+ México en la Encrucijada: la Democracia o Seguir el Autoritarismo

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La frase:

Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería, esencialmente, un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.

ALDOUS HUXLEY

México en la Encrucijada: la Democracia o Seguir el Autoritarismo 

El primer minuto del mes de octubreMéxico inicia una nueva etapa en su historia moderna con el arranque del primer gobierno presidencial bajo el mando de una mujer, de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, en este caso, pero al mismo tiempo con la incertidumbre, para nuestra nación y para el mundo, de cómo la mandataria enfrentará la encrucijada de retomar la ruta democrática del nuevo siglo en el país, o darle continuidad al autoritarismo instaurado sorpresivamente por Andrés Manuel López Obrador, contrario a todas las expectativas democráticas que había despertado entre la sociedad y que fueron la base de su triunfo abrumador.

Para muchos mexicanos no hay duda de que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo seguirá al pie de la letra la polémica ruta autoritaria y centralista marcada por su antecesor Andrés Manuel López Obrador, precisamente por ser una cuidadosa hechura política del político tabasqueño, para seguir controlando los hilos del poder a control remoto, tras haber armado un cuidadoso e incondicional andamiaje en la estructura partidista de Morena, en el gabinete presidencial de Claudia Shiembaum Pardo, en el Congreso de la Unión, en el Poder Judicial, en los gobiernos de las entidades federativas, en los Congresos estatales, y hasta en los gobiernos municipales, de tal forma que todos los resortes respondan a la tarea heredada y no a la propuesta que pudiera hacer la nueva mandataria, con todo y mañanera.

Pero también hay quienes alientan la esperanza de que Claudia Sheinbaum Pardo asumirá en el corto plazo los controles plenos del mando presidencial para establecer no solo un estilo propio de gobernar, sino también una ruta democrática que aleje los temores del autoritarismo rancio que ha estado fracasando en América Latina con gobiernos autócratas y militaristas que empobrecen a los pueblos, los alejan de la cultura, el desarrollo, los derechos, las libertades, el progreso, el avance tecnológico y la investigación, al someterlos en una ideología de obediencia ciega que se traduce en enfermedad, muerte, violencia y esclavitud de todo tipo; y del que Andrés Manuel López Obrador pretendió abanderar en la región, y evidentemente fracasó al entrar en conflicto con sus socios comerciales de América del Norte por no respetar los acuerdos del Tratado Comercial y ligarse con los adversarios como China, Rusia, Cuba, Venezuela y Nicaragua; pero también por inmiscuirse en los asuntos internos de las naciones centroamericanas, del Caribe y del Cono Sur.

No hay duda de que resultó sólo un sueño guajiro, su aspiración a liderar desde México una América Latina fuerte y unida, ondeando la bandera del Acuerdo de Sao Paulo con naciones como Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Venezuela, Bolivia, Perú, Cuba, Nicaragua y Méxicopara enfrentar al imperio capitalista norteamericano y aliarse con el bloque socialista Chino-Ruso; pero con el paso del sexenio se fue derrumbando el espejismo con las derrotas políticas en Argentina, Perú, Bolivia, y las crisis en Rusia, Venezuela, Colombia, Chile, Cuba y Nicaragua, así como en la propia nación mexicana, a pesar del triunfo de la Cuarta Transformación.

Pero Andrés Manuel López Obrador es ya historia, y Claudia Sheinbaum Pardo apenas empezará a escribir su propia historia, y difícilmente querrá ser etiquetada como mero apéndice y correa de transmisión del poder tras el trono ejercido desde alguna hamaca en La Chingada.

Precisamente como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, fue que Claudia Sheinbaum Pardo generó grandes expectativas de una estadista progresista, al diseñar un gobierno de diálogo, de unidad, de participación, de libertades, de progreso y de desarrollo integral en la capital del país.

Sin embargo, pronto le cortaron las alas desde Palacio Nacional para imponerle hasta el color guinda morenista a su gobierno ciudadano, y de ahí en adelante le fueron marcando la pauta de la imposición, la obediencia incondicional y hasta la imitación de voz, gestos, muecas y berrinches del líder ensoberbecido de poder, perdiendo su frescura de gobernante progresista de la mano con la sociedad.

Quienes siguen alentando esperanzas de que Claudia Sheinbaum Pardo sabrá retomar su liderazgo de gobernante fresca, abierta, conciliadora, progresista, solidaria con la sociedad y abierta al desarrollo y a las ideas internacionalesconfían en la dirigente universitaria que soñaba y luchaba por la democracia, por el pluralismo político, por la libertad de prensa, por el respeto a las ideas, y compromiso de los gobiernos con la justicia, los derechos ciudadanos y el progreso social en todos los sectores de la comunidad.

Indudablemente le espera una tarea titánica, pero que podrá sortear si de inmediato define su estilo de gobierno alejado de la venganza, del odio, del pleito callejero con todo el que no esté de acuerdo con sus ideas; si lejos de imponer por la fuerza, dialoga, une y concilia para el trabajo conjunto de los sectores en su programa de gobierno; si se abre al mundo para aprovechar el desarrollo tecnológico, la investigación y el intercambio de cultura, educación y desarrollo; si nos vuelve a mostrar ese perfil de gobernante progresista que le valió reconocimiento y elogios dentro y fuera del país, en su primera etapa al frente del gobierno capitalino.

Claudia Sheinbaum Pardo no puede aceptar la herencia ni la carga belicista, militarista, represora y retrógrada de su antecesor, aliada con las peores fuerzas como el crimen, la milicia, la traición, la trampa y la venganza; porque tiene capacidad y convicción de ser una demócrata de avanzada, unida a las mejores fuerzas como la unidad, el trabajo colectivo, la participación plural y el trabajo en equipo, con toda la sociedad; bajo el soporte de la legalidad, la justicia, la democracia para atender las obligaciones básicas de los gobiernos: seguridad a las personas y a sus patrimonios, salud y educación de calidad, desarrollo y oportunidades de empleo digno, tal como lo espera México y América Latina, y eso lo tendremos que descubrir desde el histórico primer minuto del mes de octubre de este 2024, con la primera mujer Presidenta, ¿no le parece a usted, estimado lector