ZARCO, EJEMPLAR CIUDADANO

Views: 829

Un escritor del siglo XIX, Francisco Zarco, uno del siglo XX, Ramón López Velarde. Es correcto que los buenos periodistas vean en Francisco Zarco el ejemplo del hombre que tuvo por vocación el trabajo de periodista y que lo llevó hasta sus últimas consecuencias. La década de gran producción literaria se destaca en los años cincuenta del siglo XIX. Así la vida de obra en obra lo fue para este ciudadano que era del naciente país, pero conformaba la personalidad, aún vigente, de lo que debe ser el mexicano moderno que da ejemplo a sus conciudadanos de vida civil, respetuoso de las normas hombre ético y moral que utiliza su cultura para conformar un perfil que hoy admiramos cada día más, ante los malos ejemplos que por doquier se aparecen en la vida del siglo XXI, dos siglos después para avergonzar a sus familiares, a su sociedad y así mismos. En el libro titulado Castillos en el Aire y otros escritos mordaces, publicado por Fontamara en la ciudad de México leo: …Es una selección de artículos publicados por Francisco Zarco —bajo el seudónimo de “Fortún”— en la revista La Ilustración Mexicana (1851-1853), calificada por él como “de ciencias, de artes, de literatura y hasta de modas”. 

Promete desde la primera colaboración, que en este semanario no escribirá nada referente a política para no fastidiar al público, que ya bastante tiene con los problemas que aquejan al país. Sin embargo, en sus textos se pueden percibir los ideales y los programas de reestructuración de la República. Zarco, como diputado por uno de los distritos de Durango en el Congreso Extraordinario Constituyente, pudo hacer realidad sus Castillos en el aire: su deseo de justicia, paz y orden se concretan en la Constitución de 1857. Pocas palabras para decir lo mucho que cuenta este mexicano que sí surge de lo más profundo de los ideales de una patria independiente y justa, como lo desearon aquellos que ofrendaron su vida por alcanzar la Independencia del reino de España en el año de 1821. Francisco Zarco es un ciudadano parecido a José María Heredia y Heredia, el poeta y libertario cubano-mexicano, que murió en la desesperanza de no ver a su patria libre y al pueblo que le recibió con tan altos honores, y al cual ve en las décadas de 1820 al 1839, cuando fallece a la edad de 35 años y unos meses más. Dos periodistas, dos hombres de cultura que son editores, políticos, escritores en la prensa y en sus obras ya de poesía en el cubano o de excelentes artículos en el mexicano. De la biografía de Zarco se dice: … nació en Durango el 4 de diciembre de 1829, meses después la familia Zarco se trasladó a la ciudad de México. A pesar de que estudió dos años en el Colegio de Minas, y se dice que llevó algunos cursos de Derecho, Zarco fue fundamentalmente autodidacta, su memoria notable le permitió aprender inglés, francés e italiano y manejó un sistema propio de taquigrafía

Zarco es de los personajes que pueden estar sentados en el Olimpo de los mejores hombres y mujeres dados por la humanidad a lo largo de miles de años. Y si no es citado en muchos espacios de la vida cultural mexicana es por la ignorancia de que estamos investidos. Para vergüenza nuestra, en un mundo donde la educación parece que se ha dado, y resulta que sólo fue por encimita. Por encimita conocemos la vida de los grandes periodistas de este México independiente. Por encimita conocemos la vida de Alfonso Reyes y Octavio Paz. Igual sucede al hablar de Carlos Fuentes o Jorge Ibargüengoitia. No se diga la existencia terrenal de Juan Rulfo o nuestros grandes poetas. Aún, para nuestra desgracia seguimos negándole al poeta y periodista Ramón López Velarde el que sea la voz de la patria: porque el vate de Jerez de Zacatecas, supo hablar y escribir en el lenguaje del México que nacía de la revolución de 1910, y no soportamos que no copiara al pie de la letra a escritores extranjeros, poniéndose a su servicio, en lugar de citar los hechos y las cosas más sentidas, como lo hizo, del lenguaje mexicano de su tiempo.

