera edad sostiene una cartulina con la leyenda: No era paz, era silencio, esto también es una respuesta a que antes las mujeres no protestaban con la misma intensidad  que ahora, porque antes no se sentían protegidas para levantar la voz, antes no les creían, antes a la mujer que se revelaba le iba mal.

Y no sólo la población en general se quejó de las protestas, el mismo presidente de México, se atrevió a insinuar que conservadores están detrás de las protestas, ¿en serio señor presidente? Reitero no sólo está presente la ignorancia y la violencia en sus discursos, y ya lo había mencionado en la columna pasada, que cada vez es más evidente su androcentrismo: que deja ver su personalidad violenta y narcisista.

Curiosamente jamás se quejó de los estragos que causaron las múltiples protestas que orquestó cuando era candidato en otros tiempos y opositor del gobierno en turno, pero de eso ya no se acuerda ni se acuerdan también.

Pero no se preocupen... las mujeres viven con frecuencia la experiencia de no encajar en el esquema de pensamiento de su familia o de la sociedad. En tal caso, a menudo se las tacha de histéricas o de complicadas. Se requiere de confianza en una misma para ser fiel a la propia peculiaridad, aun cuando el entorno te considere rara.  Linda Jarosch.

Así vamos por la vida, tratando, luchando por, si no encajar, de vivir, y en otros casos, de sobrevivir a la violencia que nos bombardea, que nos persigue, que nos hostiga, que nos mata.

Históricamente las mujeres hemos tenido que padecer estos señalamientos, de histéricas, locas, complicadas, poderosas, malsanas, malvadas; cuántas mujeres tuvieron que morir ante el miedo, terror que despertaron en aquellos que las condenaron a la muerte, al exilio, al silencio y que hoy muchas de ellas son las mártires del feminismo.

Y no sólo lo dice Simone de Beauvoir al explicar que nadie es más arrogante hacia las mujeres, más agresivo o desdeñoso, que el hombre que se preocupa por su virilidad; el mismo  Sigmund Freud habla del miedo del varón a la mujer. Del miedo del varón a ser devorado por la mujer. Y que la reacción típica del varón es echar, sin más, a la mujer.

Querido y aguzado lector, no se trata de una guerra de sexos, no se trata de desdeñar o demeritar a nadie; todos somos valiosos e importantes pero debemos reconocer que las estructuras sociales, las políticas y las expresiones sociales siguen estando condicionadas por la discriminación y la desigualdad que provienen de la diferenciación de géneros.

Y para ello, invito que demos un vistazo a las diferentes autoras y autores que abordan estos temas desde la academia como Judith Butler y desde la investigación de campo como Rita Segato, quien, por ejemplo, ha dicho que el feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos naturales.  Así que no se trata de enemistarnos, de atacarnos sino de buscar esa igualdad en términos de derechos y reconocimiento dentro de las estructuras que nos conforman como sociedad.

Termino con la frase de la narradora, dramaturga, ensayista filósofa y biógrafa Mary Shelley: no deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.

¡Vivas, Libres y sin Miedo!