SOBRE ADVERTENCIA… NO HAY ENGAÑO
«La primera ley de la economía es la escasez. La primera ley de la política es ignorar la primera ley de la economía.»
Thomas Sowell
LA CRISIS SOSLAYADA: Visualice a un padre de familia reuniendo a su esposa y a sus hijos en la sala para darles una noticia. Les explica que este año no habrá vacaciones porque el dinero ya no alcanza; que tendrán que cambiar a los niños a una escuela más barata; que no habrá ropa nueva más que la indispensable; que ya le dijeron que se vive solo con un par de zapatos; que el automóvil se vendió para pagar algunas deudas; que incluso tuvieron que regalar al perro porque ya no podían mantenerlo; que ya no tiene en la cartera los 200 pesos que “alcanzan para todo”.
Los hijos escuchan en silencio mientras la preocupación invade la casa. Entonces el padre sonríe y concluye, que no todo son malas noticias, a cambio del perro, “el vecino nos invitó a ver el Mundial y habrá pantalla gigante en la colonia”. Nadie duda de que el futbol puede ser una magnífica diversión, pero también queda claro que un partido no resuelve los problemas económicos de la familia, de muchas familias.
Algo parecido ocurre cuando una sociedad enfrenta desafíos profundos de crecimiento, empleo, inversión, deuda o seguridad, y al mismo tiempo se le invita a concentrar toda su atención en el espectáculo. El entretenimiento puede distraer durante noventa minutos; los problemas económicos suelen quedarse mucho más tiempo.
Un ama de casa, que sufre y piensa, nos comentó en redes sociales que esto es absurdo, y remató señalando que la selección puede ganar un partido, pero que la economía sigue teniendo que jugar el resto del campeonato.
ADVERTENCIAS CLARAS: El problema no es afirmar que México sea hoy Cuba, Venezuela, Nicaragua o Argentina, aunque lo parezca, El punto crítico es observar que algunas de las señales que precedieron las crisis de esos países aparecen una y otra vez en la evidencia económica y varias de ellas ya se manifiestan en México, aunque una mañana y otra se evaden olímpicamente.
La primera alerta es cuando el gobierno distribuye más recursos de los que la economía realmente genera. Los programas sociales pueden aliviar necesidades inmediatas, pero si no van acompañados por inversión productiva, competitividad y empleo formal, terminan dependiendo de ingresos fiscales cada vez más difíciles de sostener. Dornbusch y Edwards identificaron este patrón como una de las primeras etapas del llamado «populismo macroeconómico».
El segundo punto de alerta estriba en que ninguna economía ha logrado crecer sostenidamente sin inversión. Cuando predominan la incertidumbre jurídica, los cambios regulatorios frecuentes, la confrontación perversa con sectores productivos, o la inseguridad, la inversión se desacelera, disminuye y huye del entorno tenebroso que se avizora y que puede empeorar si se da al traste, como parece, con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.
Venezuela vivió precisamente un proceso de deterioro de la inversión privada y de la productividad antes de la gran crisis económica.
Tercera advertencia viva. México tiene más de la mitad de su población ocupada en actividades informales, lo que permite que el desempleo abierto parezca bajo, pero también significa menor productividad, menor recaudación, menor acceso a pensiones, menor protección social. Señalamos la semana pasada que la informalidad puede ocultar problemas laborales durante años, pero no los resuelve.
La cuarta señal roja la da la creciente dependencia creciente de ingresos externos. En Venezuela fue el petróleo, En Cuba las transferencias externas y el turismo, En Nicaragua las remesas. En México, las remesas ya representan alrededor del 4% del PIB y sostienen millones de hogares.
Las remesas son una bendición para las familias, pero una economía no debería depender estructuralmente de los ingresos generados fuera de su territorio. Esa dependencia vuelve vulnerable al país ante decisiones externas. Y aquí nos encontramos, precisa y, al parecer, inexorablemente.
Una quinta señal, incluso para el lego en economía, la da la creciente deuda como sustituto del desarrollo que debiera provocar, Argentina ofrece quizás la advertencia más clara, durante décadas acumuló déficits fiscales, deuda e inflación, mientras intentaba sostener niveles de gasto incompatibles con el crecimiento económico real. La OCDE y diversos análisis atribuyen buena parte de la inestabilidad argentina a desequilibrios fiscales persistentes.
Ahora, en México, es evidente que la deuda pública está financiando inversión productiva o incluso gasto corriente, uso excesivo de la tarjeta de crédito que se usa para gasto y no para inversión productiva.
Una sexta advertencia, quizá la advertencia más peligrosa es el ocultamiento de la realidad y su oprobioso destino, hablamos del maquillaje estadístico. Cuando los gobiernos comienzan a utilizar los indicadores con fórmulas ininteligibles o con frases rebuscadas y dejan de observar la realidad (no “se descarriló el tren”, solo “interrumpió su circulación con un ligero deslizamiento”).
La pobreza puede disminuir estadísticamente y el desempleo puede parecer bajo, pero en realidad, con cifras duras incluso en las cifras oficiales, la clase media pierde poder adquisitivo, la informalidad supera el 55%, la pobreza laboral permanece elevada, y la economía, dígase lo que se diga, permanece estancada. Las cifras manipuladas describen una realidad incompleta.
DE FONDO
No se quiere reconocer que la historia económica latinoamericana está llena de gobiernos que confundieron popularidad con prosperidad. Al principio aumenta el gasto, mejoran algunos indicadores y crece la aprobación a base de dádivas y acarreos. Ningún país en el mundo sostiene a “jóvenes” que ni estudian ni trabajan en lugar de orientarlos a actividades productivas.
Cuando la crisis, o el destino que se avizora, alcanzan a una economía deformada y además agredida por el crimen y la inseguridad, tenemos menor inversión, menor productividad, más deuda y menos crecimiento.
Y finalmente llega la factura. La deuda se vuelve impagable, terminan los programas sociales, se polariza a la población entre “buenos y malos” y se genera una dictadura que puede durar 4 años (Argentina), 33 años (Venezuela) o una eternidad (Cuba), ninguna desarrolló mejores niveles de vida, ninguna reconoció su fracaso, todas dividieron a la población.
DE FORMA
La historia económica tiene una virtud extraordinaria: siempre avisa antes de castigar. Los países rara vez colapsan por sorpresa, antes del derrumbe suelen acumular años de advertencias ignoradas, ningún país puede repartir riqueza de manera permanente si antes no la produce.
DEFORME
Imagine el amable lector a un médico que le dice a su paciente que tiene hipertensión, diabetes, colesterol elevado y problemas cardíacos y el paciente responde. Sí doctor, pero mi termómetro dice que no tengo fiebre, déjeme ver tranquilo el mundial…