En las palabras de presentación que cito de inicio del libro se lee: Como periodista político y literario, como orador y desempeñando múltiples actividades en la administración pública, la figura de Zarco está íntimamente relacionada con los acontecimientos de la vida nacional que van de 1847 —santannismo, revolución de Ayutla, invasión francesa, segundo imperio y restauración de la república—. Es decir, en menos de un siglo fue un hombre de su siglo. Esto sólo sucede en la vida de los genios. Porque hay que insistir que vivió sólo cuarenta años. Mientras otros liberales rebasaron las seis décadas a él, igual que a muchos grandes de nuestra historia nacional le tocó vivir poco y hacer mucho. Sólo le faltaba vivir la tragedia de la dictadura porfiriana para haberlo vivido todo, habiendo nacido en 1829, de eso no hay que olvidarse. Habiendo sido un autodidacta al estilo de Sor Juana Inés de la Cruz. Son tan grandes los hombres y mujeres de la Reforma que no alcanzamos a comprender tan grande importancia no sólo para México, sino para la humanidad. El siguiente párrafo que leo dice: Su vasta producción, dispersa en los periódicos de la época, sólo ha sido recogida en parte. Zarco es conocido generalmente como autor de dos volúmenes de la Historia del Congreso Extraordinario Constituyente de 1856-1857, y aún no está suficientemente considerada su importante contribución a las letras nacionales por los artículos de costumbre, revistas teatrales y juicios críticos que publicó en órganos tales como Álbum Mexicano, El Demócrata, El siglo XIX, El presente amistoso, etcétera; sin contar los periódicos que fundó en sus frecuentes salidas de la capital hacia el interior, desde donde siguió defendiendo y promoviendo al gobierno liberal. 

De Zarco dijo Altamirano en su Oración fúnebre: Como político tiene el mérito de haber sido el misionero de mil y miles de ideas, esencialmente liberales y grandiosas, como literato fue el centro de unión y el patriarca de una familia de poetas y escritores que ha sido la honra de nuestra historia. Hablan de un joven de 40 años que ha fallecido. Y parece que hablan de un patriarca que a todos sobrepasó por sus obras. Y así es. El propio Guillermo Prieto ha de decir, cito la cuarta de forros del texto: En la velada pública celebrada por El liceo Hidalgo en 1874 para honrar la memoria de Francisco Zarco (1829-1869), Guillermo Prieto, hace esta evocación: “Zarco sentía poco y calculaba demasiado para pulsar la lira con éxito; aunque el divino atractivo de la poesía sonrió a su juventud, los ecos de su lira se apagaban y pasaron desapercibidos entre sus aspiraciones políticas”. 

Al pensar en ello, me doy cuenta que ni su propia generación logró ver en sus textos, que aparecían como artículos comunes, lo que hizo en prosa como poesía pura. Porque la poesía se escribe en todas las formas posibles, y no es sólo el soneto o el verso libre —como se conoce— lo que define a un poeta. Los párrafos en muchos sentidos son clara muestra de su vena poética. Y lo rebela como un poeta que habla a través del lenguaje que más siente el pueblo, porque es un observador nato que supo conocer su tiempo. Ser el alma de su tiempo, de eso no hay duda para comprender el porqué, al paso del tiempo más se engrandece la recuperación de su obra ya en 18 volúmenes. Dos hombres de su tiempo le dedican palabras: uno más juicioso, Altamirano, el otro, Prieto, siendo su amigo, desconoce la importancia de su obra, que es basta como ahora lo sabemos en el 2021. Comprueba con su ejemplo, como el periodismo puede alcanzar altos niveles literarios. El periodismo convertido en un excelente reportaje, en una entrevista rica en filones de oro para conocer al entrevistado, o en el texto, que siendo artículo —como en Francisco Zarco—, quien puede ser comparado con el escritor español, Francisco Umbral. Es posible escribir en hoja impresa y dejar en ella poesía: en forma de verso, o en el renglón que deslumbra y, que hacen viajar la imaginación como lo describe Zarco: En el paisaje del campo, o de la ciudad, cuando el cielo está diáfano y sereno, las nubes son el complemento de belleza del cuadro, son la última pincelada que perfecciona el efecto óptico de toda la naturaleza. Mucho hay que leerlo.