65 Año de Egresión de la ENEM Generación 58-60

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De los placeres más sensuales, afectivos, sentidos, tal vez la palabra que entra por el tímpano y llega al corazón sea el más original único e irrepetible. El pintar con la voz lo que le duele o alegra el alma, el escribir lo que le pasó a una ida, no tiene igual.

Y hoy cuando una salpicada de colores emocionales variados atropellan nuestros sentidos, la palabra, el pincel del corazón es quién ordena, dirige y me hace reír y llorar.

En estos 65 años conmemorativas, en el medio siglo de egresar de una Escuela Normal, nuestra alma mater pedagógica, la costumbre dicta que se inicie con palabras de júbilo por todavía ser y estar, que los sobrevivientes nos vanagloriemos de haber sorteado los aciagos avatares vivenciales y al final, nos alegramos de aquí estar.

Eso dicta una costumbre que hoy romperé recordando lo que ya se fue. Comenzaré diciendo lo mucho que duele la ausencia de las compañeras y compañeros que nos antecedieron en la despedida del vivir. Y que como quisiera que hoy estuvieran con nosotros en este 2025. Que la partida de las y los compañeros que no están, un poco de sangre del alma hace salir. Y que hoy, en este momento y ocasión los extrañamos y adonde estén les mando un papalote en forma de corazón diciéndoles que los queremos mucho y no los olvidamos.

Pero, ¿Qué creen? –les diría: como soldados después de una batalla– los pocos que quedamos, lo que queda del antiguo batallón normalista no estamos como cuando nos conocimos, tenemos varias cicatrices en el cuerpo y en el alma. Y ahora cuando nos vemos, comentamos casi secreteando la serie de males del cuerpo que hoy nos aquejan, o los del alma porque a veces duele más la tristeza de vivir. Sopesamos, sentimos, vivimos la realidad de la vida. Y así como en el aula llena de infantes tratamos de entender nosotros primero para luego explicar que los seres vivos nacen, se desarrollan, se reproducen y mueren, hoy, ahora, en la realidad, miramos que la regla tiene variantes: algunas, algunos, murieron prematuramente y en estas líneas a sus familiares les digo que, en nuestro recuerdo, aquí están.

Y así, aun no queriendo viene otra reflexión: tal vez esta sea la última reunión de una minoría unida, que será desunida, por la ley de la vida: cumpliremos el rito de acompañar en el más allá a los que hoy no están y dentro de 3 ó 5 años solo unas, unos tres, cuatro sobrevivientes estarán recordando que hace… 65 años fue la inolvidable ceremonia de egreso de la querida Normal del Estado.

Compañeros: una generación posterior a la nuestra, celebra a sus muertos, pasándoles lista en el panteón y luego en la Rotonda a los Maestros muertos, y una veladora se coloca en el filo del mausoleo. Y cuando hace un año hacia un viento frío, las llamas no se extinguieron por eso, en esta ocasión la luz que yo, nosotros, nuestra luz será saludarnos en la foto del pasado, diciéndoles a los que ya no pueden venir, que aquí están con nosotros, como siempre cantando las canciones de Los Panchos y los primeros éxitos de rock en español, solazándonos con la tele en blanco y negro, descubriendo el maravilloso mundo de enseñar, yendo a aquella lejana escuelita rural, o escuchando en nuestra querida escuela normal a nuestras queridas y queridos maestros al son de los tañidos de la Iglesia de la campana del Carmen.

Y así terminó la lágrima nostálgica y comienzo con la vida, con lo que fue y con lo que está, con lo que el viento no se llevó y con lo que quedó. Y si nacer es vivir, procedo a recordar:

Compañeros: a nosotros si queda decir que fuimos una generación sui géneris: cada curso lo hicimos en un plantel diferente y, además, inauguramos la sana costumbre de aumentar el número de alumnos, pues en primer grado ya hubo dos grupos.

Trabajamos y estudiamos. En la mañana labor, en la tarde clases: y había que tener clase y aguante: el difícil mundo rural: la vida real sin máscaras y después de medio comer y con tierra en los zapatos junto a la iglesia del Carmen primero y luego en la Escuela Justo Sierra, por la Merced, ver, oír, sentir, la cátedra impartida por inolvidables damas y caballeros andantes.

E inmediatamente el recuerdo de nuestras 3 casas: La Secundaria #1 Miguel Hidalgo, la primaria –nuevecita oliendo a pintura fresca– Adolfo Ruiz Cortines y como final la tradicional Justo Sierra y en cada una fueron años vividos con intensidad, recuerdos, aventuras, hallazgos.

Pero para mí y otros y otras más, se convirtió en lo más trascendente y virtual, pues el magisterio y la normal nos hicieron gentes: entes útiles en lo material y lo espiritual. Gentes en el ser y en la manera de ser: comenzamos a percibir el indispensable salario que mitigó el sustento alimentario y además nos dio hogar, ¿recuerdan? No pagaban en efectivo y con gusto nos bailoteaban en las manos los pesos, los billetes, los centavos con los que nos pagaban las primeras quincenas y servían para mitigar lo indispensable, puedo decir que ese salario fue el salvavidas de muchas familias.

Unas jovencitas pobres, unos paupérrimos adolescentes, a buena hora ya hacíamos cola afuera de la casa de Don Carlos Nava. Alejandrino Arce o el teniente Olascoaga… dinero querido que serviría para lo elemental, pues en muchos casos antes del magisterio, no había ni para lo indispensable.

Y vaya que la carrera de maestro -1958, 59, 60- no era apreciada, solicitada, prestigiada socialmente por la incipiente juventud rockera ¿De maestrito? mejor policía… y menos maestro rural, que fue el inicio de casi todos. Y como curiosidad el Club Deportivo Toluca ya jugaba en primera división profesional, en el antiguo Campo Patria.

Así fue: ir al campo, sentir en carne propia el latigazo de la pobreza y la marginación… sin leerlo en ningún libro vimos de golpe el verdadero rostro de México.

Y en la tarde, cómo bálsamo, siempre nuestra querida Escuela Normal, la #1 que tuvo como directores al Prof. Fernando Aguilar Vilchis y en la Ruiz y la Justo el maestro Agripín García Estrada. Y de maestros y maestras, una larga lista que estarán en un cuadro de honor que enumeraré.

Eutiquio Ávila, Laura Beatriz Benavides, Eudoxia Calderón, Luis Camarena González, Samuel Carbajal Ontiveros, Antonio Cisneros, Margarita Colín M., Delia Correa, María Elena Chávez Michel, Gabino Escalante, Angélica Fuentes de Espinoza, que recién se nos fue, Consuelo Garibay, Herminio González, Roberto Garcíamoreno, Germán Garcíamoreno, Enrique González Vargas, Arturo Jaimes, Juan Laredo García, Antonio León Cisneros, Domingo Monroy Medrano, Manuel Muñoz, Sixto Noguez, Moisés Ocádiz, Concepción Ortiz, Guillermo Ortega Valero, Jorge Pardiñas, Juan Pliego, Dolores Rodríguez, Alicia Romero Paredes, María de los Ángeles Romero, Edmundo Sánchez, Rodolfo Sánchez, Galdino Sánchez, Teresa Sánchez Trejo, Guillermo Servín Ménez, Ignacio Torres Olascoaga, Conrado Uria, Claudia Villafán, Noé Saldivar, Alfredo Ramírez Zapata… Y una disculpa si alguna o alguno se nos olvidó.