¿Cómo se mira un milagro?

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La sola pregunta rompe esquemas. ¿Qué se entiende por mirar?, ¿por qué deberíamos de adoptar una mirada singular para acercarnos a un milagro?, ¿acaso existen los milagros?, ¿qué es un milagro?, ¿acaso pueden decirnos algo trascendente sobre el mundo o sobre nosotros mismos? Personalmente, no tengo respuestas a todas estas preguntas, y creo que tenerlas sería cortar todo aquello que de maravilloso tiene adentrarse en ellas. Sin embargo, creo que esbozar unas ideas sobre la segunda y la última no es solo posible, sino importante para dar a nuestros mundos interiores una purga sana de intelectualismo con la que podamos hacer de nuestra sensibilidad una forma más de conocimiento, y así empezar a incluirla en el terreno de lo confiable para conocer el mundo.

Mirar o entender un milagro es algo imposible en el sentido más literal de ambos términos. Un milagro no se puede percibir con los ojos en su sentido más amplio y tampoco se puede entender porque su núcleo de sentido se resiste a lo que supone entender algo. Por lo mismo, ni se puede explicar ni se puede refutar. Ambas formas de acercarse a él son igualmente incapaces de capturar tanto su sentido como sus potencialidades en tanto que es un tipo de fenómeno que adviene en el terreno de lo real, pero que se escapa a todas nuestras formas comunes de capturar fenómenos. Lo que nos lleva a pensar que tras esto, puede existir una cierta dificultad para comprender este tipo de experiencias. 

Naturalmente que no se es culpable de pensar así por los sesgos culturales o personales que uno pudiera tener frente a esos asuntos. Pero, de lo que sí es uno perpetuamente responsable es de cambiar o no de opinión en un tipo de situaciones concretas. Me refiero a aquellas en las que, habiendo visto otro rostro, otro aspecto, la otra cara de algo, y habiendo sido eventualmente conmovido por este acceso a un sentido oculto de la cosa conocida, dejarse guiar o no por él. 

Con este acceso a sentidos ocultos de las cosas o de nuestras experiencias más cotidianas, quiero concentrarme en el hecho concreto de que, cuando algo en nuestro interior conecta con las intenciones del otro, o con las motivaciones que despiertan sus pasiones; se ha accedido a una forma de reconocimiento que va más allá del entendimiento de los criterios en base a los cuales la otra persona piensa. Pues es en ese momento tan específico donde cobra más sentido la idea de Wittgenstein, según la cual la línea entre ética y estética es tan borrosa, que en cierto sentido son lo mismo. Entonces, rechazar como intrascendente un sentido de algo al que se ha accedido por medio de una sensación personal, y relegarlo al terreno de lo irracional, pasa a ser, en el fondo, un asunto de caprichos más que de tener razones sólidas para rechazarlo.

Por su parte, explicar algo, tal y cómo entiendo el término aquí, es decir, en el contexto de referirnos a los fenómenos que escapan de la extensión que tienen nuestras formas clásicas de racionalidad, no puede ir más allá de reducir el contenido de algo a unos criterios predeterminados para hacer más entendible algo a lo que nos queremos acercar, pero que no por ello logra penetrar en el sentido de todas las experiencias a las que se acerca. Explicar un milagro…, no suena algo parecido como ¿asustar a un fantasma? ¿Esto no suena, digamos, a algo parecido a cortar el sentido de algo por acercarse de una manera que no se ajusta a su naturaleza más propia? ¿No podemos ver en estas pretensiones un cierto afán de dominio de aquello que se caracteriza por ser maravilloso?

Es en este sentido que creo que se puede empezar a comprender lo que quiere decir mirar un milagro, y a la vez, que uno de los principales compromisos éticos que debemos adoptar para tomarnos en serio la comprensión de este tipo de fenómenos, que nos impactan de maneras no convencionales pero que finalmente tienen serísimos ápices de lucidez, pasa por separarse de toda aquella serie de actitudes intelectuales a las que confiamos la nitidez de las cosas que captamos como las explicaciones, demostraciones, refutaciones, justificaciones o verificaciones. Y a la vez, que se puede empezar una suerte de camino hacia no la claridad o certeza sino hacia una sensibilización de nuestra mirada ante sucesos y manifestaciones del espíritu humano como los milagros.

Sobre el asunto, seguimos la próxima semana.