¿Y los niños qué?

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“Lo que se dé a los niños, los niños darán a la sociedad”

Karl A. Menninger

 

En la actualidad mucho se habla de los efectos devastadores de la contingencia sanitaria, los medios informativos nos dan los elementos para “mantenernos al día” y a nivel global hemos observado como es que nuestra conducta habitual se ha visto diversificada, pretendiendo sanear los efectos destructores en la economía, la convivencia social, el desarrollo político y principalmente, en las relaciones humanas; no se puede negar que el mundo atraviesa por momentos álgidos, sin embargo; nuestra la lucha por la supervivencia y subsistencia es permanente y nos ha orillado a que nuestro modo de vida afecte el medio que habitamos.

Pues, a pesar de tener “dominio” sobre la naturaleza hemos demostrado que al ser humano le falta dominarse a sí mismo y esto acarrea una gran responsabilidad pues no solamente es un adulto o un joven; el ser humano también es la niña, el niño, el adolescente, la persona de la tercera edad e incluso los infantes en etapa de lactancia; ante ello, tenemos un gran dilema: ¿cómo defender a la sociedad de la propia sociedad? ¿cómo hacer que nuestra subsistencia sea más armónica?

A nivel universal, se están viviendo momentos decisivos que marcarán el destino de la humanidad, confusamente poco se posa la vista sobre un sector tan vulnerable como son los niños, el caso de Haití y su terremoto es un ejemplo pues, las terribles imágenes que se pueden observar en medios informativos o en redes sociales nos permiten apreciar el grado de gravidez que vive ese país hermano; pero resalta cómo sufren los niños a causa de estas contingencias ambientales y la desventaja física, económica y social de este pequeño sector de la población. Si un adulto está expuesto al peligro de un desastre natural, los niños a pesar de tener una familia estable son un extracto social que debemos preservar y proteger; lo mismo pasa con la irrupción de los talibanes en Afganistán, pues ante la salida estrepitosa de varios ciudadanos de ese país al extranjero observamos las caras de preocupación y miedo de muchos infantes que quedarán huérfanos, en algunos casos desamparados o a la expectativa de una vida que de por sí ha sido complicada a nivel histórico; hoy más que nunca vemos la necesidad de brindar ayuda humanitaria a la sociedad que vive esta situación político-social, necesitamos ejecutar acciones coordinadas que representen la protección de los menores ante una contingencia de carácter sanitario o bien una contingencia de carácter social y político que sin duda pone en riesgo a la humanidad.

La lucha por el poder, las comodidades y los beneficios individuales por encima de los comunitarios, nos hace entender que debemos voltear los ojos más allá de lo que tenemos enfrente; para la reflexión que nos ocupa, debemos pensar un poco más en el mundo en el que actualmente viven las niñas, niños y adolescentes, quienes desproporcionadamente quedan vulnerables ante una situación que la humanidad no ha podido controlar.

Evidentemente, la pandemia surgida a raíz de la propagación del virus SAR-CoV2 nos ha hecho reflexionar sobre nuestra naturaleza humana y particularmente, sobre sectores de la sociedad que siguen siendo vulnerables y cuya condición está siendo drásticamente afectada, entre ellos: niñas, niños y adolescentes que quedan propensos a la decisión de un adulto o de su propia suerte, en el caso de los que desafortunadamente viven en las calles, respecto a cómo afrontar la pandemia, como procurarse y educarse para vivir con la contingencia sanitaria, que especialistas afirman se convertirá en endemia.

Hay decisiones que quedan al arbitrio de unos cuantos, como lo es el posible regreso presencial a clases y las consecuencias que con ello se acarrearía. Hay quien dice que es necesario que los niños, niñas y adolescentes regresen a clases presenciales con el ánimo de no seguir afectando su educación emocional y en su caso, empezar a re-direccionar los malos hábitos adquiridos en el confinamiento; lo que no hemos pensado es que la falta de educación en materia de salud, puede generar terribles consecuencias a nuestro entorno social, por ejemplo; aunque haya campañas publicistas que hablen de ello, no estamos correctamente adiestrados en higiene bucal, no estamos acostumbrados a un correcto y eficaz lavado de manos a pesar de que constantemente se difunden campañas en pro de esto, la higiene personal y los cuidados sanitarios correspondientes no son dimensionados de la misma manera y menos, de manera unificada por los tutores o padres de los menores; generando un reto para la educación pública.

Al margen de la estadística, los beneficios de una educación presencial y el debate del derecho humano a la salud como una responsabilidad del Gobierno y su corresponsabilidad social, así como el derecho a la preservación de la vida como un elemento insubstancial para toda la humanidad; no hemos entendido que nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás y viceversa, debe existir una convivencia armónica de mutuo respeto. ¿Qué pasará con aquellos pequeños que no tienen el acceso económico a un kit de salud y bienestar que les permita acudir presencialmente a clases? ¿Podrán seguir ejerciendo el derecho a una Educación a Distancia a través de plataformas digitales o tendrán que atrasar aún más su proceso educativo? Son estos los retos que enfrenta la sociedad mexicana y que dan origen al nombre de esta columna de análisis: ¿y los niños qué? ¿quién piensa en ellos? ¿quién les ha dado voz? se puede demostrar que la educación actual no ha traído consigo el tan anhelado despertar de la mente en materia de conocimiento, pues aún existen muchas limitantes surgidas a raíz de la pandemia.

Si nos preocupamos por la presencia de los niños en la escuela, también habría que poner un poco de énfasis en la protección y salvaguarda de los pequeños en el hogar; pues los pequeños son más propensos a un descontrol en casa ya que en ocasiones los padres tienen que salir a trabajar,  no se cuentan con las herramientas tecnológicas necesarias para un aprendizaje a distancia, o bien; no se les pone la debida atención y seguimiento a los menores, por lo que  habría que preguntarnos ¿cómo se vive esta pandemia desde el punto de vista infantil?

Con bastante preocupación vemos en los medios informativos a nivel nacional que las cifras de contagio por el COVID-19 se han incrementado, pero es alarmante que muchos de los contagiados en esta tercera oleada de contagio sanitario son jóvenes, niñas y niños; sabemos que en materia de salud se preserva la vida de todos, sin embargo; la gran pregunta es ¿cómo proteger a los niños ante un virus que no distingue raza, color, edad, género, nacionalidad o posición socioeconómica? ¿qué medidas debemos tomar para evitar la propagación de un virus que está azotando a la humanidad en su conjunto? ¿cuáles son las medidas más efectivas para que los niños no sigan siendo arriesgados a un contagio, si aún no se cuenta con la vacuna que pueda respaldar y dar cierta tranquilidad a los padres de familia respecto a los niños.

Por eso, es necesario evidenciar que este sector de la población: niñas, niños y adolescentes debe de ser escuchado, protegido y preservado, buscando que su dignidad como seres humanos sea reconocida, desarrollando políticas públicas acordes a sus necesidades y protección; hagamos efectivos los mecanismos legales, institucionales y sociales que nos permita una férrea defensa de sus derechos y sus intereses, dejemos de minimizar sus necesidades y hagamos lo propio para que tengan un desarrollo equilibrado, una vida armónica y se les preserve el derecho a un futuro estable y sobre todo, a una vida digna. Hagamos efectivo el viejo apotegma de que: a los niños se les da y ellos regresarán a la sociedad aquello que reciben; porque si se piensa que hoy, el niño es el futuro de la humanidad, sabremos que sobre sus manos está tambaleando el presente de sus contemporáneos.