EL PERVERSO NARCISISTA
“Al triunfar el resentido lejos de curarse empeora. El triunfo es para él una consagración solemne de que estaba justificado su resentimiento y esta justificación aumenta la vieja acritud. De allí su violencia vengativa».
Gregorio Marañón TIBERIUS
El pasado 2 de septiembre, el mundo recordó el 79 aniversario del término de la Segunda Guerra Mundial, sin duda, un acontecimiento dantesco en la humanidad, que esperemos nunca se repita.
Cinco años después, en 1950, el psicoanalista francés Paul–Claude Racamier inventó el concepto de “perverso narcisista”, seguramente impactado, como muchos de sus colegas, por el daño causado a la humanidad por el tridente del demonio que incendió al mundo: Hitler, Stalin y Mussolini.
El científico de la mente explicó acerca de los perversos: “Son infiltrados que aprovechan cualquier excusa para atacar el placer de pensar y la capacidad de crear; en el perverso narcisista predominan la necesidad, la capacidad y el placer de protegerse de los conflictos internos, y particularmente del duelo, haciéndose valer en detrimento de un objeto manipulado como una herramienta y un contrapunto”.

Ese tridente del demonio, además de ser unos perfectos perversos narcisistas, dieron su mejor esfuerzo malévolo por volver loco al otro. Volver loco al otro forma parte del poder de cada uno: lograr que no pueda existir por sí mismo, ni pensar, ni sentir, ni desear acordándose de él mismo y de lo que le es propio.
Recordemos que esta tercia surgida de las entrañas del mal, Hitler, Stalin y Mussolini fueron líderes autoritarios y totalitarios que dejaron una profunda marca en la historia del siglo XX. Cada uno de ellos tuvo características distintivas que definieron su liderazgo, desde el nacionalismo y la brutalidad de Hitler, hasta la represión y ambición desmedida de Stalin, pasando por la exaltación del nacionalismo y la supresión de libertades individuales de Mussolini.
Los perversos narcisistas se caracterizan por ser individuos con una combinación de rasgos de personalidad narcisista y comportamientos perversos. El narcisismo es un trastorno de la personalidad en el cual la persona tiene una visión desmesuradamente positiva de sí misma, busca constantemente la admiración y la validación de los demás, y tiende a carecer de empatía hacia los sentimientos de los demás. Por otro lado, la perversidad se relaciona con la tendencia a actuar de manera maliciosa, manipuladora y sin escrúpulos.

Estos embajadores del mal, suelen ser personas encantadoras y carismáticas que pueden ser muy convincentes en sus argumentos y manipulaciones. Utilizan su encanto y habilidades sociales para seducir a otros y obtener lo que desean, ya sea poder, control o gratificación personal. No dudan en mentir, manipular o engañar para lograr sus objetivos, y suelen carecer de remordimiento o sentimientos de culpa por sus acciones.
Una de las características más preocupantes de los perversos narcisistas es su falta de empatía y su capacidad para lastimar a los demás sin sentir ningún tipo de remordimiento. Pueden ser crueles, despiadados y sádicos en su trato con los demás, utilizando a las personas como meros objetos para su propio beneficio. No les importa el sufrimiento que causan a los demás, siempre y cuando logren satisfacer sus propias necesidades y deseos.
Cada siglo, es cuidadosamente infiltrado por el mal a través de sus perversos narcisistas, por esos embajadores del mal, tridentes del demonio; que para desgracia de todos nosotros los mexicanos, tenemos uno destilando su veneno y a pesar de ello, estamos a punto de vaciar en la alcantarilla, el remedio para estos seres malévolos y me estoy refiriendo al Estado de Derecho.

Bajo el cuento de combatir la corrupción, cancelaron el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, tirando al caño millones de dólares producto del ahorro de todos los mexicanos, es la fecha, que no han acreditado esos supuestos actos ilícitos en el proyecto, ni mucho menos, han consignado a alguien. Ahora, traen el cuento de que, para erradicar la corrupción en el Poder Judicial, quienes impartan justicia, deben surgir de un proceso electoral en el que el pueblo decida. Ya basta de tonterías y de engañar al pueblo.
El hecho de que surjan de un supuesto proceso democrático en el que el pueblo decida, no los galvaniza ni mucho menos los recubre de teflón para garantizar su pulcritud en el ejercicio de la impartición de justicia, o acaso hoy en día desde el presidente de la República, pasando por gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales, síndicos y regidores, todos elegidos por el pueblo sabio, ¿nos garantizan su honestidad e integridad en el desempeño de su encargo?
Ha llegado el momento de aprovechar la frescura y la energía de nuestros jóvenes mexicanos para evitar que los perversos narcisistas sigan dinamitando a nuestro país y de paso, construyamos diques de sabiduría para que no siga creciendo la yerba mala encarnada por los nuevos Hitler, Stalin y Mussolini.

