Vidas falaces
El fenómeno de predicar una cosa y hacer otra, es una de las contradicciones más comunes y perjudiciales en la vida cotidiana. Es fácil adoptar una postura moral o ética y proclamar principios elevados, pero ponerlos en práctica requiere un esfuerzo constante y genuino. Esta disonancia entre lo que decimos y lo que hacemos puede erosionar la confianza y el respeto que los demás tienen hacia nosotros; probablemente logremos engañar a muchos, pero jamás a nosotros mismos.
En practicamente todos los ámbitos encontramos ejemplos de gente así; el caso de Bill Cosby, comediante norteamericano, quien frente a las cámaras era un tipo agradable, sencillo y amable, pero que en la realidad era un adicto y abusaador, o que decir de Marcial Maciel, quien siendo representante de Dios en público, en lo obscurito era el más grande de los pecadores. Gente que finge con acciones, con libros, con arte, con obras altruistas, ser buena cuando en realidad no lo es.
Por otra parte, hay quienes se la viven culpando al mundo de sus desgracias; quejarnos por aquello que nosotros no cumplimos es un claro ejemplo de hipocresía. Verbigracia, es común escuchar a alguien criticar la falta de puntualidad en los demás mientras ellos mismos llegan tarde con frecuencia. Esta actitud no solo refleja una falta de integridad, sino que también crea un ambiente en el que las palabras se convierten en meras formalidades sin sustancia y acaban por ser tremendamente molestas.
Hablar desde la teoría sin ofrecer un ejemplo concreto es otra forma de desviar la responsabilidad; la teoría, aunque valiosa, necesita ser respaldada por la práctica. De nada sirve enseñar sobre la importancia de la honestidad o la responsabilidad si nuestras acciones no están alineadas con estos valores. La coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos es esencial para inspirar y motivar a los demás.
Como entes supuestamente pensantes, debemos encontrar rutas para actuar de manera armónica, congruente y sin fastidiar al de enfrente; ¿por qué es tan complejo buscar llevar una vida positiva?
Somos expertos en buscar la paja en el ojo ajeno, cuando nosotros mismos tenemos una viga de tres toneladas nublando nuestra visión; nos gusta hablar del otro sin respetar su libre albedrio y su toma de decisiones en la vida.
Finalmente, esperar a que todo te lo solucionen refleja una falta de iniciativa y responsabilidad personal. Es fundamental reconocer que, aunque el apoyo y la ayuda de otros son valiosos, también debemos tomar la iniciativa y asumir nuestra parte en la resolución de problemas; la dependencia excesiva de los demás para resolver nuestros problemas no sólo es injusta para ellos, sino que también nos lleva a la tan odiosa zona de confort, dañina desde toda óptica.
Si en la vida aspiramos a ser verdaderos líderes y modelos a seguir, debemos asegurarnos de que nuestras acciones estén alineadas con nuestros principios y que nuestras expectativas sean justas y equilibradas. Sólo así podremos construir relaciones saludables y una comunidad más sólida y respetuosa.
Vivir significa tomar decisiones y asumir las consecuencias; Paulo Coelho.

